PEPI, LUCI, BOM Y OTRAS CHICAS DEL... (1980)  
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Por Sergio Vargas
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2004

Mamá, ¡quiero ser director de cine!

Parece mentira que el director de una película tan fabulosa como Hable con ella (2001) y aquel que dirigió hace más de veinte años Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón sean una misma persona, pero lo cierto es que no es otro que Él, ¡Pedro! (póngase voz de Penélope Cruz con unas copas de más), uno de los pocos españoles ganadores de un oscar (de hecho, él tiene dos) el firmante de este bochornoso monumento a la caspa, que, admitámoslo, tuvo su momento, pero no es desde luego este. Quizá sea comprensible el desmedido éxito que obtuvo teniendo en cuenta que su estreno se produjo en el mismo epicentro de aquello que dió en llamarse la movida madrileña, cuando el alcalde invitaba a los jóvenes a que se “colocaran”, y no como ahora, que trata por todos los medios de que nos vayamos de la ciudad, pero en cualquier caso el hecho de que la película, si es que así hay que llamarla, permaneciese durante tres años en la cartelera madrileña (sobre todo gracias a los cines Alphaville, que la mantuvieron en el horario de madrugada), parece poco menos que un enigma de otro mundo.

El ya por aquel entonces director del largometraje Folle, folle, fólleme Tim (1978), rodado en super-8 con pocos medios y mucha imaginación, harto ya de ese formato tan poco agradecido, al menos en lo tocante al dinero recaudado, estaba ansioso, quizá demasiado, por realizar un largo en 16 mm. (1) y dar el salto al mundo de la pantalla grande. Almodóvar, que además de trabajar en Telefónica y escribir en revistas musicales y humorísticas como las míticas Vibraciones o El Víbora (recientemente clausurada por falta de ventas), también se dedicaba a la creación de fotonovelas porno, y precisamente de una de estas fotonovelas, Erecciones generales, surgió el guión de Pepi, Luci, bom y otras chicas del montón. No es de extrañar el origen de la primera película del manchego si tenemos en cuenta que lo que nos ofrece durante ochenta eternos minutos no daba de sí mucho más que para hacer una película porno. Sin embargo, Almodóvar se las compuso para recrearse en la escatología y la cutrez disfrazadas de subversión durante todo ese tiempo, eso sí, escatimando en todo aquello susceptible de ser estigmatizado con la tan temida X, lo cual no deja de tener cierto mérito. Vamos, que a pesar de que fuesen los ochenta, esto tiene de subversión lo que Alaska de calidad interpretativa.

Decía antes que resulta difícil de creer que los orígenes de Almodóvar fuesen tan sumamente nefastos. En este debut se dan cita continuada los fallos de raccord englobando continuos y bruscos cambios en la iluminación y el sonido, además de un manejo de la cámara bastante torpe e inseguro por momentos y un guión paupérrimo en el que Alaska era una de las protagonistas principales. Es evidente que gran culpa de todo esto (salvo la presencia de Alaska, que era amiga del realizador) hay que achacarla a la falta de medios (también la razón principal por la que la película tardó más de año y medio en rodarse) y a la inexperiencia de Almodóvar, que, como cualquier director, poco a poco ha ido aprendiendo, pero también es cierto que quizá al manchego le pudieron las ansias de fama, y queriendo despegar cuanto antes intentó hacer una película a cualquier precio. Vamos, que a pesar de los numerosos cortos en super 8 que cargaba a sus espaldas tal vez no estaba lo suficientemente rodado y se precipitó. Lo cierto es que a pesar de todo ello, la jugada no pudo salirle mejor. Aparte de comenzar a forjarse como cineasta (aunque también los hay que reniegan de sus películas y se van curtiendo igualmente) el éxito obtenido le abrió numerosas puertas.

Mención aparte requiere la inclusión en la banda sonora de la película de un tema como Me perteneces, Murciana compuesta expresamente para la película por Los Pegamoides (con letra de Almodóvar), el grupo al que pertenecía la citada Alaska, que desgrana un virtuosismo musical pocas veces visto a lo largo y ancho de la historia del pop-rock español. Vamos, ni tan siquiera Las Vulpes pudieron alcanzar esa cota de genialidad. ¡Que letra!, ¡que guitarra!, ¡que pintas!...la movida, vaya.

También hay que reconocer que a pesar de la, a mi juicio, nula calidad cinematográfica del filme, sí que dejó bien sentadas las bases de lo que poco a poco ha ido consolidándose como un reconocible universo sumamente personal en el que los personajes bizarros, el sexo en todas sus modalidades, el protagonismo de las féminas, los desengaños amorosos y la soledad se combinan en un coctel complicado de digerir. En Pepi, Luci, Bom algunas de estas cosas (las más importantes a nivel dramático) se dejaban intuir tímidamente mientras que otras hacían notar su presencia de una forma exageradamente explícita. Hoy en día nadie debería dudar de que sólo en una película de Almodóvar podremos ver a un pandilla de chulapos bailándole un chotis en las tripas a un supuesto policía, a una niña de quince años meándole la cara a una cuarentona insatisfecha o al propio director organizando un concurso en el que se premia al que maximize el producto longitud por anchura de su miembro.

Dicho todo esto, ¿Quién soy yo para criticarle por hacer lo que más deseaba en ese momento arriesgando tanto como arriesgó y teniendo en cuenta que hoy en día está orgulloso de ello y además para muchos es una película de culto? Pues nadie, es cierto.

Eso sí, la película es mala hasta decir basta.

(1) Aunque ya había dirigido un cortometraje en este formato, titulado Salomé (1978)