| 1981 • EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA (Riders of the Lost Ark, Steven Spielberg) |
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Su nombre es Jones, Indiana JonesLa década de los años 80 supuso dentro del pasado siglo XX un cambio y una ruptura radical en todos los aspectos, no ya sólo culturales y estéticos para con todo lo anterior. La concepción del mundo varió y en algunos casos se estabilizaban nuevas tendencias mientras que en otras empezaban a formarse nuevos conceptos artísticos e incluso socio-político-económicos que alteraron el mundo. En consecuencia la estética, la moda y la sociedad cambiaron en una etapa dominada por la laca, el cuero las guitarras de punta, la confirmación de las tendencias punk y una separación radical entre unos valores demasiado esforzados en romper con la “antigüedad” que suponía el pasado más reciente. Por supuesto el cine no podía permanecer ajeno a ello, y en una época donde el hombre más poderoso del mundo era precisamente un ex-actor (el recientemente fallecido Ronald Reagan) comenzó a tomar unos caminos que buscaban deliberadamente separarse de las anteriores etapas buscando una tan ansiada como innecesaria modernidad escudándose en excusas tan vacuas como válidas para intentar pertenecer a lo más nuevo, lo más destacable, lo más actual. En una etapa del desenfreno y mientras en España reinaba la movida junto a las películas petardas del primer Almodóvar, en los Estados Unidos con el sistema de estudios definitivamente enterrado y con la nueva ola independiente que luchaba por abrirse camino, una nueva sombra de incertidumbre e inseguridad se asomaba con cada vez más presencia sobre el mundo del cine. La eclosión y partición que supuso a finales de los 70 los éxitos de Tiburón (Jaws, Steven Spielberg. 1975) y La guerra de las galaxias (Star Wars. George Lucas, 1977) dentro de la concepción mercantilista del cine, éste experimentó una serie de transformaciones durante los primeros años de la nueva década que si bien en algunos casos evolucionó y nos dejó grandes obras maestras, en la mayoría no supuso nada más que un conjunto de obras vacías que no han sido respetadas por el paso del tiempo y que por desgracia vistas hoy, parecen mucho más antiguas que películas de los años 50 por poner un ejemplo fácil. Por suerte, muchos grandes creadores permanecieron ajenos a estos cambios e inseguridades colectivas manteniéndose fieles a su estilo y principios y nos dejaron muestras (con sus altibajos como cualquier carrera) de su saber hacer incluso sorprendiéndonos con su fácil adaptación a los nuevos tiempos pero sobretodo por su atemporalidad constante, es decir fácilmente sus películas pueden ser ubicadas en un tiempo que en otro, pudieron ser filmadas hace sesenta años o tan sólo cinco. He ahí la grandeza. Lucas y Spielberg, no contentos con haber transformado la concepción mercantilista del cine a finales de la pasada década, volvieron a hacerlos a principios de los años 80 con la creación de un personaje que ya hoy deviene mítico. Más que el protagonista de una película de aventuras se ha convertido en un icono cinematográfico y social sin parangón. Su nombre: Jones, Indiana Jones. En contraposición a las nuevas tendencias que asolaban el panorama cinematográfico con la constante variación de géneros intentando optar por un eclecticismo continuo, Lucas y Spielberg ofrecen todo lo contrario. Un retroceso al cine más clásico, al cine en estado puro ejemplificado en este caso del género de aventuras bañándose en las grandes películas que desde finales de los años 30 hasta finales de la década de los 50 nos dejaron grandes cineastas para nuestro deleite. Además de tomar como referencia las películas comentadas, el mero hecho de situar la acción del largometraje durante la segunda guerra mundial, un contexto mucho más universal y por lo tanto menos específico le añade pues el halo de obra atemporal que se desvincula totalmente de los estilos tan buscados por sus coetáneos durante esos mismos años. Los factores que convierten y ensalzan En busca del arca perdida en un fenómeno que trasciende las barreras de una pantalla de cine son varios. En primer lugar, como reconocidos cinéfilos y grandes conocedores del mundillos en el que se movían, Lucas y Spielberg supieron sacar jugo creando una trama en la que mezclaban aventura, acción, drama, romance y ocultismo religioso, un tema muy de moda y atrayente, lo que unido a la condición de héroe atípico de Indiana Jones, el héroe más humano y machacado de la historia del cine ya que a diferencia de los superhéroes que ni siquiera se despeinan al luchar contra el mal, el espectador ve a Indy sufrir, sudar, quejarse cuando se encuentra herido y pasarlo fatal para acabar hecho polvo, hecho que certifica una mayor aceptación- acercamiento entre el público y el personaje. A ello sumemos en la coctelera la concepción estética de Jones (detalles como un látigo o el ya mítico sombrero) más el carisma de su principal protagonista, un Harrison Ford cada vez más emergente y que encaja como un guante en el papel que le convirtió en superestrella, provocaron la separación como película de aventuras en su concepción para desbancarse de cualquier etiqueta y formar parte de las grandes obras que el cine nos legó en el siglo pasado. Para ser justo no hay que olvidar que la mayor parte del mérito se debe a las almas que dieron vida al proyecto. Lucas como argumentista creó un personaje que protagoniza una trama encabezada por recuperar el arca de la alianza de manos nazis, pasando por el guión de Lawrence Kasdan, de una resolución y tratamiento dentro de su género modélico, pero sobretodo pasando por la atronadora fuerza de un Spielberg tras la cámara en plena forma tras encadenar Tiburón y Encuentros en la tercera fase (Close encounters on the third kind, 1978) y que en la presente película encuentra el ritmo perfecto que tan bien sabían imprimir Curtiz, Siodmak o Lang a las grandes películas de aventuras de todos los tiempos. Spielberg establece una intensidad durante todo el metraje que no decae y una capacidad de aparentar un estilo invisible que avanza en fuerza a la par que avanza la acción. Las soluciones visuales con las que el director plantea ciertas secuencias como la persecución y resolución con los cestos en El Cairo o la pelea en el avión con el oficial nazi, la utilización de la memorable banda sonora compuesta por el magnífico John Williams, le da a En busca del arca perdida una pretendida voluntad de separarse de cualquier cliché y etiqueta para discretamente pasar a ser disfrutada y entendida por todo tipo de público siendo invulnerable al paso del tiempo a pesar de ser una de las mejores de la década en la que fue rodada (para ser más exactos, la trilogía de Indiana Jones fue rodada toda en los años 80). Lo mejor que se puede decir de una película como en busca del arca perdida es que destila una magia propia que la desvincula de cualquier frontera física y global el selecto grupo de películas que permanecen por méritos propios y más que justificados como una de las más grandes obras maestras que el cine de aventuras ha dado nunca. |