TODO SOBRE MI MADRE (1999)  
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Sumario
Por Joaquín Vallet Rodrigo
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2004

Hacia lo políticamente correcto

Todo sobre mi madre se sitúa en un punto crucial dentro de la trayectoria de Pedro Almodóvar: dos años antes estrena Carne trémula (1997) y se halla en la cresta de la ola en lo que a prestigio crítico se refiere. Empero, con el prisma que ofrece la contemplación globalizada de su obra y el paso del tiempo que, aunque parco en años, va encajando las piezas en el lugar correspondiente, la sensación que producen estas películas es la de un extremado desconcierto: hay en ellas un flagrante abandono del espíritu contestatario y rebelde de sus primeras obras, no ya únicamente a escala argumental (los personajes marginales han desaparecido casi por completo), si no incluso visual, con una inclinación constante hacia un clasicismo despersonalizado que revela a un Almodóvar titubeante y, a todas luces, menor. Un cineasta que clama por abandonar su restricción popular y abrirse al mayor abanico público que sus obras puedan aportar. Evidentemente, sus objetivos se cumplieron: Todo sobre mi madre no únicamente es la película más premiada de todas las realizadas por el manchego (1), si no uno de sus títulos más exitosos. Aún así, el resultado artístico del film (al igual que el anterior y ya citado Carne trémula) no puede ser más irregular, ramplón y decepcionante.

Veamos, Almodóvar comienza con una evidente declaración de pricipios simbolizada en el título del film. Todo sobre mi madre no sólo remite a la obra maestra de Mankiewicz All about Eve (aquí en España Eva al desnudo, 1950), si no que deja bien situados sus propósitos: un acercamiento convicto y confeso al clasicismo norteamericano en estado puro, con unas raíces ancladas en el melodrama (de nuevo Douglas Sirk) y unas constantes formales estrictamente marcadas y depuradas. Hay, además, un intento de interiorización, de rebuscar en los recuerdos y sentimientos del cineasta con la suficiente perseverancia como para situar el film en un terreno íntimo, casi privado (el "mi" del título así lo demuestra), en definitiva, de superar las fronteras de un cine iconoclasta para acercarse al terreno de la autoría.

Ahora bien, ¿qué es lo que falla en Todo sobre mi madre, y qué impide que Almodóvar lleve a buen puerto sus objetivos? Básicamente dos cosas: el desarrollo de los personajes y la estructura argumental. Sobre el primer punto, resulta sorprendente que por la película circulen un colectivo desigual en el que campan a sus anchas seres perfectamente descritos y otros que hacen aguas por todos los flancos. Sorprendente porque, si algo ha definido el cine de Almodóvar, es la solidez y contundencia de todos sus personajes. Sin duda, en el primer grupo nos encontramos con Manuela (prodigiosamente interpretada por Cecilia Roth), un ser que hereda las cualidades de los mejores personajes femeninos de Almodóvar y que constituye una especie de proyección de la vehemencia sentimental del cineasta, así como de su vinculación con la figura materna.

Sin embargo la contundencia de este personaje queda ensombrecido por la poca entidad o, directamente, el extremo desaprovechamiento de los restantes entre los que sobresale, como evidente paradigma, la Lola interpretada por Toni Cantó: a lo largo de toda la película se juega con la presencia-ausencia de este personaje, mostrándolo como la personificación de la muerte, llegando al cenit en la secuencia del cementerio (la mejor del film) donde Lola hace acto de presencia como un ser espectral, terrorífico, el brutal e inmisericorde portador de la peste; pues bien, todo ello se viene abajo en la posterior secuencia en el bar en la que Almodóvar, incomprensiblemente, humaniza los rasgos de Lola destrozando los atributos caracterológicos de un personaje, hasta entonces, sencillamente perfecto. Asimismo, el chapucero desarrollo de los interpretados por Candela Peña o Fernando Fernán Gómez, demuestra que sin duda, el gran problema del film se encuentra en que no quiere (o no puede) dar cancha a todo lo que plantea.

De igual forma, la estructura de la historia es otro notable handicap en las ínfulas del cineasta, primero porque hay una excesiva dilatación en el avance lógico de la historia (sobran secuencias, entre ellas varias de las interpretadas por Antonia San Juan) y segundo, porque se incluye un epílogo innecesario y redundante que, nuevamente, hace venir abajo aciertos anteriores, en este caso, todo lo que tiene que ver con el personaje de Marisa Paredes.

Todo sobre mi madre, en definitiva, ilustra el trayecto de Almodóvar hacia la ortodoxia cinematográfica. Un alejamiento del intenso extremismo pretérito y un acercamiento, indeciso y quejumbroso a lo políticamente correcto.

Hable con ella nos hizo ver que, afortunadamente, solo fue una debilidad pasajera.

(1) La película consiguió, entre otros galardones, el premio a la Mejor Dirección en el Festival de Cannes; 7 "Goya" incluído los correspondientes a la Mejor Película y a la Mejor Dirección; el Globo de Oro a la Mejor Película Extranjera y el "Oscar" también en este apartado. Prueba concluyente de que el cambio de rumbo emprendido por el cineasta consiguió el respaldo de gran parte del mundo del cine.