TÓPICOS Y LUGARES COMUNES  
SumarioVotaciones
Por Jorge-Mauro de Pedro


















Miradas de Cine © 2002-2004

Radiografía del superhéroe y su patética circunstancia. Un ensayo sociológico alrededor de su triste figura

«Como sabes, soy amante de los comics, especialmente de los que son sobre superhéroes. Encuentro que toda la mitología que rodea a los superhéroes es fascinante. Tomemos a mi superhéroe favorito: Superman. No es un comic grandioso, no está tan bien dibujado. Pero la mitología, la mitología es única». David Carradine en Kill Bill, Vol. 2.

Este mes Miradas De Cine se ha buscado enemigos poderosos de verdad. No, no me refiero a catedráticos de universidad, protegidos de Javier Sardá o consejeros de urbanismo. Hablo de esos tipos aparentemente normales que asolan las carteleras con sus hombradas, aunque sean incapaces de trabar conversación con un integrante del sexo opuesto o sentar cabeza de una vez por todas, pasando a regentar un estanco en su ciudad natal, reincorporándose así al más heroico de los quehaceres: el día a día, el anonimato de esas masas que releen sus aventuras en el repleto vagón de metro.

Arduas horas de investigación –concretamente, treinta minutos dejándome mecer por la pereza veraniega, teniendo como música de fondo el crepitar vocinglero de los programas del corazón– han dado como resultado una recopilación de tópicos bien manidos, imprescindibles en el libro de familia de todo superhéroe que se precie. Si se preguntaban qué es necesario para ser tomado por un émulo de Superlopez –el único machote con capa que jamás me haya interesado–, he aquí unas cuántas pistas...

Tener un trauma gordísimo que justifique tu aislacionismo enfermizo. Sí, te has vuelto rarito -un monstruo verde, un mutante asqueroso que lanza telas de araña por la vena radial, un murciélago con sinusitis- pero la culpa la tiene -¡cómo no!- algo sucedido tiempo atrás. Claro, "si no hubiesen masacrado a mi familia siendo niño...", "si el rayo 'colorao' no me hubiese dejado frito cuando malgastaba mi vida en un museo...", "si..." ¡Excusas, siempre excusas!

Dificultades de comunicación. El superhéroe da la impresión de que ha optado por el vestido de cola y los colores chillones como alternativa al frenopático (Almodóvar seguro que encontraría otras razones: ¿son todos unos travestis sin suficiente capital para dar el definitivo salto y ponerse las tetas?). El típico sicótico esquizoide con complejo de superioridad, vamos.

Desperdicio de mega-poderes. No hace falta ser muy avispado para imaginar lo que todos y cada uno de nosotros haríamos con tales dones: visión de rayos X, posibilidad de subir trepando hasta el ático de la vecina, resistencia física sin parangón, coches molones con los que vacilar a las nenas... ¿por qué los superhéroes no se dedican a ser los reyes de la noche, a acometer hazañas sexuales sin parangón? ¿Vestir el traje implica el cumplimiento de algún voto de castidad no escrito? Pues vaya puñeta, ya se pueden quedar con sus poderes de pacotilla...

Tener un amigo / becario panoli. Sí, alguien que te escuche, que esté siempre ahí, lo necesites o no. Aunque el superhéroe sea por definición un lobo solitario, cuando hace amistades parece tener un imán para con los freakies: chicas algo lelas, colegas de oficio que necesitan constantemente de su consejo, inadaptados en busca de un substituto a la figura paterna... además, debería de pagarse un plus de peligrosidad por trabajar con estos tipos: uno tiene todos los números para recibir en sus carnes las maquinaciones de super-malos que deciden vengarse en carne mortal (¡la tuya, panoli!) para exasperar al bueno y justificar su venganza.

Doble personalidad. Parece que ésta es una profesión vergonzante, como ser acomodador en un cine X o sexador de pollos. ¿A qué viene tanto secreto? Se pasan media película tratando de provocar un encuentro con el malo... ¡con lo fácil que sería tener una residencia fácilmente identificable, con código postal y todo! ¡Un domicilio estable! Así además la policía y resto de fuerzas del Estado -Dios, parezco un Ministro del Interior- sabrían a quién dirigirse cuando llega el marrón de turno. ¿A qué le tienes miedo? ¿En qué se convierte vuestra choza a partir de medianoche, Bruce, Ken?

