| EL PERRO RABIOSO (Nora inu, 1949) |
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El ladrón de pistolasSituada entre El ángel ebrio (Yoidore Tenshi, 1948) y Shubun (Sukyandaru, 1950), Perro rabioso podría enmarcarse en una fácil y primaria distinción dentro de la obra de su autor. Dentro de las películas pertenecientes a la primera etapa de Kurosawa; aquella dónde la constante a seguir por el cineasta sería la de una búsqueda y una muestra de la identidad del Japón de post-guerra. Un certero retrato de la vida y costumbres de una sociedad miserable condenada a vivir un tiempo miserable con un futuro cada día más gris e incierto dónde la esperanza brilla por su ausencia y la delincuencia, los bajos fondos, la baja calidad moral de la gente que puebla las calles y las desgracias, dramas y hurtos son el pan nuestro de cada día. Una rutina cada vez más asentada en una conciencia que Kurosawa se permite el lujo de intentar despertarla. Antes del punto de inflexión que supuso Rashomon (Rashômon, 1950) y en mayor medida Los siete Samuráis (Sichinin no samurai, 1954) que significó un cambió de tercio en cuanto al tipo de historias que contaba y en mayor medida a la forma de contarlas, decantándose por relatos mucho más épicos y adaptaciones de Shakespeare, en ésta primera etapa Kurosawa se forma mediante una clase de largometrajes e historias más reales y duras acordes con la época que vivía el país nipón. De éste modo y utilizando como excusa una historia común de cine negro, el director japonés entrelaza y desgrana una sociedad japonesa poblada de desgraciados, ladrones, prostitutas y maleantes que son los únicos que parecen tener una constancia y un contacto directo con la realidad que les rodea. Son aquellos más conscientes del mundo en el que les ha tocado vivir y que a diferencia de los clásicos perdedores que protagonizaban las películas más comunes dentro de los géneros establecidos al otro lado del océano, los personajes de El perro rabioso (y de las primeras obras del cineasta) son supervivientes que intentan abrirse paso. Siguiendo su punto de vista, el director jamás justificará a unos o a otros, ni siquiera realzará las cualidades humanas del policía encarnado por Toshiro Mifune para diferenciar al héroe de los demás. Todo lo contrario, será éste quien muestre sus debilidades constantemente estableciéndose una complicidad entre el asesino ladrón de la pistola de Mifune y la pareja de policías que le persigue. Frente al ahínco y la desesperación por encontrar su pistola por parte de Muarakami (Mifune) que le llevará a suplicar, arrastrarse y a cargar con una culpa y remordimientos que no debe llevar, su contrapunto se establece en el detective Sato (Takashi Simura) un sabio detective que ha visto mucho y que se toma las cosas con más calma, gran conocedor de las calles que recorre y del mundo que persiguen. El personaje más arraigado y más consciente de la inutilidad de según que casos y la voluntad de supervivencia de diversos personajes que pueblan la fauna de la ciudad como la prostituta que le roba la pistola o la joven cabaretera que es engañada por el asesino. Kurosawa decide cambiar las tornas de los géneros cinematográficos establecidos. En este caso son los civiles comunes de a pie, los trabajadores aquellos que se sienten perdidos en un lugar y un tiempo que no comprenden. En Perro rabioso será el protagonista, un policía totalmente desubicado. Un protagonista que pasa de ser un héroe en un relato normal a ser un antihéroe sin remisión en el filme del director de Dersu Uzala (Dersu Uzala, 1975). Un policía que se deja robar la pistola en un autobús y cuya recuperación será el motor de la historia. Un personaje que Toshiro Mifune interpreta de un modo patético (no en cuanto a la calidad de interpretación sino a la personalidad del policía) al cual la pérdida de su pistola es para él el mayor drama jamás inimaginable. Un policía novato que se ve superado por las circunstancias mientras van descubriendo diferentes asesinatos que el asesino en cuestión va realizando con su pistola. El número de balas que van quedando en el cargador, será la base para encauzar la investigación. Bajo esta interesantísima idea de guión, asistiremos a la evolución del personaje de Murakami de ser un perdedor absoluto que no sabe desenvolverse en las calles frente al experimentado y sereno Murakami del final, aquel que entiende como funciona el mundo, su mundo y sobretodo como funciona él. Dentro de la corriente del cine japonés de la época que dejó talentos como Kenji Mizoguchi o Yasujiro Ozu por poner solo los dos ejemplos más representativos, Kurosawa, yendo en paralelo a ellos, se desmarca completamente al abordar temas distintos, más clásicos y más acorde con su visión industrial. Si bien es cierto que El perro rabioso (y muchas de sus primeras películas dan buena fe de ello) está filmada en numerosas ocasiones con un estilo casi neorrealista que en no pocas ocasiones recuerda a El ladrón de bicicletas a la japonesa (la búsqueda de un macguffin es el motor de la historia) por su estilo cercano al neorrealismo y por su temática aunque amparado en el lenguaje cinematográfico. Más preocupado en mostrar siempre secuencias de exteriores al natural donde la figuración es gente de la calle y empeñado en captar esa realidad que tanto le interesaba, Kurosawa intenta maquillarla e introducirla dentro de los parámetros de los géneros que toca, ya sea el cine negro, o el drama. Kurosawa nunca pierde de vista su reconocida influencia del cine americano en general y de John Ford en particular (sus películas de samuráis que son sino westerns) y de igual modo que Scorsese en su Malas calles (Mean Streets, 1973) dónde mezcló el neorrealismo con las películas de gangsters, Kurosawa mezcla el cine negro con sus constantes y personajes con el cine realista más próximo a las corrientes italianas alternando momentos de gran tensión en lo que se refiere a la resolución de la trama, unido a secuencias de calma y sosiego donde el personaje deambula solitario y apesadumbrado, abatido por el infernal calor que sufre la ciudad mediante largos y silenciosos planos en los cuales observamos a Mifune perdido entre la muchedumbre o observando pasar el día en una obra. Esta evolución constante y la singularidad la hora de filmar cada película durante su primera etapa, desde dramas, hasta policíacos pasando por melodramas, thrillers y ya más tarde películas de samuráis es lo que sin duda hace afirmar que la obra de Akira Kurosawa es una de las más eclécticas y largas que ha dado la historia del cine, y aunque él lo negara, ahí están Dersu Uzala, Barbaroja o El infierno del odio para demostrarlo. |