| Comentario a una encuesta. Apuntes de los 80 |
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| Las listas… ¡ya estamos otra vez! Que sí, de acuerdo, hacer listas no sirve para casi nada, ¿verdad? Prácticamente todos los que, de una forma o de otra, ejercemos la crítica cinematográfica estamos de acuerdo de que (a) Es un engorro realizarlas (b) Es un acto bastante frívolo y (c) A fin de cuentas incluso les cuesta llegar a ser significativas –todo lo dicho, se ajusta perfectamente, a la opinión al respecto de puntuar películas con estrellas, números, palomitas, aplausos… o lo que más le guste al medio poner-. Sin embargo, supongo que nos gusta darnos de cabeza siempre con la misma esquinada piedra, al fin y al cabo, a la hora de entrar a comentar cualquier estudio, siempre se observa cual es el film más votado o cuantas son las condenadas estrellas que se le ha puesto a tal o cual película. A este efecto paradójico, se le añade el interesante dato de que el lector del medio suele visitar siempre antes el topcine que los artículos de la críticas, y es que el placer de la comodidad siempre ha venido a confirmar la segunda ley de la termodinámica. Así que antes de entrar a comentar por que Toro salvaje ha quedado como el film más votado y, sin embargo, películas como Cazador blanco, corazón negro, Feliz Navidad Mr.Lawrence o El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante sólo han obtenido un voto, vamos a aprovechar la votación que Miradas de Cine ha coordinado, tanto con sus redactores como con diferentes amigos de la revista, sujetos cada uno a su manera, a la crítica cinematográfica, para lo que realmente es interesante: acercarnos a la década de los ochenta a través de sus películas y sus directores. Habría que empezar diciendo, que a priori, al menos este es el sentimiento que más o menos teníamos los coordinadores del estudio, la década de los ochenta parecía no ser tan atractiva como la de los noventa, que sometimos a estudio el pasado año. Hay dos factores muy significativos que contribuían a fomentar esta idea, por más que una vez ya realizado el estudio, hayamos descubierto las grandezas ocultas de dicha década. El primero de ellos vendría marcado por el cambio ideológico en las grandes compañías de producción norteamericanas, el abrumador éxito en los años setenta de Tiburón y La guerra de las galaxias , había devuelto a las majors un poder que habían ido cediendo desde finales de los sesenta hasta bien avanzados los setenta. Los realizadores norteamericanos estrellas de los setenta, aquellos que realizaron maravillas como The last Picture show, El exorcista, El Padrino, El cazador, Nashville, Malas calles, El regreso... acabaron dándose de bruces con la propia industria, al ser incapaces de equilibrar presupuesto y talento artístico. De esta quema, prácticamente sólo se libraron Martin Scorsese, que pudo remontar su carrera tras el vapuleo a New York, New York con la magnífica Toro Salvaje , y pese a que volvió a ser llevado a la hoguera crítica con una obra tan necesaria e inteligente como El rey de la comedia , tras el estreno de ¡Jo, qué noche! y El color del dinero –más cercanas al gran público que todo lo anterior filmado por Scorsese, y que conste que he evitado escribir la palabra “comercial”- el realizador neoyorquino consiguió la estabilidad que ninguno de sus coetáneos pudo disfrutar; y Francis Ford Coppola, al menos temporalmente, puesto que tras el apocalipsis financiero que significó Apocalypse Now , sus siguientes, y brillantes films: Corazonada, Rebeldes y La ley de la calle , vinieron a confirma que Coppola ha sido uno de los cineastas con peor suerte de la historia del cine, vaya, un hijo no reconocido de Orson Welles. Tras Cotton Club , la carrera del cineasta ha venido a ser el correcto trazado de un artesano, una pena, pues Coppola era uno de nuestro suicidas preferidos del cine norteamericano. El segundo factor, al menos tan frívolo como la propia lista, aunque indudablemente mucho más estúpido, es que si nos guiáramos para entender la historia del cine por la de los premios Oscars, sería para echarse a llorar y correr a aprender la crítica taurina y/o aprender las normas de la petanca. Atención a la lista de películas premiadas en los años 80 por que crea más ansiedad que una maratón de películas de Michael Haneke: Gente corriente, Carros de fuego, Gandhi, La fuerza del cariño, Amadeus, Memorias de África, Platoon, El último emperador, Rain Man y Paseando a Miss Daisy . La mayoría de ellas posee más votos como sobrevaloradas que como favoritas, y desde luego, si quitáramos a Milos Forman y a Oliver Stone, nos quedamos con un cúmulo de obras dignas del más necesario de los olvidos. Realmente escalofriante. Si realizáramos ahora una vista de pájaro de la extensa votación, se podrían abrir algunos caminos para un posterior análisis que cedo amablemente al lector y su círculo de amistades. Por un lado, tenemos los grandes cineastas de la década, aquellos cuya trayectoria en dicha década ha hecho repartir los votos entre sus diferentes películas. Realizadores tan distintos como Wim Wenders –a esta década le corresponde lo mejor de su obra: Relámpago sobre agua, El estado de las cosas, París, Texas, Cielo sobre Berlín- , Woody Allen –posiblemente el único cineasta que estaría presente en las listas de todas las décadas desde los setenta hasta los noventa-, Clint Eastwood, John Carpenter y David Cronenberg, estos últimos, cineastas que ya habían