Incomprensión por parte de los medios de comunicación. Ya puedes haber salvado a la humanidad tres veces seguidas en el último fin de semana: no caes bien. La prensa escrita se preguntará qué escondes bajo el antifaz, qué hiciste el año pasado en Marienbad, con quién se te vio en la fiesta de cumpleaños de Ronaldo... no respetan nada. Eres carne de tabloide, puedes pasar de héroe a villano en un plis plas. Es lo malo de la popularidad...

Revisa tus condiciones salariales. A ver, 'atontao'... ¿tú te has visto? Trabajas siete días a la semana –y doble, porque claro, tienes que pringar tus 8 horas como redactor corto de luces u oficinista amargado para guardar las apariencias–. No cobras por las horas extras. Nunca coges la baja, por tremenda que haya sido la paliza recibida. No cotizas a la seguridad social. ¿Has pensado en abrir una ONG o irte de misionero al Amazonas? Te saldría más a cuenta...

Eres un maldito asesino en serie. Ya, ya, me dirás que sólo les arreas a los malos, que lo haces por el bien de la comunidad, que si esto, que si lo otro... ¿a cuántos esbirros, mequetrefes y civiles en general te habrás cepillado? No, no empieces a sudar y mirar al suelo, mientras comienzas a balancearte y murmurar eso de «quiero ir con mamá... la fuerza, ¡la fuerza!». ¡Enfréntate a lo que eres, bastardo! Has devastado barrios enteros, invertido la órbita del planeta, aplastado, machacado, triturado... la gente comienza a preguntarse si no será peor el remedio que la enfermedad. ¿Has visto cómo te miran? Les das miedo, colega. Haznos un favor a todos y métete una sobredosis de kriptonita, ¡nadie te quiere!

Eres aburrido. No te extrañe, con la vida que llevas... pero lo cierto es que no tienes temas de conversación –maldito paranoico, siempre pendiente de no revelar tu condición de enmascarado: ¡se puede hablar de algo más que del tiempo y el partido del domingo!– y a quién le toca sentarse a tu lado en las cenas de Navidad acaba trompa perdido tratando de aligerar el muermo.

Pasión por el cuerpo a cuerpo. Porque inteligente, lo que se dice inteligente... no es que lo seas mucho, vamos. De vez en cuando podrías elaborar algún plan para tender celadas a tus enemigos, evitándote tanto esfuerzo físico y hemorragias nasales. Pero no, hombre, qué va: ¡con lo divertido que es darse de mamporros ante el estupor de toda la ciudadanía! Es lo que se espera de ti, ¿no? Tu representante amaña incluso alguna que otra pelea con malos de postín para hacer subir artificialmente tu cotización antes del gran día en que te batas con el aspirante de más peso... ¿no te parece extraño que no recuerdes donde dejas las llaves u olvides los nombres de tus seres queridos? ¿Cuánto hace que no te haces un buen chequeo, para ver cuán damnificada está tu mollera?

¿Qué te tomas? Venga, venga, sé sincero: si no nos acabamos de creer que los ciclistas suban y bajen catorce puertos de montaña en un solo día sin "insuflarse" algo de vigor a esos cuerpos serranos, ¿a quién vas a engañar con eso de «me pongo el traje y soy un hombre nuevo»? ¿Cómo se llama tu amigo farmacéutico? ¿Qué laboratorio clandestino te proporciona los esteroides anabolizantes? Propongo desde ya controles antidoping entre los superhéroes del vecindario para poner a cada cuál en su sitio. Porque tengo un primo valenciano que también presume de "flipar en colores"... aunque su única cualidad genuinamente sobrehumana sea soportar música a 150 decibelios...

Acabo ya. Te hemos desenmascarado, canalla. Reprimido, drogadicto, con menos carisma que Zapatero y Rajoy juntos, palizas, bronquista, coche 'tuneao'... ¿superhéroe, tú? No, no... tu lo que eres es un 'pringao', hermano. Los últimos tipos auténticamente "extraordinarios" están trabajando en Suecia, haciendo porno casero. Jubílate y no nos des más la murga: ¡el enemigo eres tú!