| 1980 • EL IMPERIO CONTRAATACA (The Empire Strikes Back, Irvin Keshner) |
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Un viaje a la oscuridadTres años después del fenómeno cultural, social y comercial que supuso el estreno de una pequeña película de aventuras galácticas, sin más pretensiones que recuperar la serie B del viejo Hollywood, y convertido ya en uno de los hombres más ricos de América, en virtud de un término novel y hasta entonces desconocido, “merchandising”, George Lucas, se aprestó a continuar una historia que en principio, y por mucho que él lo diga (este hombre tiene la manía de cambiar las cosas a su conveniencia) no tenía prevista su continuidad; al menos no más que cuatro líneas de guión. Tras el inesperado éxito de La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977) y en medio de la locura colectiva, Lucas empezó a darle forma a una historia para hacer nueve películas (que se quedarían en tres, remezclando los episodios 6, 7, 8 y 9 en El retorno del jedi, y posteriormente en seis, cuando decidió rodar los tres primeros y que varios fans de la saga, renegáramos ya de todo su mundillo, donde la chapuza y las ansias monetarias, rigen los destinos de sus personajes). Pero en 1980, aún había magia en el ambiente, y Lucas que sabiamente supo delegar la realización y el guión del film en gente que le supera ampliamente como creadores, consiguió facturar, no sólo la mejor película de la saga Star Wars, de lejos, sino además, la que para mí es un hito del cine de aventuras y una de las mejores películas de la década de los ochenta. Más preocupado en dar forma a la figura de plástico de Chewbacca que sacaría al mercado tiempo después, que en llevar el proyecto personalmente (el rodaje de la primera Star Wars en Inglaterra le había destrozado los nervios, por la falta de colaboración de técnicos y reparto) Lucas encomendó el guión de la secuela de su aventura estelar a Lawrence Kasdan, incipiente guionista, que logró una auténtica filigrana (meses después haría lo mismo con el guión del primer Indiana Jones y debutaría en la dirección con ese magnífico remake de Perdición (Double indemnity, de Billy Wilder. 1946) que es Fuego en el cuerpo). Kasdan, autodidacta y profundo conocedor del cine clásico, junto a Leigh Brackett, dotó de densidad los diálogos y las relaciones entre personajes de una forma muy consistente. Convirtió la relación de Solo y Leia en una película de Hepburn-Tracy, y convirtió la travesía del “Halcón milenario” en una película de aventuras marinas al estilo Walsh. Pero lo más importante del film, es que desapareció casi completamente el tono de aventura infantil que impregnan el original y el tercer título de la saga (de las últimas tres películas, dos ya estrenadas y una por hacerlo, me niego a hablar). El imperio contraataca, es una aventura negra y oscura, terrorífica, casi no apta para impúberes, muy poco convencional, y alejada de muchos clichés del cine de aventuras tradicional, al que como he dicho antes toma como base. Irvin Keshner, profesor de Spielberg y Lucas en la escuela de cine, fue el que recibió el encargo de la dirección, (poco despues rodaría el apócrifo Bond Nunca digas nunca jamás con Connery, y la segunda parte del Robocop de Verhoeven). Ni que decir tiene, que Keshner demostró tener mucho mejor pulso y personalidad que su discípulo, y puesto que el tono de esta segunda aventura no ha vuelto a reproducirse en toda la saga, habrá que achacar a su dirección buena parte del mérito de la película, que está muy por encima del resto de cosas de este mundo que tiene que ver con Star wars. La película tiene otro hecho puntual que marcaría la oscuridad y el desarrollo de la saga. No se rodaba cronológicamente como es normal, y a mitad de rodaje, unos meses antes de irse a Noruega para filmar toda la parte inicial de Hoth, el protagonista Mark Hamill, tuvo un accidente de tráfico que le desfiguró la cara completamente. Kasdan tuvo que reescribir junto a Lucas todo el comienzo del film, e introducir el ataque