BATMAN VUELVE (Batman Returns, 1992)  
Ficha
Sumario
Por Emilio Martínez-Borso
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2004

Superfreaks

El menosprecio que suelen tener habitualmente las adaptaciones de lo héroes de los cómics por parte de aquellos que o no les gustan los cómics o las consideran operaciones demasiado comerciales para intentar proponer alguna idea o algún tema que subyazca por debajo de la capa o traje del protagonista, cuando en algunos casos las adaptaciones están muy trabajadas intentando ofrecer una visión, una atmósfera y por encima de ello un personaje que el público pueda entender, por supuesto sin dejar de lado la espectacularidad que supone el hecho que siempre este tipo de productos suelen ser por norma obligada superproducciones destinadas a arrasar el mercado mundial durante el año en que se estrenan, y si puede ser redondearlo con camisetas, gorras, publicidad a mansalva y demás campañas comerciales que ayuden a rentabilizar el producto y creen un mayor interés por el superhéroe en cuestión.

Dejando a un lado todo lo expuesto y centrándonos en lo puramente cinematográfico, las adaptaciones (de comics claro, no voy a entrar en videojuegos, libros, juegos de rol...etc) se pueden clasificar en dos tipos. Aquellas que en efecto solamente están destinadas a ganar cuanto más dinero mejor y son aquellas que se olvidan con mayor facilidad; producto de una estación puntera de competencia cinematográfica, acabada la cual son condenadas al más puro ostracismo, lugar que les corresponde por derecho propio. Un claro ejemplo de ello son las dos últimas entregas de Batman dirigidas por Joel Schumacher o las tres últimas entregas de la saga de Superman bajo la batuta de Richard Lester.

Contrariamente existen aquellas películas que además de contener grandes secuencias de acción, se preocupan por mostrar un poco (las hay con mayor o menor acierto todo hay que decirlo) la personalidad del protagonista/s, sus motivaciones, sus frustraciones etc....son aquellas que el gran público define como: Lentas. Lentas sí, e incompletas también, pero por una cuestión lógica, no se puede describir lo que se ha venido haciendo a través de cientos de números de comics en dos horas de metraje, por eso algunas carecen de síntesis u otras abusan de ello. El equilibrio entre ambos extremos es harto difícil y solo algunos se salvan, eso sí teniendo que pasar por la censura que supone el añadir un barniz de explosiones, peleas, conflictos amorosos y demás que empuje a la masa a ir al cine. En este último grupo podríamos englobar el Hulk (The Hulk, 2003) de Ang Lee, el primer Superman (Superman, the movie, 1978), de Richard Donner o incluso el Spiderman (Ídem, 2002) de Raimi.

Tim Burton es la excepción que confirma la regla. Siendo honestos, sus dos incursiones en el particular mundo del hombre murciélago han sido las mejores adaptaciones y las más conseguidas. Ello es debido a la identificación entre director-personaje. El personaje de Batman es sin duda uno de los más oscuros, complejos y ricos que jamás han salido de la pluma de un dibujante. Su adaptación era también la más difícil puesto que mientras que los demás héroes se mueven en un mundo de colorido sin igual, Batman actúa entre sombras, su hogar es una cueva y la noche su aliado. La atmósfera es excesivamente gótica y barroca al mismo tiempo y su personalidad sin duda alguna se asemeja más a un personaje de novela romántica, continuamente atormentado sin redención posible, avasallado por la duda y la culpabilidad llegando incluso a identificarse con algunos de sus enemigos de los cuales tan sólo le separa su condición de actuar al lado correcto de la ley, pero muchas veces corrompiéndola para conseguir sus objetivos.

De este modo, la implicación de Burton en el mundo propio de Bruce Wayne no es casual. Pocos directores podrían haber sido igual de capaces de trasladar con tanta fidelidad las constantes necesarias para que el producto no naufragara convirtiéndose en un desfiles de caras, disfraces y piruetas sin igual tal como le pasó a Joel Schumacher en las siguientes entregas, más preocupado en mostrar los músculos y pezones del héroe que en indagar en la contradicción y la personalidad que se esconde bajo la máscara. Si en la primera entrega de la serie, la película sorprendió por su dureza y por lo directo de su propuesta así mismo por un estilo demasiado gótico comparándola con otras adaptaciones de comics, en la segunda entrega Burton va más allá consiguiendo un resultado más estimulante y satisfactorio.

