| MARS ATTACKS! (Mars Attacks!, 1996) |
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A partir de una colección de cromos de 1962 que narraba una invasión de la Tierra por parte de los marcianos, y por encargo de Tim Burton, Johnatan Gems escribió el guión de Mars Attacks! , la séptima película del director que este mes ocupa nuestro estudio. Aunque los cromos dieron la idea para numerosas secuencias del filme, también se percibe claramente en este la influencia de la novela que H.G.Wells escribió en 1898, La guerra de los mundos (1), véanse el temible rayo calórico, los robots gigantes que los marcianos utilizan para asolar todo lo que encuentran a su paso, e incluso el final de la historia, aquí ingeniosamente parodiado. Burton, que desde el comienzo de su carrera como director ya estaba acostumbrado a trabajar con grandes estrellas de Hollywood, contó para Mars Attacks! con un elenco protagónico (como dirían al otro lado del charco) de lo más florido: Glenn Close, Annette Benning, Sarah Jessica Parker, Pam Grier y la beautiful girl Natalie Portman en el lado femenino, acompañadas por Danny De Vito, Pierce Brosnan, Martin Short, Michael J. Fox y Jack Nicholson entre otros, permitiéndose este último el lujo de interpretar dos papeles, entre ellos el de Presidente de los EE.UU. Un reparto completado con otros actores más desconocidos como el joven Lukas Haas, que terminará convirtiéndose en un héroe salvando el mundo con la ayuda de su abuela senil y un disco de Slim Whitman. El filme se mueve entre el homenaje y la parodia de las películas de invasiones alienígenas de serie B como Objetivo la Tierra ( Target Earth , 1974, Michael A. DeGaetano) o La Tierra contra los platillos volantes (Earth versus Flying Saucers, 1956, Fred F. Sears) si no ya Plan 9 del espacio exterior (Plan 9 From Outer Space, 1959, Ed Wood) del director que el propio Burton homenajeara en su anterior película, por supuesto salvando las distancias, pues los efectos especiales de Mars Attacks! (a cargo de la George Lucas Industrial Light & Magic) están a años luz de la cutrez de aquellas míticas producciones, aunque en ocasiones parezca que pretendan emularlos. Bien sea por el germen fotográfico (los citados cromos) de la película, bien por la importancia que siempre ha dado el creador de Eduardo Manostijeras (Edward Scissorshands, 1990) al poder de lo visual y al impacto que pueden llegar a provocar las imágenes -algo que, por otra parte, es utilizado por la crítica para censurarlo achacándole unas historias convencionales y huecas, punto que en ocasiones comparto (2) aunque me encuentro a medio camino entre estos y los que consideran que Burton es un genio, y opino por ejemplo que su última película Big Fish (id., 2003) es una obra maestra sin paliativos-, bien sea por cualquiera de estas dos cosas, digo, Mars Attacks! presenta una atractiva estética de comic ejemplificada principalmente en caricaturescos personajes como el propio Presidente de los EE.UU., el ultrabelicista general Decker interpretado por Rod Steiger, o su contrapunto, el científico interpretado por Brosnan: «Una civilización tan avanzada es por definición antibarbarie» (La primera prueba de esto somos los humanos y cada vez vamos a más, por cierto), citando a los más divertidos, por no hablar ya de los descacharrantes marcianos cabezones, uno de los puntos fuertes de la película. Estrenada en el mismo año que Independence Day (id., 1996, Roland Emmerich), una película fascista donde las haya, Mars Attacks! , de temática similar a la del filme del director de Godzilla (id. 1998, Roland Emmerich) aborda la invasión extraterrestre desde una óptica diametralmente opuesta, satirizando continuamente a costa del Ejército de los EE.UU., los medios de comunicación, la Casa Blanca, su gabinete de prensa (dirigido por Martin Short) y el propio matrimonio del Presidente. Éste, que en Independence Day salvaba a la Tierra de la amenaza extraterrestre, acaba empalado por la bandera marciana en la película de Burton. Esto último resume perfectamente por donde van los tiros en una y otra película. Por supuesto, la que arrasó en taquilla fue Independence Day. La valentía a la hora