| UNBREAKABLE / EL PROTEGIDO |
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La humanización del superhéroeLas películas de M. Night Shyamalan se mueven en ese vasto terreno donde lo misterioso acecha en las sombras preparado para alterar radicalmente la vida cotidiana, donde lo sobrenatural irrumpe sin aparente explicación, aún cuando en muchos casos viene a hablar sobre la inestabilidad y la complejidad de la existencia humana. Si El protegido sorprendió en su momento, muchas fueron las críticas negativas y la mayoría porque no entendían ni un ápice lo que el film exponía o porque menospreciaban el material empleado por Shyamalan, hoy puede verse como un eslabón más, repleto de coherencia, en una filmografía que crece lentamente pero con paso seguro. Podrá gustar más o menos, a mí me fascina, pero lo innegable es que desde El sexto sentido (The sixth sense, 1999) hasta El bosque (The village, 2004), no conozco los films previos al primero citado, Shyamalan ha demostrado ser un cineasta inteligente e imaginativo, con un talento que pocos de su generación poseen. Cuando Elijah Price (el personaje interpretado por Samuel L. Jackson) recibe la primera historieta de manos de su madre, ella dice "cuentan que ésta tiene un final sorpresa". En el cine de Shyamalan, los finales son, en realidad, sólo un elemento más de una cuidadosa construcción. Más allá de los sorprendentes que puedan ser, jamás serán arbitrarios. En todos sus films existe una especial preocupación por la disposición de los elementos de la puesta en escena, de modo que funcionen como indicios, pistas muy sutiles que permitan prefigurar la conclusión de las historias o, simplemente, ofrecer una nueva lectura a lo narrado, otorgando una férrea coherencia a lo contado. En El protegido o Señales (Signs, 2002), la sorpresa es mucho menos decisiva que en El sexto sentido o El bosque y, en consecuencia, la construcción del film está mucho menos condicionada por el final. La conclusión es, de hecho, una consecuencia natural, un modo de explicitar lo que ya se viene prefigurando claramente a lo largo de toda la película, de hecho desde su primer plano. Seguramente por encima de otros aspectos, en los films de M. Night Shyamalan destaca su brillantez narrativa. Más allá de la tan cacareada sorpresa final de sus películas, Shyamalan teje un entramado visual, una puesta en escena que busca activar los resortes propios de los géneros cinematográficos a las que se adscribe (de terror, de suspense o fantástico) y hace de la sugerencia el esqueleto de sus historias. El cine de Shyamalan sugiere más que muestra. En El protegido se puede intuir la existencia de dos mundos contrapuestos desde el primer momento. Así, cuando Elijah aparece en escena por primera vez en las distintas etapas de su vida, su imagen se muestra reflejada en alguna superficie. Su nacimiento se ve a través de un espejo, de niño aparece reflejado en un televisor y de adulto, en el vidrio de un cuadro que ilustra la lucha entre un superhéroe y un villano. Aunque no se hará explícito hasta más tarde, Shyamalan ya nos dice, desde el primer plano, que Elijah es el reverso del héroe. Hay aspectos de la puesta en escena que son marca de la casa, puntos de encuentro con otras obra del autor: la exposición de largos planos, con un uso excelente del formato panorámico, la utilización de la banda sonora, o la espléndida dirección de actores. Incidiendo en este último punto, resulta paradigmático como con cuatro pinceladas, Shyamalan nos explica la crisis relacional de Dunn con su esposa Audrey. Desde el momento que se quita el anillo para flirtear con su compañera de viaje en el tren hasta el sinuoso plano en el que su hijo une sus manos para que se separen poco después. Shyamalan no engaña a nadie, siempre pone las cartas boca arriba desde el primer instante. Shyamalan resuelve la mayoría de las secuencias con apenas uno o dos planos, y si puede jugando con la profundidad de campo, componiendo la imagen en distintos planos, como expresión visual de los diversos niveles en los que se mueve la historia. Además, un elemento muy destacado es esa planificación de las escenas, y que demuestra que la excelencia de este joven director sería cómo consigue plasmar visualmente en Bruce Willis la figura típica de los superhéroes sin emplear ningún símbolo propio de éstos, como el traje o la máscara, pero usándolos al mismo tiempo, convirtiendo objetos e imágenes cotidianas en elementos superheroicos: una gorra y un poncho se convierten mediante el magistral uso de la fotografía en una máscara y una capa. De ese modo, insertando al superhéroe en la cotidianidad, Shyamalan logra algo que otros han intentado pero sin los resultados aquí obtenidos (tenemos una muestra reciente en Spider-man 2 (Idem, 2004. Sam Raimi)): la humanización del protagonista, el hacer del superhéroe una persona de carne y hueso, con excepcionalidades pero con una fragilidad existencial propia del ser humano. Otros aspectos que alejan a este film de cualquier clásico de superhéroes son: la fotografía, expuesta a niveles bajos de iluminación para crear sensación de desasosiego y que se aleja de las adaptaciones de cómic a cine que se caracterizan por utilizar colores más vivos; el ritmo, lento y pausado, alejado del ritmo acelerado de las escenas de acción propias del género; la interpretación del protagonista, Willis hace una interpretación interiorizada en exceso, aunque los acontecimientos que le suceden sean inexplicables, él los recibe como un hombre corriente. Seguramente se trata del primer intento de hacer una película de superhéroes "seria". Con un cierto halo trascendental pero nada extraordinario, muy propio de Shyamalan, el director trata temas centrales del cine de superhéroes como la invulnerabilidad, la protección del débil o la parafernalia de la vestimenta de los protagonistas. Película sugerente y evocadora, El protegido llena de satisfacciones después del primer visionado, por la soberbia consistencia de sus planteamientos. Es difícil encontrar, hoy en día, a villanos tan bien perfilados como este Mr. Glass (y el mérito es doble, ya que para ello Shyamalan se apoya en una base tan endeble como el mundo de los cómics), y a pocos héroes se ha retratado con tamaña sencillez y conciencia de sus limitaciones. Que se evite la manida lucha final entre ambos nos vuelve a demostrar el buen pulso del director, capaz de llevar a buen puerto su nave, y por ende al espectador, en un mar tenebroso y desesperante. |