del Wampa a Luke Skywalker ,que le desfigura la cara. Y de esta manera al principio y final de la película la cara de Hamill, no es la misma, como se puede comprobar, que hacia la mitad del film (posteriormente en la tercera parte se justificaría este cambio de faz del protagonista, por su intromisión en el conocimiento de la fuerza, y la consiguiente adquisición de un semblante grave conforme a ello… en fin…). Anécdotas aparte, Keshner entendió mucho mejor que su creador la naturaleza de la historia, y filmó la misma (adelantándose unos años a sus colegas), como si de un cómic se tratara, haciendo incluso la transición entre las distintas historias paralelas, como si de viñetas se tratara. La magnífica batalla inicial, tantas veces copiada una y otra vez (el último, Peter Jackson) entre las naves rebeldes y los monstruos de acero del imperio, alternando planos cortos con los generales de maquetas, sin que apenas se aprecie diferencia, alternandolo con el suspense de la evacuación de Solo, y aderezado con los punzantes diálogos que éste y la princesa se dedican, es simplemente maravillosa. John Williams, volvió a hacerse cargo de la partitura, y compuso desde luego tambien la mejor obra de la saga. Alejada del consagrado Tachán. Tachín, creó otro mito musical, como es la “marcha imperial”, captó la magia como nadie con los temas que suenan en Dagobah o en Bespin, definiendo de esta manera a Yoda sin palabras ni diálogo (años más tarde conseguiría volver a captar la magia de igual forma, sólo con música, en el inicio de la saga Harry Potter). Pero es en los temas más pequeños y secundarios, donde verdaderamente demostró la calidad de su música. Es Williams, y no otro, el que por ejemplo confiere a la escena del campo de asteroides, su completa intensidad. Gracias a esa música, a los hilarantes diálogos y al frenético montaje de Paul Hirsch y Lucas, se consiguen cinco minutos de cine antológico. A estas alturas de la aventura, ya se había demostrado que Mark Hamill era simplemente una pétrea cara bonita, y que Harrison Ford le iba a comer la merienda en todas sus escenas (a él y a todos) con lo que a este personaje secundario se le fue dando tanta importancia como a la de los hermanos protagonistas. Fue precisamente en la preparación de esta película, cuando se tuvo que definir que relación iban a tener Leia, Luke y Solo en la saga y quien acabaría con quien y por qué. Así pues los planes de matar a Solo en carbonita, se tornaron en congelación, dando más importancia al personaje (al no matarlo, obviamente) descubriendo ya claramente los sentimientos de leia, y proporcionando uno de los momentos más dramáticos y románticos de toda la saga con ese «–Te quiero –Lo sé» segundos antes de la congelación. Si en la primera película, una de las cosas que mejor habían funcionado era la relación entre el mago y su aprendiz, en esta segunda parte, el papel de maestro se le encomendó a un pequeño bicho verde con pinta de sapo, jubilado gran maestro de jedis, de nombre Yoda. Yoda es otro extraño eremita que habita en el planeta-pantano de Dagobah, y es al menos hasta el Gollum de Jackson el personaje virtual más creíble de la historia del cine (con permiso del invisible Harvey, colega de Stewart). Yoda fue un encargo a Henson de Lucas; un encargo del que se ocupó el ocasional realizador Frank Oz, moviendo la marioneta y poniendo la voz en el original. El trabajo final, fue sencillamente perfecto. Fue, y aún hoy, sigue siendo iincreíble, ver la perfección de expresiones faciales y movimientos que en ese año, consiguieron extraer de una simple marioneta. De hecho, Yoda desprendía tal naturalidad y personalidad, que se convirtió al instante en uno de los personajes más carismáticos e importantes de la saga. Es precisamente en la estancia de Luke en Dagobah, cuando aparece el primer rasgo de oscuridad de la película. Me refiero a la intrusión de Luke en esa cueva donde habita el mal. Allí Luke, comprobará por sí mismo, que el peligro al que se enfrenta, no es otro sino el mismo, y