de realizar un filme políticamente incorrecto es una de las premisas de las que parte Burton (al que nunca le ha importado el riesgo), y si bien hay momentos tremendamente logrados, como el recibimiento al embajador marciano con la inolvidable paloma abrasada por el rayo precediendo a más de la mitad de los asistentes, la entrada de un marciano disfrazado de mujer (en un cameo de la novia de Burton) en la Casa Blanca con intenciones homicidas o a Tom Jones interpretándose a sí mismo en un escenario que se ve invadido de repente por los marcianos, otros se acercan al ridículo peligrosamente como aquel en que Michael J. Fox y Sarah Jessica Parker se van acercando a rastras y cuando sus manos están a punto de rozarse él es incinerado por el rayo marciano. Afortunadamente, el tono paródico de la escena (amplificado por la música "romántica" de Danny Elfman) y el desenlace (ella se queda en posesión de la mano de él) consiguen salvar el momento. Elfman colaboró una vez más con el director tras el descanso mutuo que se dieron en Ed Wood (id., 1994, Tim Burton), donde el compositor fue sustituido por Howard Shore, y elabora una gran banda sonora en la que las apariciones marcianas casi se dirían acompañadas de ultrasonidos, muy en la onda de las citadas producciones de los años cincuenta. Como siempre en el cine de Burton, visualmente la película es una gozada repleta de hallazgos geniales, muchos de ellos debidos en gran parte a los efectos especiales, desde los propios marcianos hasta los experimentos que éstos hacen con Sarah Jessica Parker y Pierce Brosnan -el momento previo a su destrucción, ese beso en el que sus cabezas cercenadas se acercan rodando (reminiscencias del momento citado anteriormente), no digo yo que vaya a estar en la lista de los diez mejores ósculos de la historia del celuloide que José Luis Garci saca a relucir cada n programas de "¡Que grande es el cine!", pero sí desde luego se encontraría en la de los diez más originales-, pasando por las destrucciones del Taj Mahal y la torre del Capitolio, o la divertidísima profanación del monte Rushmore. Quizá la principal diferencia entre Mars Attacks! y el resto de la filmografía del director de Batman (id., 1989), y lo que hace que en parte no sea tan fácil identificarla con su director como ocurre con el resto de su obra -el mismo problema que tiene El planeta de los simios (Planet Of The Apes, 2001), por otra parte su filme más impersonal-, y que a la postre resulta el principal lastre de la película, es la ausencia de ese personaje principal, habitualmente inadaptado, que puebla el resto de sus historias erigiéndose en el centro de las mismas, desde el tétrico niño Vincent Malloy de 1982 hasta su más reciente Edward Bloom, pasando por Eduardo Manostijeras, Jack Skellington, Ed Wood o el mismísimo Ichabod Crane de Sleepy Hollow (id., 1999), optando aquí por dividir la acción en tres frentes distintos que dan al filme una apariencia de película coral, que sin embargo sólo es superficial, pues las presentaciones de los personajes terminan resultando demasiado largas, e incluso algunas podrían haber sido ahorradas, puesto que no todos los personajes gozan del mismo interés (el de Danny De Vito o el de Pam Grier son meros comparsas, a pesar de que la presentación de ésta última es bastante divertida), y la película no termina de romper hasta bien comenzada la invasión marciana. Pero en definitiva, si obviamos esto, que sin embargo no es poco, con toda su mala leche, y sobre todo gracias a ella y a los entrañables invasores, Mars Attacks! se nos revela como un entretenimiento de alto nivel, infinitamente más recomendable que la citada y aborrecible Independence Day. (1) Novela que se hizo felizmente famosa gracias a la retransmisión radiofónica que de la misma hizo el director Orson Welles, aterrorizando a gran parte de la población estadounidense que lo tomó por un informativo especial. (2) También es posible pensar que a través del simbolismo estas imágenes ya esconden tras de sí una gran historia, pero considero que desde el momento que se decide que una película no sea muda, también hay que darle importancia a la narración no puramente visual. |