1983 • EL SUR
(Victor Erice)
 
SumarioVotaciones
Por Joaquín Vallet Rodrigo
Cartel de la película
España-Francia, 1983. Director: Víctor Erice. Productor: Elías Querejeta. Guión: Victor Erice basado en la novela de Adelaida García Morales. Fotografía: José Luis Alcaine, en color. Música no original: Enrique Granados y Maurice Ravel. Dirección artística: Antonio Belizón. Vestuario: Maiki Marín. Montaje: Pablo G. del Amo. Duración: 92 min. Intérpretes: Omero Antonutti (Agustín Arenas), Sonsoles Aranguren (Estrella, 8 años), Icíar Bollaín (Estrella, 15 años), Lola Cardona (Julia), Rafaela Aparicio (Milagros), Aurore Clément (Irene Ríos/Laura), Francisco Merino (), Maria Caro (Casilda), José Vivó (camarero), Germaine Montero (Doña Rosario).
 
Miradas de Cine © 2002-2004

El arte y el dinero

Cierto es que la figura del productor ha sido uno de los grandes obstáculos para la plena creación artística de directores que representaban una nueva manera de entender el cine. Ejemplos más que evidentes son la escabechina que realizó Irving Thalberg con la pieza cumbre de Erich Von Stroheim, Avaricia (Greed, 1923), reduciendo las nueve horas originales a 138 escuetos minutos; o los imperdonables cortes con que la RKO castigó el individualismo de Orson Welles, transformando los 131 minutos de El cuarto mandamiento (The magnificent Amberso) en una escasa hora y media que, sin embargo, deja plena constancia de la potente genialidad de su autor. Es evidente que éstos casos ejemplifican a la perfección que el responsable del flanco comercial de una película es, en la mayoría de ocasiones, un ser tiránico incapaz de sacrificar ni la más mínima cantidad económica en pro del arte.

Ante ello, El sur y la figura de Víctor Erice representan uno de los casos más singulares que ha ofrecido la Historia del Cine. Ésta película ha sido, es y seguirá siendo para su autor una pieza incompleta (1), debido a que el relato que adapta, escrito por Adelaida García Morales, sigue con la ida de Estrella al sur y con la toma en contacto de todo el enigmático universo de su padre, Agustín. Elías Querejeta le suspendió el capital a Erice y, por tanto, le incapacitó para el rodaje del resto del film.

No sabemos, por tanto, qué es lo que hubiera sido El sur, si el cineasta hubiera contado con todo el presupuesto y el rodaje de la película se hubiera concluído tal y como se había escrito en el guión y tal y como eran los deseos de Erice. Pero hay que dejar bien claro que pocas decisiones parecen tan acertadas como la tomada por Querejeta. Probablemente, si el film hubiera contado con la mencionada continuación en Andalucía el poder de sugestión que desprende la obra tal y como la conocemos menguaría notablemente, ya que una de las claves que hacen que éste film sea una obra maestra se halla en lo enigmático de sus personajes (tanto en el de Omero Antonutti –espléndido–, como en el de su hija) y en la fascinación que la relación paterno-filial desprende hacia el espectador. Por consiguiente, se hace de todo punto innecesaria una explicación o una “segunda parte” a todo lo que ya hemos visto. El sur del título merece continuar siendo ése lugar utópico, radiante de luz, en el que todas las sombras de la vida cotidiana, así como todas las sombras que se ciernen sobre la personalidad de Agustín pueden cobrar luminosidad, pero quedan en el terreno de lo anhelado o soñado antes que realizado. Sin duda, la conversión de dicho sur, casi onírico, en un paraje real significaría un descenso notorio en la capacidad simbólica del film, muy a pesar de los deseos de Erice.

Aunque, dejémoslo claro, ello no es una explicación a la penosa situación en la que el cineasta se encuentra dentro de la industria cinematográfica española. El desencuentro con Andrés Vicente Gómez a la hora de la producción de El embrujo de Shanghai da constancia que las colisiones de Erice con el ente productor no son cosa del pasado. Y, de tal forma y manera, que la decisión de Querejeta de dejar El Sur como estaba es debido, sin ningún género de dudas, al conocimiento (Querejeta es uno de los productores más inteligentes que hay en este país) del inmenso valor del film y que no era necesario ningún plano más para su completa comprensión (2), la resolución tomada por Gómez ilustra la otra cara de la moneda, es decir, lo expuesto en el primer párrafo de éste artículo: el retorno del productor mezquino, ególatra y autosuficiente, sin la más ligera idea de lo que el cine representa como medio artístico y, por lo visto, únicamente empeñado en coartar la libertad creativa de todo cineasta a quien financia. Lo que El embrujo de Shanghai pudiera haber sido y no es (aquí sí se pueden utilizar éstas palabras, no en El Sur ) se encuentra en la abismal diferencia del guión escrito por Erice y los penosos resultados cinematográficos logrados por Fernando Trueba, a quien Andrés Vicente Gómez contrató in extremis, como fiel sirviente, para llevar a cabo (malograr, dicho de otra forma) la adaptación de la soberbia novela de Juan Marsé.

Que un cineasta como Víctor Erice tenga que reciclar su talento en la realización de spots televisivos y que no se le dé oportunidad de dirigir más que una vez cada diez años (y eso teniendo suerte) es una muestra más que clara de lo extremadamente obtuso que puede llegar a ser el mundo cinematográfico de este país, ya que no existe una clara explicación para ésta situación. Todas las películas de Víctor Erice, muy a pesar de su condición intelectual o minoritaria, han funcionado perfectamente en taquilla y han obtenido éxitos más que clamorosos allá donde se han exhibido. Que sea un cineasta que necesite un tratamiento especial porque su sistema de rodaje puede ser diferente al de la gran mayoría de sus colegas es, en el fondo, una inversión ya que se puede tener la plena seguridad de que el resultado final puede llegar a marcar un antes y un después en el discurrir fílmico de éste país, tal y como El espíritu de la colmena (1973), El sur y El sol del membrillo (1993) han establecido. No hay, repito, explicación posible ante ésta situación, de todo punto inimaginable en otras cinematografías donde el arte está muy por encima de los cánones económicos.

(1) Cuando el programa de TVE Versión Española emitió El sur hace un año aproximadamente, Erice volvió a insistir en la condición de inacabada que, para él, representa ésta obra.

(2) La obra está considerada como una de las mejores películas del Cine Español (y del cine en general, para quien esto suscribe), lo que además del impacto que causó en el Festival de Cannes de 1983 y en otro buen número de certámenes en los que se proyectó (el de Chicago y el de Burdeos, por ejemplo, donde consiguió sendos galardones a la mejor película) reafirman que Querejeta no tomó su decisión a la ligera y que era plenamente consciente de lo que hacía.