su posible paso al reverso tenebroso, alimentado por el odio que siente hacia Vader… Si odias tanto a tu enemigo, muy probablemente acabarás convertido en eso que tanto odias de él. Pero a partir de ese punto simbólico (ya no estamos en una peli de palomitas adolescente), la película es cuando adquiere verdadera densidad. El desenlace se produce en la ciudad minera de Bespin entre las nubes. Es éste una especie de paraiso onírico (para mí uno de los lugares más mágicos y sugerentes del universo Star Wars), donde la traición se revelará como dura y casi insoportable, un lugar semiabandonado, a caballo entre una dictadura de la grecia pre-helénica, y una utopía platónica (lástima de los retoques hechos a la misma en esas nefastas ediciones especiales, perpetradas por Lucas en 1997). En Bespin tiene lugar la congelación de solo ya comentada, que supone simbólicamente la muerte del héroe, y tiene lugar también la trampa tendida para capturar al otro protagonista, que sin embargo será mucho más dura que lo que jamás podíamos haber llegado a pensar. En los conductos de ventilación de Bespin, tiene lugar LA REVELACION. Vader, el legendario personaje siniestro de la saga, oculto tras esa máscara mitad casco nazi, mitad calavera, descubre su identidad, y deja a Luke y al espectador en estado de shock. Confieso la emoción embargada cuando siendo niño viví este momento en una sala, las pesadillas posteriores, y el intento de asimilar una información adulta en la cabeza de un niño; recuerdo los debates posteriores de la gente sobre la veracidad o no de esa revelación, y el mundo derrumbándose en el imaginario infantil, de quien no espera perder la inocencia tan pronto. Ese punto, en la saga de Star wars, es el que le otorga todo su interés a esta historia, el que le otorga densidad y madurez. Ése y la posterior mutilación del héroe, rompiendo otra de las reglas clásicas del cine de aventuras, como es la integridad física del héroe. Despues de ochenta años de cine, el villano, no es el mutilado, sino que es el héroe el que pierde un miembro de su cuerpo. El modelo transformado en algo con lo que nadie se quiere identificar. La perfección idealizada del caballero, convertido en un minuto de pelicula, en un tullido físico y emocional. Lucas, no sólo consiguió poner a sus protagonistas en el peor punto posible de su periplo, sino que les colocó a un nivel psíquico y emocional tan profundo, que el resto de aventuras filmadas sobre el tema, no volvió a estar a ese nivel de intensidad, ni a tener la misma calidad cinematográfica. Todo a partir de ahí ya sonaba ha visto y a infantil, incluso el duelo final que cierra el capítulo tres, y la apertura de la máscara de Vader incluída. En el final de El imperio contraataca, el personaje más rico e interesante de la historia adquiere una dimensión extraordinaria con su revelación, y traslada al héroe tambien a un conflicto psíquico-emocional, que apartan definitivamente a la película del cine comercial o adolescente. Recuerdo la infinita tristeza que siempre me produce tambien la última imagen de la película, una imagen a caballo entre la esperanza y la desesperanza, existencialista sin lugar a dudas. Leia y Luke (con brazo ortopédico incluído), abrazados frente a un enorme ventanal de una nave de transporte, mirando las estrellas. Imagen que se devuelve desde fuera de la nave y que va abriendo el plano, hasta hacer de ese ventanal algo diminuto. El imperio contraataca, se transforma así en cine que trasciende de la propia saga donde se ubica, y de todo el cine de Lucas, por superación amplia de objetivos y contenidos. Es en este sentido un film desmitificador, negro y perturbador, donde el mal no solo triunfa sobre el bien, sino que extermina toda esperanza en los protagonistas y en los espectadores, haciéndose plantear a ambos, un sinfín de cuestiones. Para mí la película fue mucho más que eso, con diez años, me mostró la terrible y desagradable naturaleza de este mundo, y me sacó de mi infancia de héroes que siempre triunfan, a patadas. |