Batman Vuelve partía con la ventaja que al ser una secuela su principal protagonista ya había sido presentado del mismo modo que el mundo en el que vive lo que permitía una mayor exploración de temas, situaciones y conflictos nuevos que en la anterior no tuvieron cabida (esa es la razón por ejemplo que secuelas como la de X-Men (Ídem, 2001) sea superior a la primera entrega o Spiderman 2 (Ídem, 2004) de inminente estreno apunte más alto que la primera parte estrenada hace un par de años), y Burton se despacha a gusto en lo que es sin duda alguna una profundización exhaustiva de lo que significa un héroe a contracorriente. Y es que normalmente un héroe tras acabar una primera aventura es consciente de su condición aceptándola y conviviendo con ella a gusto. Batman sigue siendo aquí un héroe bajo obligación teniéndose que enfrentar a enemigos a los que en numerosas ocasiones comprende y respeta (como el Pingüino de la película en cuestión) y Burton lo empareja con una galería de personajes que siendo los antagonistas son tremendamente cercanos a él. De éste modo nos presenta al mejor villano de toda la saga, Oswald Coberppot, el Pingüino. Un personaje que Burton transforma desde el cómic para llevarlo a su propio terreno convirtiéndolo en uno de sus muchos marginados que pueblan su mundo como Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, 1990), Ed Wood (Ídem, 1994) o el propio Batman.

El cineasta nos hace una disección tanto de Coberppot como de Selna Kyle, Catwoman, personajes maltratados por al vida, fracasados sin remisión a los que las circunstancias obligan a enfrentarse a la ley, que impide el rechazo hacia ellos...y hacia el propio Batman. En una de las mejores secuencias de la película, Batman rechaza enfrentarse a Catwoman porque la conoce y la entiende. Las ajustadas interpretaciones de Danny De Vito y una sensualísima Michelle Pfeiffer encauzadas bajo la directriz de Burton se asemejan más a las de un niño pequeño que juega en un mundo que no es el suyo que a un supervillano con ansias de dominar el mundo. Tanto es así que incluso los propios Coberppot y Kyle son engañados por el verdadero villano de la función, Max Shreck (Nombre muy curioso para un villano de película no creen?) un enorme Christopher Walken que siendo el único "humano" (Sin poderes, disfraces...etc) ejemplifica la maldad del mundo donde la gente distinta no tiene cabida, tal y como ocurre en a filmografía del cineasta. Además Burton se preocupa en acercar a dos almas solitarias pero necesarias la una de la otra como son Batman y Catwoman para luego caprichos del destino separarlas de nuevo como la pareja formada por Mark Wahlberg y Helena Bonham-Carter en El Planeta de los simios (Planet of the Apes, 2001).

Mención aparte merecen las cuidadas actuaciones de todo el reparto. A las ya comentadas soberbias interpretaciones de DeVito y Pfeiffer, añadir la (como siempre) excelente interpretación de Christopher Walken y sobretodo de Michael Keaton, actor criticado en su día y cuya elección para la primera película sorprendió, pero que entiende perfectamente a su personaje basando su actuación en los silencios y sobretodo en la mirada perdida y la trabajada inexpresividad otorgando al personaje ese halo de fantasma condenado que deambula por la noche arrastrando su condena sin remisión alguna convirtiéndose desde el primer momento y al igual que ocurrió con Sean Connery y su papel de 007, en el mejor Batman que ha pisado la pantalla, mucho más adecuado que el soso Val Kilmer o el seductor Clooney.

A pesar de contar con bastantes defectos sobretodo en lo que a guión se refiere y concesiones de cara a la galería al tratarse de una película destinada al gran público, Burton se aprovecha del presupuesto (como director astuto que es) para dar rienda suelta a todo su universo visual particular donde vuelven a dominar las campanas, las sombras, la dirección artística de Bo Welch marcadamente barroca, la fotografía firmada por Setfan Czapsky que utiliza más la sombra que la luz, la niebla y el humo acentuando la fantasía adornando todo ello con la siniestra partitura de Danny Elfmann que tras la primera entrega parece haber comprendido también al personaje y aquí se preocupa en crear melodías nuevas que, más que acompañen al personaje lo definan. Fruto de la colaboración entre cineasta y músico quedan secuencias tan bien rodadas y logradas como la introducción donde se presenta el nacimiento del Pingüino, un ejemplo de cine mudo cuya música y la utilización del atrezzo la horrenda cuna negra, y el color (el blanco reluciente de la nieve) le otorgan una semejanza más propia del cine de terror tan del gusto de Burton que de superproducción veraniega. Merece ser destacada también la secuencia de la fiesta de disfraces donde Bruce Wayne y Selina Kyle se descubren mutuamente para ser sorprendidos por el pingüino o la muerte de éste último inundada de un halo casi shakesperiano pero muy solemne y respetuoso hacia el que es sin duda el personaje más afín al director.

Batman Vuelve fue avasallada y vilipendiada en su momento, razonablemente pero injustamente también puesto que sí bien es cierto que no era el tipo de película que el gran público esperaba para pasar una tarde de verano agarrado a su tonel de palomitas, no es menos cierto que sin ser una obra maestra, es una muy buena película y una mejor adaptación de cómic totalmente consecuente con el espíritu, estilo y trayectoria de su director, el cual podría ser perfectamente uno de los personajes que pueblan el carcomido mundo del hombre murciélago.