CUENTO DE VERANO (Conte d'été, 1996)  
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Sumario
Por Javier Pulido
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2004

Esto no es una canción de amor

No sé hasta que punto no existe cierto reparo en reseñar de forma negativa las obras autocomplacientes de las pocas vacas sagradas que nos quedan vivas todavía en este nuestro bizarro mundo del cine. Al igual que toda producción iraní tiene que ser maravillosa por decreto (hasta el punto de considerar El voto es secreto como una ágil comedia), parece que a "los nuestros" les perdonamos con mayor facilidad sus pecadillos, que los tienen. Así, cierto sector de la crítica prefiere seguir masturbarse con "lo nuevo" del tótem de turno y crucificar de antemano cualquier muestra del mal llamado cine comercial, aunque de paso se pierdan algunas de las películas que sí están dejando huella real en la historia reciente del cine. De otra manera...¿admitimos Cuento de verano como buena película sólo por el hecho de contar con la firma de Rohmer?

La película pertenece a la "Tetralogía de las estaciones", filmada por el veterano director francés durante los años 90. Cuento de verano supone la tercera entrega de la colección y comparte con el resto de entregas de la serie una serie de afinidades, como el hecho de que la historia se desarrolle entre cuatro personajes y comience con una suerte de prólogo en el que no hay ningún tipo de diálogo. Sin embargo, la obra carece del espesor del resto de cuentos de la serie, a años luz de la gravedad que impregnaba sus famosos Cuentos morales décadas atrás.

En lo esencial, no obstante, se trata de una película más en la filmografía de Rohmer. De nuevo, la cinta se sustenta en los interminables diálogos de los personajes, que acaparan prácticamente todo el metraje. La cámara asiste como testigo impasible a tropecientas insustanciales conversaciones sin posicionarse, en un estilo-deliberadamente-amateur-que-no-lo-es-tanto marca de la casa. Y de nuevo, como en tantas obras del director, la anécdota argumental es prácticamente inexistente: Un joven estudiante llamado Gaspard pasa unos días en la zona playera de Dinard a la espera de su novia Lena. Allí conocerá a Margot, con la que mantendrá una suerte de amor platónico. Margot le presentará precisamente a la liberal Solêne, que a punto está de embaucar a Gaspard justo cuando Lena se presenta en la localidad.

Cada uno de los Cuentos de las estaciones de Rohmer pretende aprehender el espíritu de la estación a que se refiere. El director asocia el verano con la juventud, con las interminables paseos de Gaspard (acompañados de kilométricos travellings), con los conflictos sentimentales propios de la juventud que son vividos como catástrofes devastadoras, con playas bañadas por divina luz (no hay apenas secuencias nocturnas) y con el sentimiento de pereza propio del estío que nos aconseja aplazar cualquier decisión importante hasta la llegada del frío. Cuento de verano no es sino una colección de pequeñas anécdotas sin ningún afán de trascendencia. Pero en este intento de atrapar la liviandad, la película cae en el aburrimiento total, que su argumento de comedieta de enredos no consigue levantar en ningún momento. Rodada con oficio, pero con el piloto automático puesto, la película transcurre por mera inercia, sin que en ningún momento el chispazo de genio que salva otras obras del autor aflore en ningún momento, como si la imposición de tener que rodar una entrega más de la serie pesara más que el empeño de facturar una obra consistente por sí misma.

En esta floja producción sólo puntúa con nota el personaje de Gaspard, que personaliza todas las dudas que afloran cuando se deja la adolescencia atrás. Parapetado tras su insobornable dejadez y escudado por la guitarra con la que compone frágiles canciones démodé, el muchacho se siente sobrepasado ante una situación que le exige tomar decisiones por primera vez en su vida, dubitativo entre el amor de tres mujeres totalmente diferentes entre sí. Gaspard es el sujeto pasivo de las decisiones de las jóvenes, que le manejan a placer con su propio consentimiento. Él, que confiesa en un momento de la película sentirse "transparente", se deja embaucar por las conversaciones de las tres muchachas a sabiendas de que en realidad nada importa demasiado. No es una novedad en una película de Rohmer que el protagonista, preso de dudas de amor, tenga que decidirse entre el plano carnal y el espiritual. Aquí Gaspard simplemente rehuye la decisión, como si en un primer síntoma de madurez supiera que todo se acabará cuando finalice el verano. El joven es la antítesis del Jean-Louis de Una noche con Maud, al que sus fuertes convicciones morales le proporcionan la base sobre la que justificar sus decisiones. Gaspard prefiere entregarse a lo trivial, lo banal, y de ese espíritu se acaba contagiando una película decididamente menor en la filmografía de Rohmer.