ED WOOD (Ed Wood, 1992)  
Ficha
Sumario
Por Javier Castro
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2004

Por amor al arte

El arte es la búsqueda de la belleza. Una belleza en este caso artificial, en el sentido de "no natural", es decir, creada por el hombre, en contraposición a la belleza que la naturaleza nos ofrece y sobre la cual el hombre no ha influido. Pero, ¿qué ocurre cuando esa búsqueda es infructuosa, cuándo no se encuentra? Es más, ¿por qué lo que para algunos es bello para otros es abominable? Y lo más triste de todo, ¿por qué me hago estas preguntas tan absurdas, sin sentido y sin respuesta?

Algo así debía preguntarse el protagonista de este biopic un tanto exaltado. A Ed Wood le cayó el sambenito de ser considerado el peor director de la historia del cine. No es que haya visto muchas películas suyas; la verdad es que no he visto ninguna entera, pero sí he visto algún fragmento de Glen or Glenda (1953) o de Plan 9 from outer space (1959) entre otras, (en este intervalo de la vida del director es en el que se centra esta película aproximadamente), y con esos datos y mi poco juicio me parece un poco exagerado tacharle como tal, y más viendo a algunos que hoy en día luchan denodadamente por obtener ese "privilegio" y se gastan auténticas millonadas para ello. De cualquier manera, malillo lo era un rato…

Pues visto así, este hombre parece hecho a medida para una película de Tim Burton. Cierto es que hasta entonces Burton parecía acotado al campo de la fantasía, pero un personaje como Ed Wood, inadaptado social como lo pudieran ser Batman, Joker, Eduardo Manostijeras o Bitelchús (Beetlejuice en la versión original), –en este caso inadaptado espiritual– en las cintas de idénticos títulos, Ed Wood se adapta perfectamente al tratamiento que había dado el director a sus anteriores personajes. Y es que un bicho raro como él, al menos tal como se le retrata en la película, envuelto en una atmósfera de irrealidad, casi pura fantasía no tanto en su persona y su entorno físico, que también, sino sobre todo en su concepción de la vida y el trabajo (especialmente en las antológicas recreaciones de sus rodajes), puede entrar perfectamente en la antología de los frikis más variados a la altura de [a rellenar por el lector, como diría mi compañero Jorge-Mauro de Pedro]. Es más, este personaje va un poco más allá, porque si en el caso de los héroes de sus películas estos intentaban con todas sus fuerzas integrarse con el mismo éxito que un ex en el ambiente de la "normalidad", aquí se trata de alguien que no comprende ese concepto de normalidad. Él es raro y así quiere ser, aunque no sea muy consciente de ello, o al menos sólo parcialmente. Y esta atmósfera en la que se mueve el personaje está potenciada por una ambientación, tanto a nivel de dirección artística como de fotografía, que explota los aspectos oníricos de la historia, contada en un blanco y negro que realza la irrealidad de una cinta inspirada (y a ratos incluso con reconstrucciones verídicas de algunos episodios, como los rodajes) en hechos reales, y que se nos inunda desde sus antológicos créditos iniciales (inspirados en los de una película del propio Wood) hasta la presentación de su última obra al final de la película.

Las rarezas de este personaje, comenzando por su afán artístico pero absolutamente falto de talento, pasando por su concepción de la realidad que plasma en los rodajes (antológico ese momento en el que uno de los personajes de un rodaje casi se lleva el escenario, y Wood dice que no se corta, que así se ve la realidad de los problemas que tendría un hombre tan grande como ese) o su tendencia al travestismo (parece que su ya citada Glen or Glenda está basada en si mismo), su idea de la amistad etc… lo convierten en un personaje a la vez repelente y encantador, emprendedor arrebatado y grotesco.. Pero esto, que al comienzo del film te mantiene algo alejado y escéptico, poco a poco se va transformando en un punto a favor, a la vez que la comedia casi surrealista del comienzo se va tornando más dramática hasta llegar casi a la épica. Y es que el amor que destila Ed Wood por su obra, la pasión con que trabaja con cuatro perras, su sentido del deber y de la amistad llegan a ser sobrecogedores y emocionantes, y duele el miedo al ridículo ajeno que llegamos a sentir cuando se dispone a presentar su obra. Sin embargo, este fracaso en su faceta artística se torna en triunfo a nivel personal, triunfo que viene de la felicidad, del éxtasis que le produce el trabajo y el cariño que inspira en los que le conocen. O al menos, así lo da a entender la película, que termina con una sensación de triunfo que nada tiene que ver con lo que parece destinado al personaje.

Tim Burton maneja con maestría como no había tenido nunca (y para mi gusto no ha vuelto a tener, aunque en Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, 1990) ó Big fish (Ídem, 2003) tiene sus momentos) los resortes de la emoción y de la comedia, trasmitiendo a veces esas sensaciones que sólo los maestros como Ford o Wilder han consegido trasmitir. La identificación con el personaje nunca es plena, no puede serlo siendo tan único (en el buen y en el mal sentido) como lo es, y mantenemos cierta distancia que nos permite reírnos de él de vez en cuando, pero sentirnos a la vez muy cercanos. Como por ejemplo cuando rueda una escena horrorosa y cutre con Bela Lugosi, pero tras la muerte del actor Ed Wood la contempla en una sala transmitiéndonos una sinceridad y emoción que nos ponen la piel de gallina. Es auténtico, sí; digno y patético como una tarta de boda en la basura.

Y que decir de esa galería de secundarios antológicos que se cruzan en el camino de Wood. Desde un Bela Lugosi venido a menos que menos, y genialmente caracterizado por un Martin Landau en estado de gracia, pasando por los amores de Wood, la Vampira o el actor enorme y forzudo de muchas de sus películas. Parecen más sacados de una película del director que de la vida real. También hay que reconocer la gran labor de Johnny Depp, menos desatado que en otras películas pero igual de intenso, trasmitiendo una fuerza a un personaje que en un actor más clásico no habría tenido ni la mitad del encanto ni de fuerza dramática, además de que su rostro aniñado y su complexión pequeña le hacen parecer más inocente e indefenso.

Es en fin este personaje, y en general esta película, una exploración del deseo incontenible de crear, de expresar y comunicar las inquietudes, de amor por la vida. No hace falta ser brillante ni talentoso, no hace falta saborear el triunfo para ser feliz. Aunque mucho me temo que él no lo llegó a serlo mucho. Al igual que el científico que busca denodadamente el conocimiento, o el hombre piadoso que busca inútilmente a Dios, para el creador de arte lo importante es la búsqueda en sí misma, y el resultado final es sólo una anécdota en el proceso. Dejemos a los filósofos la respuesta a las preguntas del comienzo del artículo, pensará Wood. Vivamos nuestra vida lo mejor posible mientras tanto, que bastantes coces da.