KIKA (1993)  
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Sumario
Por Emilio Martínez-Borso
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2004

La oveja negra

Todos los cineastas con una vasta carrera a sus espaldas, por mucho que hayan alcanzado un grado de madurez que les permita hacer de cada nueva película una obra personal que como mínimo tenga un interés puramente cinematográfico y cuya solvencia, dominio y seguridad les impida hacer una mala película, en el camino previo que va formando su estilo, sus inquietudes y su visión particular se entrecruzan obras que dejan prever su posterior explosión de talento a la par que conviven con películas menos conseguidas que aún sin alcanzar las cuotas artísticas de sus hermanas ostentan algún recodo del universo particular de su creador que les otorga a la vez un cierto grado de interés y de simpatía, sin que ello sea una excusa claro está.

Dejando de lado estos dos grandes grupos, siempre hay una o dos películas que se erigirían en tachones, las ovejas negras de la familia, obras horrendas las cuales uno no se explica el porque de su existencia. Ford las tiene, Lang también, Kurosawa tres cuartos de lo mismo y así podríamos continuar con toda la lista de grandes directores. Almodóvar también las tiene, y en su caso, su oveja negra se llama Kika.

Kika es una película que sorprende desde su primer visionado. Si bien es cierto que el Almodóvar de 1993 no es el mismo que ahora, también es verdad que por aquella época ya estaba más que consolidado y había realizado alguna película interesante que apoya lo comentado más arriba. Mujeres al borde de un ataque de nervios (1987) o ¡Átame! (1990) por poner sólo un par de ejemplos son la muestra de la capacidad de su máximo artífice de rodar películas siempre fiel a su estilo y su personalidad tan conocida por todos sin caer demasiado en los excesos que protagonizaron el inicio de su carrera.

De este modo si bien Carne Trémula (1997) supuso el punto de inflexión y ruptura hacia la madurez que destila actualmente, su cine de la década de los 90 era un lento, pero seguro camino hacia esa ruptura, y cuyas obras estaban siendo más interesantes a medida que ganaba en experiencia, solidez y rigor. Sin embargo Kika supone un retroceso absoluto en sus intenciones y evolución. De hecho se trata de una gran incógnita el motivo de tamaña involución en un periodo en el cual su cine estaba en su máximo desarrollo.

Fallida en todos y cada uno de sus aspectos, Kika es un retorno al Almodóvar más excesivo, más gratuito y más exhibicionista, totalmente alejado del cineasta cada vez más consolidado y consciente de sus capacidades. Desmesurada en todos sus elementos, la película por encima de ello llega a resultar aburrida y tediosa creándose una distancia enorme entre el espectador y la pantalla. Una distancia física que impide cualquier intento de meterte de lleno en el mundo de Kika y los demás personajes que pueblan el largometraje, convirtiéndose éste en su peor enemigo.

Empezando por un guión absurdo poblado de situaciones totalmente risibles y cuyo contenido dramático es nulo, su historia, mínima no estando nada desarrollada siendo un cúmulo de secuencias que al terminar de verla te asalta la pregunta de que demonios te estaban hablando o que querían contarte con ello llegando incluso a frivolizar con hechos tan deplorables como la violación o la deficiencia mental. Sin un mensaje claro ni moraleja de la que se pueda extraer algún apunte no ya interesante, como mínimo curioso, la película bascula entre la comedia, el thriller y el psicodrama perdiéndose en cada uno de estos aspectos pues no es ni una cosa ni otra. Éste popurrí también desecha la idea que Almodóvar la realizara como divertimento, algo que vistos sus intentos por contarnos demasiadas cosas y no llegar a nada lo barren.

Además de los problemas de guión, Almodóvar puebla la historia con unos personajes imposibles, planos en su mayoría que en vez de tener la soltura y el cariño de los personajes más característicos del universo Almodovariano, se erigen aquí en simples caricaturas puestas básicamente para reconocer que nos hallamos delante de "Un film de Almodóvar". La nula densidad dramática y el fatal error de cásting (desde la sobreactuada Victoria Abril hasta un inexpresivo Peter Coyote, pasando por un demasiado soso Alex Casanovas) salvado tan solo por la enorme humanidad que destila la gran Verónica Forqué encarnando a Kika, la protagonista son un peso que añadir al saco de los despropósitos que arrastra la película.

Por otra parte, a pesar de demostrar que sabe dirigir un largometraje, Almodóvar despacha Kika con una fría profesionalidad inusual en él. Sin ningún momento a destacar, la dirección de la película es vacía, plana sin ningún detalle que nos haga tener esperanzas en el buen director manchego que se esconde tras ese cristal de mediocridad.

Para ser justos, no hay que obviar que el universo y el color de las películas de Almodóvar vuelve a ser un gran protagonista y están muy bien dosificados y tratados, tanto en lo que se refiere al vestuario como a la dirección artística, tan reconocible como en cualquier película suya pero sin ser repetitiva ni cansina jugando ingeniosamente con los diferentes colores, otorgándole los cálidos siempre a Kika y su entorno frente a los fríos y negros del mundo donde vive su antagonista Andrea Caracortada.

Toda esa puesta en escena unida a la fantástica fotografía de Alfredo Mayo y al buen montaje, no resulta razón suficiente para elevar la obra a algo que sin duda no es, por mucho que se intenten buscar tres pies al gato: Una buena película.