LA FORTALEZA ESCONDIDA (Kakusi Toride no San-Akunin, 1958)  
Ficha
Top
Sumario
Por J. A. Souto Pacheco
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2004

¿Cine de aventuras?

Si alguna cosa sobresale en especial en el cine de Akira Kurosawa es una cierta mirada humanista que impregna a los protagonistas de sus historias y que se desprende claramente del visionado de sus películas. Buena parte de su filmografía es un canto a la vida y, al mismo tiempo, un posicionamiento vitalista ante la muerte. Hablar de vida y muerte en Kurosawa no es hacerlo de polos opuestos. En su discurso, el director japonés no se acerca, ni por asomo, a esos autores (cineastas, escritores, etc.) que vuelcan en su obra un lúgubre sentido existencialista. En la obra de Kurosawa tiene cabida el desencanto y la desesperación cuando se trata de radiografiar o denunciar la realidad del día a día pero también el canto a la vida. Kurosawa entiende la vida como un tránsito breve que se ha de vivir con intensidad y que se debe gozar desde el más mínimo detalle.

Este párrafo introductorio puede sorprender a más de uno. Para la mayoría, La fortaleza escondida es un mero divertimento. Cine de aventuras de indudable calidad pero que sólo pretende divertir. El propio Kurosawa incidía en la cuestión cuando explicaba que veía en su filmografía dos tendencias. Una de ellas la denominaba “realista” (y podía englobar films como El perro rabioso (Shizukanaru ketto, 1949) o Vivir (Ikiru ,1952)), mientras que a la otra la tildaba de “artística” (donde ponía como ejemplo a Los siete samuráis (Shichinin no samurai, 1954) o El trono de sangre (Kumonosu djo, 1957)). Siguiendo esta categorización, en la que no estoy del todo de acuerdo, el film que nos ocupa pasaría a formar parte del segundo grupo y podría parecer que se desprendiese de los mensajes humanistas en aras de un cine puramente narrativo. Es cierto que La fortaleza escondida posee un tono ligero del que carece, por ejemplo, Vivir; no obstante, ambas películas no están tan alejadas en cuanto a su sentido final. De hecho, es imposible no pensar en Kanji Watanabe, el protagonista de Vivir , cuando la princesa Yukihime canta mientras espera una muerte segura al lado de sus compañeros. Del mismo modo como hiciera el jefe de la sección de ciudadanos de Vivir en un bar de alterne, la princesa Yukihime realiza un canto sublime a la vida, una exhaltación del vivir con intensidad el momento presente. Dejando a un lado cuestiones técnicas, lo único que diferencia ambas escenas es el tono que imprimen en las canciones los dos personajes. Mientras que para la princesa Yukihime es un acto de alegría y agredecimiento por lo vivido, para Kanji Watanabe se trata de un estertor agónico, de un grito desesperanzado por el tiempo perdido y la imposibilidad de su retorno. La tesis de las dos escenas es tan evidente como universal: ¡vive el momento!, ¡carpe diem!.

Una vez resaltado el carácter más espiritual de la obra, vayamos con lo obvio. Sí, La fortaleza escondida es cine de aventuras. Una película de samurais, un film ken-geki (que se puede traducir como “teatro de sable”). También es jidai-geki (cine que retrata algún período de la historia japonesa anterior a 1868; este film se enmarca en el período Ashikaga –1338/1573–) y shomin-geki (comedia de costumbres). ¿Cine de aventuras? Sí, pero no sólo eso.

Rodada en 1958, está precedida de dos títulos de un fuerte empaque literario como son Trono de sangre (basada en el Macbeth de Shakespeare) y Los bajos fondos ( Donzoko ,1957) (de la obra homónima de Máximo Gorki). Kurosawa quiso realizar una cinta con la que divertirse y divertir. Para ello, utilizó como referentes, al igual que hiciera cuatro años antes con Los siete samurais , a uno de los géneros cinematográficos y, por ende, al director que más admiraba: el western y John Ford. Su genialidad y su dominio de la puesta en escena hicieron todo lo demás.

Para quien esto escribe, el cine (en su definición más básica) es el arte de contar historias a través de una cámara. Akira Kurosawa, ávido lector antes que director de cine, se entregó con esta película al puro placer de narrar una historia. No en vano, afirmaba que sus propias experiencias y los diferentes libros que había leído permanecían en su memoria, constituyendo la base sobre la que creaba cosas nuevas. ¿Quién no ha leído una historia como esta?. Una princesa exiliada que busca retornar a su reino y que está acompañada de un séquito que comanda un fiel samurai. En su camino, dos campesinos pobres y asustadizos, avaros y codiciosos, que aportan el lado cómico y picaresco, el contrapunto a la tragedia.

Kurosawa busca el espectáculo. La fortaleza escondida es su primera película en cinemascope. Este formato, perfectamente usado por el director, le permite componer planos de elevada belleza paisajística (nada gratuita ya que complementan el dibujo de los personajes) y jugar con el espacio y los movimientos de los actores. Con un ritmo endiablado en ocasiones (sobre todo en las escenas de acción) y más moroso en otras, el director de Ran (Idem, 1985)consigue entretener y conjugar una historia en la que se dan la mano el Kurosawa narrador y el Kurosawa pensador.

El perfil psicológico de los personajes es más que encomiable. Es habitual en el cine de Kurosawa que sus personajes escondan tras una máscara al ser humano frágil que todos somos. Eso mismo ocurre con los cuatro protagonistas del film. Tanto el samurai, como la princesa y los dos campesinos, son personas que se ven necesitadas las unas de las otras, a pesar de pertenecer a diferentes mundos.

Mención aparte merece el personaje femenino. La princesa tiene un papel activo y muy importante en la trama. Desde un segundo plano, observará el devenir de las vidas de su pueblo, será testigo de sus problemas de sus ritos, etc. Cosa que no hubiera observado de haber permanecido en su palacio. Las enseñanzas que recogerá durante su viaje formarán parte del bagaje que supuestamente aportará en el futuro a su reinado. Nada que ver este personaje con las típicas heroínas hollywoodenses del cine de aventuras. En La fortaleza escondida , este personaje no es un elemento decorativo sino que tiene un peso específico en la historia. Kurosawa no necesita meter con calzador la historia de amor consabida... ¿para qué?.

El mensaje más evidente que se puede substraer de la película es el que habla de la lucha del hombre por hacerse un sitio en el mundo. En La fortaleza escondida , no obstante, también podemos encontrar los grandes temas de Kurosawa: la pobreza (partiendo de la pareja de campesinos a los múltiples personajes con los que nos topamos en la película), la ecología (la fiesta del fuego y la constante presencia de la naturaleza), la vejez (encarnada en varios personajes secundarios), el poder y la guerra (motores de la acción del film), la perseverancia en una causa por encima de las circunstancias, la iniciación.... Todos estos temas están presentes en un segundo o tercer plano y consiguen, con su presencia, otorgar hondura a una película destinada a entretener. ¿Cine de aventuras? Sí, pero no sólo eso.