empezado su carrera en los setenta, pero fue en los ochenta donde empezaron a adquirir una madurez artística que ya no les abandonaría hasta los tiempos actuales –observar si no sus últimas obras: Mystic river, Fantasmas de Marte y Spider-. A esta lista quizás habría que añadir a Steven Spielberg, que igual era capaz de recrear la más pura de las fantasías con En busca del arca perdida o de caer en la sensiblería más estridente con El color púrpura , y a Ridley Scott, cineasta que aún se beneficia de los logros estéticos obtenidos con Alien, el octavo pasajero y Blade Runner , pese a ser el autor de películas como Thelma y Louise y La teniente O'Neill (a un cineasta como John McNaughton aún se le ofrece el beneficio de la duda, pues si bien ninguno de los títulos posteriores a Henry, retrato de un asesino , ha llegado a igualar a este, al menos tampoco lo desmerecen). Siguiendo escarbando entre lo mejore de la década, si abandonamos Norteamérica, no logro encontrar ningún realizador con la fuerza que tuvo Wim Wenders, pero sí una lista de realizadores de distinta suerte que conviene entrar a desglosar: Por un lado tenemos a Louis Malle, Milos Forman, Krzysztof Kiéslowski, Peter Weir y Billie August, realizadores que lograron algunos de sus mejores films – Adiós, muchachos, Amadeus, No amarás, El año que vivimos peligrosamente y Pelle, el conquistador -, todos ellos, autores de más de una obra significativa, algunos como Malle, incluso hoy, tristemente olvidados –a otros como Billie August, mejor olvidarle, ¿Cómo puede el realizador de Smila, misterio en la nieve tener dos palmas de Oro?-. Por supuesto los clásicos como Shohei Imamura, Akira Kurosawa, Ingmar Bergman, Jean-Luc Godard o Eric Rohmer, cineastas aún en activo, poseedores todos ellos de una extensa e incontestable obra que en esta década volvieron a ser indispensables con sus obras Lluvia negra (sin olvidar la magnífica La balada de Narayama ) , Ran, Fanny y Alexander, Passion y El rayo verde, , o los que fallecieron o hicieron su última obra: Andrei Tarkovski, Francois Truffaut, Sergio Leone, Robert Bresson –y los norteamericanos John Huston, John Cassavettes y Samuel Fuller-, en el caso de algunos como Tarkovski con Sacrificio, Leone con Érase una vez en América , Bresson con El dinero o Huston con Dublineses , cerrando con un broche de oro su carrera, a la altura de sus mejores películas. Colgado queda el cineasta fallecido Stanley Kubrick, presente en la lista con sus dos films en la década: El resplandor y La chaqueta metálica , interesantes films, que sin embargo, se me antojan muy inferiores a obras anteriores ( La naranja mecánica, 2001: Una odisea del espacio, Barry Lindon ) y posterioes ( Eyes Wide Shut ). Volviendo a Norteamérica, ahora tocaría resaltar los cineastas emergentes de dicha década, aquellos que supieron moverse entre los parámetros de la industria independiente e intentaron avanzar con su obra manteniendo una filosofía propia e íntegra, que le serviría para defenderse del mainstream impuesto por la industria. Algunos de ellos, como David Lynch, Jim Jarmusch, Spike Lee y Terry Gilliam, a partir de primeras obras como El hombre elefante, Strangers on Paradise, Haz lo que debas y/o Brazil , fueron creciendo como cineastas hasta lograr el status de cineastas de culto que poseen en la actualidad –manteniendo además una independencia patente en sus últimas y excelentes obras: Mulholland Dr., Ghost Dog: The Way of the Samurai, La última noche y Miedo y asco en Las Vegas- . Otros, como Sam Raimi, Steven Soderbergh, los hermanos Coen y los inmigrantes Stephen Frears y Paul Verhoeven, que abrían sus carreras con películas de la talla de Posesión infernal, Sexo, mentiras y cintas de vídeo, Sangre fácil, Mi hermosa lavandería y El cuarto hombre , acabarían siendo absorbidos por la industria para luego resultar reciclados y producir films como Spider-man, Ocean's Eleven, Crueldad intolerable, The Hi-Lo Country y El hombre sin sombra . Por último, para ir acabando este listado que empieza a parecerse a un catálogo incompleto, cabría citar a los realizadores que hoy en día son los cabezas de fila de la cinefilia y que ya en los ochenta, empezaban a resultar significativos: Lars Von Tier con Epidemic, Atom Egoyan con Speaking parts, Michael Haneke con El séptimo continente, Abbas Kiarostami con ¿Dónde está la casa de mi amigo?, Aki Kaurismaki con Leningrad Cowboys Go America, Raoul Ruiz con Mantel on the island of Marvels, Zhang Yimou con Sorgo rojo, Takeshi Kitano con Violent Cop … serían algunos de estos realizadores con sus correspondientes e indispensables obras. El hecho de que de toda esta lista sólo se puedan encontrar copias editadas en España de Sorgo rojo y de Violent Cop, dice también bastante de las distribuidoras de nuestro país (aunque ahora que lo pienso, ni siquiera se han estrenado en nuestro país los últimos films de Angelopoulos, Kiarostami, Ruiz y Yimou). He dejado para el final el comentario al cine español, pues pese a contar con una punta de lanza como Víctor Erice y su magnífica El sur, el resto de realizadores (José Luis Guerín, Basilio Martín Patino, Pedro Almodóvar, Mario Camus, Fernando Fernán Gómez, José Luis Cuerda) aparecen casi de manera testimonial. ¿Significativo? Bueno, si obviamos el estancado debate con Erice, por lo menos es una alegría contar con la presencia de cineastas tan malditos como Patino y Guerín, mientras que otros, bastante más taquilleros y conocidos, no han tenido un solo voto. |