| LA MALA EDUCACIÓN (2004) |
|
|
||||||||||||||||||
La marca “Almodóvar”En el cine actual, y al decirlo me refiero al cine como expresión de un creador (aunque compartida, ya que se trata de una creación que requiere de más personalidades para su finalización exitosa); o al menos me refiero al cine que no se fija solamente en los parámetros puramente comerciales; en el cine actual decía, se intenta transmitir una visión personal propia de cada autor, manteniendo una línea tanto de estilo como de temática acorde con la sensibilidad del creador. Cada autor crea su propio universo, su imaginería, su propia visión que entronca con la de un sector del público, el cual suele mantenerse fiel al autor o autores con los que se siente identificado, y resultando su visión en muchos casos incompatible con la de algunos sectores del público, o indiferente para otros. El problema puede surgir a veces de la comercialización de este cine personal, de la formulación del mismo como un cliché que deja de ser una marca de estilo para convertirse en una marca comercial, en la que remarcar el estilo del autor es más importante que el contenido de la obra; la conversión de estos parámetros, de éxito entre ese público de sensibilidad pareja a la del autor, en un modelo estándar de realización de obras clónicas que pasan a ser impersonales productos de supermercado fílmico. Tampoco estoy diciendo que este sea el caso de nuestro director más internacional, pero el riesgo está ahí. Por ahora parece que lo sortea con cierta pericia, y esta última película, sin haberme ni mucho menos entusiasmado, se ve a gusto. Pero también es cierto que deja bastante saborcillo a “esto ya lo he visto yo antes”. Y es que a veces, ser fiel a un estilo y ser original no son del todo compatibles; el riesgo de imitarse a uno mismo es muy alto. La acomodación al éxito, al aplauso y el reconocimiento es lo más peligroso para un autor en cualquier campo del arte. También es cierto que en cuanto uno se sale un poco de su ámbito natural, siempre hay alguien que se le hecha encima, una cierta inercia por parte del público (¿o de la crítica?, interesante cuestión que me afecta de pleno) que intenta frenar la creatividad. En el caso que nos ocupa, puede parecer obvio el calificativo de “película Almodóvar”, pero es algo más que la constatación de un hecho. Y algo más que una definición. Todo el mundo (literalmente) sabe lo que eso significa. La mala educación es una película Almodóvar con todas sus consecuencias, para bien o para mal. En este segundo caso me incluyo, entre todos los que le respetamos como artista que es, reconociendo su autoría y la validez de su propuesta, pero que no compartimos su sensibilidad. Su habitual mundo de personajes extremos abandonado en parte en sus dos últimas obras vuelve por sus fueros, aunque un poco más suavizado. Aquí los protagonistas son un joven director de cine y un aspirante a actor de dudosa filiación. El aspirante a actor llega a una pequeña productora para pedir un papel. Va allí porque conoce al director de cine que trabaja en esa productora. El actor le entrega al director un cuento escrito por él para ver si le inspira, basado en parte en la relación que tuvieron ambos en el colegio. Mientras lo lee recuerda esa relación. Tras haber coincidido en el internado y haber experimentado entre ellos su primera aventura pre-sexual, se separaron durante años. A partir de aquí Almodóvar nos conduce con mano firme en un entretejido de realidades ficticias y ficciones verídicas, barajando tiempos y jugando con el relato dentro del relato, con el suspense, a través de una historia de engaños, falsas apariencias, recuerdos poco fiables e infancias marcadas por la confianza traicionada y el abuso de autoridad entre otras cosas. Pedro Almodóvar rueda con talento y oficio, manejando bien las situaciones y mostrando en todo momento aquello que es necesario para hacer entender la compleja trama, además del punto de vista que interesa a l espectador en cada momento, pero el problema de la película está más bien en el guión y en algunos de los actores. La historia que nos cuenta, con esos personajes extremos tan característicos del manchego, resulta de difícil asimilación. En pocos momentos consigue el espectador identificarse con ellos, a veces resultan cargantes sus salidas de tono, sus maneras. Además, los actores protagonistas, quizá por exigencias del papel, no me resultan convincentes casi en ningún momento. Fele Martínez aparece acartonado, incómodo con su personaje, y en los demás casos se trata de una tendencia a la sobreactuación, quizá debido al carácter exagerado de sus personajes, pero que aparecen más como caricaturas de personajes con poco trasfondo de verosimilitud. A pesar de estos aspectos para mí negativos la cinta me deja un sabor agridulce, porque hay momentos de gran cine, de pericia visual y narrativa que compensan en parte estas (repito, para mí) carencias comentadas. Almodóvar conoce muy bien el lenguaje cinematográfico y en muchas ocasiones solventa exitosamente las carencias del guión y de los personajes con pulso firme y manejo de la psicología del espectador. Lo demostró por ejemplo en la estupenda Todo sobre mi madre. Este es el Almodóvar que quiero ver más a menudo. |