| HAPPY TIMES (Xingfu shiguang, 2001) |
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Sombras de la ciudadUna gran parte de la eclosión que el cine oriental vive en la actualidad y el hecho de que todo (o un buen número) de dicha cinematografía acceda con pasmosa facilidad al palmarés de cualquier festival que se precie de “serio”, no se puede explicar sin la aparición de un cineasta como Zhang Yimou, uno de los renovadores más consecuentes y sólidos de la estética y la narrativa fílmica china, incluído en la denominada por los críticos del país “quinta generación”, una especie de “Nueva ola” de la que también formarían parte cineastas como Chen Kaige o Wu Tianming y que englobaría a todos los realizadores surgidos a partir de la revolución cultural proletaria de finales de la década de los 60. Muy a pesar de lo (aparentemente) tradicional de la puesta en escena de Yimou, lo cierto es que bajo esta superficie se halla una manera tan personal como, en ocasiones, fascinante de enfrentarse a algunos de los recursos y temas más socorridos o tópicos. Las obras de Yimou oscilan entre un contenido social más expositivo que crítico, y una sorprendente deuda con el cine de género, que hace elevar varias piezas del cineasta casi a la categoría de experimentos fílmicos (La linterna roja, Hero), en los que un esteticismo premeditado gravita sobre un trasfondo constantemente analítico con todos y cada uno de los bordes temáticos que le sirven de base. Happy Times , en concreto, pivota alrededor de una doble superficie: por un lado, el film es un estremecedor retrato social de las clases menos favorecidas de la China contemporánea; por otro, una bellísima historia de amor de raíces chaplinianas. El film, en efecto, sitúa su puntero en la historia de Zhao (estupendo Zhao Benshan), un maduro solterón que ha de ingeniárselas, como buenamente pueda, primero para conseguir el dinero necesario para casarse con su oronda prometida y, después, para mantener vivo un engaño que haga aportar un mínimo de felicidad a la hijastra ciega de ésta. Es la cojunción de ambas historias lo que hace que Happy Times se mueva constantemente entre los entresijos del drama y la comedia y que ciertas tonalidades elegidas por Yimou (el ritmo, los personajes) la acerquen a algunas constantes de la comedia neorrealista italiana de los años cincuenta. Amén de ello, el alejamiento del estilo pretérito de Yimou (los dramas históricos de tendencias esteticistas) y el acercamiento a una sobriedad cotidiana, extraordinariamente próxima tanto para el espectador oriental como para el occidental, hacen de éste film, básicamente, un enternecedor cuento costumbrista. Aunque, como ocurre casi siempre en este tipo de historias (recordemos, ya que se ha citado el cine italiano, la magistral Milagro en Milán de Vittorio de Sica) la ternura externa oculta, en el fondo, un contenido estremecedor. Y Happy Times, de hecho, navega por las aguas de un compromiso, en absoluto dogmático, en el que queda patente la situación coyuntural de un país que aún vive y se alimenta de las apariencias. Pero no es éste aspecto el que enlaza éste film de Yimou con una gran parte de la filmografía de Chaplin. Lo que extrae de la filmografía del maestro en general y de Luces de la ciudad (City lights, 1931) en particular es el amago de historia de amor y el sacrificio económico en favor de quien no posee nada. El montaje de una inmensa invención y el hecho de que Wu Ying crea que quien le proporciona un empleo es un gran empresario, cuando en realidad éste se encuentra inmerso en mil penurias económicas, hace retrotraer obligatoriamente a la memoria el film de Chaplin. Aunque, claro, Yimou no transita su película por la fiereza del británico, si no que la encauza (como ya se ha comentado) por los insólitos derroteros de un cuento preñado de ternura y rebosante de un insólito nivel de optimismo, muy a pesar del nada alentador trasfondo en el que se mueven los personajes. Happy Times, por consiguiente, es un notorio cambio de rumbo (tanto argumental como formal) en la filmografía de un cineasta, ya imprescindible dentro de la estructura cinematográfica oriental. Asimismo, una pieza magistral que conjuga emoción, sentimientos y compromiso social de una manera, a todas luces, admirable. |