| CUATRO AVENTURAS DE REINETTE Y MIRABELLE (4 aventures de Reinette et Mirabelle, 1987) |
|
|
||||||||||||||||||
Extractos del anticineSiempre me han aburrido profundamente las teorías cinematográficas. El intento de diseccionar meticulosamente cuál es o cuál debe ser la esencia de algo tan complejo e inexplicable como el arte de filmar imágenes o bucear entre los entresijos de sus líneas éticas o "morales" (caso de haberlas) me parece, sobretodo en estos tiempos que corren, una estéril muestra de onanismo intelectual. De igual forma los ejercicios audiovisuales, extremadamente pedantes, que intentan hacer pasar por "calidad cinematográfica" ( qualité , por llamarlo de otra forma más acertada) lo que en otra coyuntura o con otro nombre figurando en el apartado de "dirección" no excedería de la más ramplona mediocridad se me antoja un perfecto ejemplo del acartonamiento al que se ha ido encaminando el cine europeo a partir del pistoletazo de salida de la Nouvelle Vague francesa allá por 1959. De hecho, y entrando ya en lo que quería decir, hay un grupo de cineastas a los que parece que "queda mal" poner en tela de juicio porque éstos han sido los padrinos ideológicos de dicho movimiento y la crítica "ideologizante" de los años sesenta los elevó a la categoría de referentes artísticos. Evidentemente Eric Rohmer es, junto a Godard, el más claro exponente de lo que intento explicar. Ni los mismos que ensalzaron sus obras hace cuarenta años pueden ahora soportar el extremo nivel de senectud que el paso del tiempo les ha conferido. Ahora bien, muy pocos se atreven a omitir juicios despectivos porque el nombre de sus realizadores mantiene un statu quo de marciana veneración que, sin ningún género de dudas, irá mutando a medida que cambien las generaciones. Una veneración, insisto, estrictamente nominal. Centrémonos en este hecho y, en concreto, en la película que nos ocupa, Cuatro aventuras de Reinnette y Mirabelle, porque ¿acaso éste film tendría la consideración que muchos le profesan si el nombre de su realizador no fuera Eric Rohmer? Yo, particularmente, tengo muy serias dudas al respecto. Y ello es debido a que Cuatro aventuras de Reinnette y Mirabelle es, sencillamente, el anticine. Como suena. Veamos, narrativamente nos encontramos ante una película compuesta por cuatro episodios que giran alrededor de dos presuntas representaciones de la pequeña burguesía francesa. Hasta ahí todo bien de no ser por la extrema desdramatización con la que Rohmer plantea todo el entramado argumental. Dicho de otra forma, la película no cuenta absolutamente nada. Se respalda bajo la excusa de exponer las formas conductivas o "morales" de un colectivo social, pero lo cierto es que el resultado responde a un inmenso agujero negro. A la total incapacidad de saber narrar, entre otras cosas porque no se poseen elementos narrativos suficientes como para construir una o cuatro historias; porque el "argumento" (atención a las comillas) no se encuentra edificado o estructurado debido a que, como ya se ha dicho, no se tiene nada que contar; porque todo lo que el cineasta quiere exponer se pierde en un cúmulo de diálogos y situaciones de dogmática autocomplacencia. Como si Rohmer, según parece, sintiera tanto placer en escucharse a sí mismo que no perdiera ni la más mínima oportunidad que se le presenta para incluir todo tipo de reflexiones sentenciosas, terminantemente incongruentes dentro de un marco cinematográfico. A nivel formal, Cuatro aventuras de Reinnette y Mirabelle es una de las mayores chapuzas que ha podido contemplar quien esto suscribe. No hay ni la más mínima preocupación por la construcción de una puesta en escena mínimamente sólida. La cámara queda ubicada en una situación aleatoria, como si no importara en exceso disponerla en uno u otro lugar, coartando con ello tanto las posibilidades del espacio escénico como del propio ritmo interno. Rohmer no construye ni una planificación verista, ni poética, ni mucho menos expresiva. Por el contrario, se dedica a filmar la nada, exactamente igual que cualquier cineasta amateu, recién salido de un centro comercial con una cámara a estrenar entre sus manos. Asimismo, el movimiento y la composición de los actores se hace rígida, insoportable por momentos, al no estar subordinada a una rigurosa labor de dirección. Cuatro aventuras de Reinnette y Mirabelle , por todo ello, no es cine. Es un muestrario de incompetencias convertidas en objeto de culto por gran parte de la crítica europea y que, al igual que toda la obra de Rohmer (toda la obra que yo he visto, como mínimo) ha nacido vieja. Si alguien no me cree, hablaremos del tema dentro de treinta años. |