| 1989 • VIOLENT COP (Sono otoko, kyobo ni tsuki, Takeshi Kitano) |
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Marcando estiloEn la época en que “Beat” Takeshi Kitano era más conocido en Japón por el duo humorístico que formaba junto a Jiro Matsuzuruya Jiro, The Two Beats, el hoy reputado director, actor, guionista, novelista, pintor y presentador de televisión entre otras cosas, se disponía a protagonizar la película Violent Cop, que iba a dirigir el recientemente fallecido Kinji Fukasaku. Tras desvincularse del proyecto el codirector de Tora, Tora, Tora (id., 1970, Richard Fleischer, Kinji Fukasaku, Toshio Masuda), y casi por azar, Kitano se encontró dirigiendo su primera película, hasta la fecha la única que no ha escrito él mismo, a pesar de que le diese un pequeño repaso al guión original de Hisashi Nozawa. ¿Se imaginan a Emilio Aragón interpretando a un policía violento? Eso mismo que están ustedes pensando, salvando las distancias, es más o menos lo que pensarían los japoneses de Violent Cop. Y sin embargo, la cosa funciona. La película se vendió en occidente como “La respuesta japonesa a Clint Eastwood” por razones puramente comerciales. Este hecho se debe sobre todo a que el personaje de Kitano, el inspector de policía Azuma, utiliza unos métodos de trabajo muy similares a los de Harry Callahan, uno de los trabajos más emblemáticos de Eastwood. Pero Violent Cop es mucho más que un Harry el sucio a la japonesa. Es una de las obras debut más prometedoras del cine oriental en mucho tiempo, eso sólo para empezar. En Violent Cop Kitano comenzó a marcar las pautas de lo que poco a poco se iría convirtiendo en una de las miradas cinematográficas más personales, no sólo ya en oriente, sino en todo el mundo. El empleo de una violencia explícita y descarnada es una de las señas de identidad de la película. Una violencia sangrienta y que se fundamenta mucho más en la pelea física, cuerpo a cuerpo, que en la de las armas de fuego, pero que a su vez es en muchas ocasiones más poética que otra cosa, pues bien sea por la conjunción con la música, bien por los encuadres de Kitano, igual que en el cine de Tarantino, y lo pongo de ejemplo porque ahora está de actualidad, el director japonés comenzó demostrando que la violencia, igual que la arruga, puede ser bella, algo que reafirmaría en muchas de sus obras posteriores como por ejemplo Hana-Bi (id., 1997) o la reciente Zatoichi (id., 2003). Otro de los rasgos distintivos del cine de Kitano que ya se hallaba presente en esta obra debut es la ausencia de interpretación, tanto por su parte como por la del resto de actores. El director siempre ha reconocido decantarse por aquellos intérpretes que menos actúan. Esto, igual que el hecho de buscar belleza en la violencia, puede resultar bastante discutible, no hay duda. El objetivo que busca Kitano con esta minimización de la expresividad interpretativa, no es otro que resaltar una vez más la belleza plástica de las imágenes, su unión con la música, la brillantez de su puesta en escena, sin desviar la atención hacia objetivos secundarios, para que su obra sea considerada como lo que busca ser, como una obra de arte. Por supuesto que es muy pretencioso, pero persigue un objetivo claro, y lo logra. También es indudable que aunque Violent Cop tiene detalles ejemplares, el director de A Scene at the Sea (Ano natsu, ichiban shizukana umi, 1991) no explota al máximo su sensibilidad artística, que ha ido depurando a medida que avanzaba su filmografía, alcanzando una y otra vez picos que parecían difíciles de superar, y sin embargo, superándose: Hana-Bi, El verano de Kikujiro (Kikujiro no natsu, 1999), Dolls (id., 2002), Zatoichi. La tradición kitaniana de las bandas sonoras minimalistas con predominio del piano, en su mayor parte a cargo de Joe Hisaishi, que habitualmente acompañan las imágenes de sus películas se inició con la partitura de Daisaku Kume para Violent Cop, en la que, como también viene siendo costumbre, hay un tema que se repite a lo largo de todo el metraje, y que Kitano utiliza con diversos fines, por ejemplo, para relacionar el plano al comienzo de la película en el que Azuma se dirige al trabajo, con un plano idéntico, al final de la misma, de Kikuchi, el que comienza siendo su compañero novato y termina aprendiendo deprisa. La evolución necesaria, que dirían algunos. O estás con los corruptos o contra ellos. El chico lo tiene claro. “No es tonto”. Pero por ejemplo este mismo tema también es empleado en la secuencia a cámara lenta en la que uno de los traficantes a los que persiguen le abre la cabeza a uno de los agentes con el bate de béisbol (uno de los deportes favoritos de Kitano, por cierto, que también hace acto de aparición en gran parte de su filmografía), convirtiendo un acto de violencia pura en un pequeño haiku visual. Este hecho, por cierto, da pie a una secuencia de persecución totalmente envidiable sin necesidad de recurrir a una música atronadora, ni choques de coches, ni disparos a mansalva. En esta misma persecución Kitano emplea numerosos recursos de puesta en escena, que a pesar de su aparente simpleza componen una secuencia magistral, por ejemplo la brusca interrupción de la música cuando se cruza una bicicleta en medio del camino de Azuma y Kikuchi, o la brutal aparición en off (escuchamos la rotura de la luna del coche) del delincuente cuando ambos le daban por muerto tras haberle atropellado. Los personajes femeninos en el cine de Kitano son presentados como el sexo débil, son casi siempre mujeres desvalidas o enfermas, y por lo general son utilizadas por el japonés (en parte con cierta misoginia) para humanizar a sus personajes masculinos, ya que a pesar de ser yakuzas, violent cops o delincuentes comunes, muestran su lado sensible cuando velan por sus hermanas, esposas o novias. En Violent Cop la hermana de Azuma es la viva representación de este hecho. Recién salida de un sanatorio mental, Azuma hace lo posible por cuidarla y protegerla. Por eso, el final puede ser entendido como un acto redentor, aunque eso sí, bastante menos poético que el desenlace de Hana-Bi donde el disparo es en off, por eso decía antes que a pesar de la gran magnitud de Violent Cop, sobre todo teniendo en cuenta que es el primer acercamiento a la dirección de su realizador, sí había detalles que todavía resultaban menos delicados de lo que podrían llegar a ser. Eso sí, en el filme que nos ocupa, esta crudeza le da un toque salvaje y despiadado que va en consonancia con el estallido de violencia final y ese «Están todos locos» que nos devuelve al comienzo de la rueda, con Kikuchi atravesando el puente camino de la recogida de su soborno. Es decir, Kitano aquí no busca tanto conmover, sino más bien perturbar. Y quizá lo más destacable de Violent Cop, es que con un guión relativamente pobre, que se acoge a la mayoría de los tópicos del género policiaco de Hollywood –a saber: Un policía con sus propios métodos (no muy bien vistos por el jefe de su departamento), le asignan un compañero novato que él no necesita lo más mínimo, tiene que encontrar a un criminal peligroso y escurridizo, es retirado del cargo tras una de sus expeditivas salidas de tono, pero lo retoma (por su propia cuenta) para vengar a un compañero–, lo más destacable es, digo, que Kitano lo transforma en una película original en sus formas, dejando atisbar ya desde entonces gran parte de los rasgos del enorme director que hoy es. |