DODESKADEN (Dodes-ka-den, 1970)  
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Sumario
Por J. A. Souto Pacheco
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2004

El humanismo escéptico de AK

Shuguro Yamamoto, autor de los cuentos que adapta Akira Kurosawa para este film y de cuyos textos ya había bebido en Barbarroja (Akahige, 1965) y Sanjuro (Tsubaki Sanjuro, 1962 ), era un escritor que centraba sus obras en las vidas y los problemas de las clases sociales más desfavorecidas. Kurosawa encontró en los personajes de Yamamoto representaciones simbólicas de las gentes y del Japón que le había tocado vivir. Para él, la pareja del vagabundo y su hijo que podemos ver en Dodes'ka-den eran representantes del Japón contemporáneo. Otros personajes eran meramente simbologías del carácter humano: cada uno podía ser una manera de ser de Japón (el sabio, el fantasioso, el tímido, el ingenuo...). Por supuesto, el propio Kurosawa también tenía cabida, Rokuchan, el chico joven, el loco del tranvía representaba al artista que creaba mundos propios con la única herramienta de su imaginación.

Kurosawa siempre se sintió interesado en el género humano y atraído por su sufrimiento. Los bajos fondos (Donzoko, 1957), El idiota (Hakuchi, 1951 ) o Vivir (Ikiru, 1952) son claras muestras de un cine de denuncia social con espíritu de remover conciencias y con el objetivo claro de hacer reflexionar al espectador. Dodes'ka -den es, de hecho, un canto de amor desesperado a la esencia del hombre. Su inclinación hacia las clases sociales más bajas daba como resultado que sus películas nos devolviesen una imagen de respeto y honestidad en los hombres, de resuelta crítica y de cierto optimismo redentor. Desde Vivir a Barbarroja , Kurosawa era generoso al mostrarnos personajes entregados a la redención de la humanidad. La esperanza aún era posible en el universo del director japonés. Dodes'ka-den es un punto y aparte. En este film, Kurosawa extrae de la pobreza toda la belleza posible (porque ama y confía en el hombre), rescata sus penas y sus dolores; todo ello sin ánimo de denuncia ni de juzgar. Kurosawa ya es un escéptico. Para él, la salvación está en los sueños, en la fantasía; no en vano, un año después del rodaje, el maestro japonés intentaba quitarse la vida.

Película alegórica, Dodes'ka-den nos habla del progreso industrial. La ciudad tiene una presencia constante pero lejana. Situados en un barrio del extrarradio, los personajes de la película son apartados de la aglomeración y la colectividad de la ciudad. Como he dicho antes, Kurosawa no juzga. Lo único que podemos hacer es preguntarnos qué han hecho esos personajes para merecer esa mísera realidad, para vivir en un ghetto, para ser excluidos. Si las chabolas de Dodes'ka-den son el reverso de la ciudad, sus personajes son la imagen deformada que nos devuelve el espejo. Son aquello que tememos ser, personas con un presente deprimente que ha entrado en la espiral de la perpetuidad. Sin un futuro factible, sólo les queda la opción de soñar, de beber, de morir en vida...

Un joven preso de la locura que se imagina que conduce un tranvía, un hombre epiléptico que vive humillado por la tirana de su esposa pero que la ama (o respeta) profundamente, un fabricante de brochas obsesionado porque todas sean iguales y que mantiene los hijos de una joven pensando que son suyos, maridos alcohólicos que se intercambian las esposas, un hombre viejo y sabio obstinado en hacer el bien, un vagabundo (loco soñador) que vive con su hijo (mucho más pragmático), un ciego muerto en vida por algún oscuro suceso del pasado... No hay espacio para la confianza en el ser humano ni para la tranquilidad de nuestro futuro. La esperanza ha muerto. El escepticismo campea a sus anchas.

La dirección de actores, como es habitual en el director japonés, raya la perfección. Y la puesta en escena, como no podía ser de otro modo hablando de Kurosawa, es magistral. Algunas escenas son muy buenas. Como, por ejemplo, el plano-secuencia inicial que arranca con la imagen del tranvía (única vez que lo vemos en toda la cinta) reflejándose en los cristales mientras Rokuchan mira a través de ellos. De un brochazo, genial, Kurosawa nos hace un retrato fidedigno del personaje.

A pesar de que las escenas dramáticas y trágicas son las más comunes, Kurosawa también abre la puerta a la comicidad y la fantasía. Además, este es el primer film en color de Kurosawa. El genio japonés no lo utiliza para disfrazar la realidad y hacerla bella sino que la hace más atroz, alucinante y terrorífica. Kurosawa subraya con el color la esencia de los personajes. Y es que la vida está hecha de claroscuros. Como en toda su filmografía, los decorados y los escenarios forman parte de un todo, siendo tan necesarios como el dibujo de los personajes. Unos decorados que condiciona las vicisitudes de los personajes, que los complementa. Si pintorescos son los personajes de Dodes'ka-den , también pintorescos han de ser los decorados. Así, la escena en la que el niño vagabundo muere por inanición, está tratada con unos tonos oscuros, que oscilan entre el azul y el gris, en contraposición a la colorista construcción de la casa que su padre sueña despierto. En Dodes'ka-den la vía de escape, entendida ésta como alivio de la realidad y no como huída, viene dada por la fantasía y la comicidad. Siguiendo con los ejemplos, son los colores vivos de las vestimentas de los dos matrimonios que se intercambian sus parejas, los que contrapuntean la comicidad y la hilaridad de sus aventuras. Por el contrario, la chabola del ciego, su vestimenta, el árbol muerto que preside la entrada a su casa e incluso su propia persona, nos sumergen en el drama, carecen de color y, por tanto, de vida (como varios personajes se encargan de recalcar en diferentes momentos del film).

Si Bajos fondos pretendía ser una película testimonio, Dodes'ka-den tan sólo pretende ser melancólica. A partir de este último título, Kurosawa deja de creer en la humanidad. Para él ya ha llegado la era de la desesperanza.