EL AMIGO DE MI AMIGA (L'amie de mon amie, 1987)  
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Sumario
Por J.A. Souto Pacheco
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2004

Crónica de un final anunciado

Eric Rohmer finalizó la serie “Comedias y proverbios”, iniciada seis años antes con La femme del aviateur, con la entrega de la película que ahora nos ocupa. Nueva variación sobre la amistad y el amor, el film responde a la tan extendida frase de “el amigo de mi amiga es mi amigo”.

L'ami de mon amie no es una película coral propiamente dicha, aunque nos vamos encontrando con cinco personajes que entran y salen de la historia con total libertad (quizás debería decir con “total cotidianidad”). Incluso, en algunos momentos determinados de la historia, cada uno de los personajes se encuentra solo. El hilo conductor de la narración es el personaje de Blanche (Emmanuelle Chaulet), aunque sus actos y sus palabras están totalmente mediatizados por otros cuatro personajes que gravitan en torno suyo ejerciendo su influjo. Blanche es una chica que no se atreve a abordar a Alexandre, el hombre del que está enamorada, y que, al mismo tiempo, tiene una gran confianza en la relación de amistad que se establece con la pareja que conforman Fabien (Eric Viellard) y Lea (Sophie Renoir). Se trata de una persona muy seria y competente en el trabajo, es tímida y valora la amistad por encima de cualquier otra cosa. Fabien es un adolescente que está a punto de dejar de serlo, es un chico que comienza a abrirse camino en el mundo laboral y que tiene una vida trazada con su trabajo, sus diversiones, el deporte... Vive con Lea, con quien mantiene una relación sustentada en las continuas rupturas y reconciliaciones. Por su parte, Lea (ésta sí, con alma adolescente) quiere dejar la relación porque sabe que Fabien no es el hombre de su vida. Es superficial y divertida, pero en realidad tiene mucho miedo a la vida y el amor. A pesar de no ser el eje del film, al final tomará un lugar primordial, resolutorio. Cuando Alexandre se cruze en su camino todo dará un vuelco. Alexandre (François Eric-Gendron) es un ingeniero un tanto antipático (al menos en un principio) que se convierte en un motor silencioso de la trama. Se trata del personaje más comprometido, el más adulto, el menos inocente. En la historia hay un quinto personaje que, empieza como pareja de Alexandre, para luego quedarse sola, hacerse amiga de Blanche y desaparecer. Se trata de Adrienne (Anne-Laure Meury), elemento con el que Rohmer apuntala un juego de parejas aparentemente trivial. Es el personaje opuesto a Blanche. No tiene nada de tímida y habla abiertamente de todo. Es una joven prudente, pero que sublima sus pasiones y pretende escaparse a través del arte.

No es, precisamente, L'ami de mon amie uno de los mejores títulos de Eric Rohmer. El director francés nos vuelve a ofrecer una comedia de enredos y equivocaciones, pero en este caso, los personajes del film ofrecen un interés más bien escaso. Sus conversaciones oscilan entre lo banal y lo patético (aunque esto también podría referirse a otras películas de Rohmer). Sus pesquisas y acciones, en torno a la quimera de una media naranja que coloree sus vidas grises, se reflejan en conversaciones insulsas que revelan inseguridades, anhelos y contradicciones.

Para Rohmer el decorado es tan importante como los actores. Toda la película está construida con la misma arquitectura de líneas rectas que se entrecruzan como la del espacio donde sucede la acción. Este espacio es la moderna ciudad satélite de Cergy-Pontoise, en las afueras de París. Casas de pocos pisos, arquitectura moderna y cuidada, servicios, grandes centros comerciales, espectáculos, bares y restaurantes, piscinas... en fin, el mundo civilizado. Rohmer contrapuntea a los personajes con el uso de los decorados. Por ejemplo, Blanche trabaja como funcionaria en el ayuntamiento y vive en un aparatoso bloque de apartamentos obra de Ricardo Bofill. De este modo, Rohmer subraya la importancia que le concede a la arquitectura como factor determinante en la vida de las personas. No es casualidad, por lo tanto, que la escena en la que Blanche se pone a llorar en los brazos de Fabien, consiguiendo al fín exteriorizar sus sentimientos, esté rodada a orillas de un lago; como tampoco son anecdóticos los apuntes descriptivos que Rohmer nos regala sobre un domingo popular en el campo.

La estructura de la película es muy calculada y precisa. Los diálogos, evidentemente muy abundantes tratándose de Rohmer, se ciñen a lo coloquial de una manera natural. Sin embargo este corsé narrativo acaba por asfixiar a la cinta. Desde el comienzo parece claro que se trata de la crónica anunciada de un cambio de parejas. El suspense por lo que nos deparará las peripecias de los personajes es totalmente inexistente. Todo está preparado para que la historia converja en un final amañado. Por este motivo muchas de las situaciones en las que se encuentran los personajes resultan forzadas. El cine de Rohmer es un producto cultural inteligente y refinado. El intelectual desciende a la calle y contempla (“radiografía” dicen algunos adictos al creador de Ma nuit chez Maud), pero ni retrata a la juventud contemporánea ni otorga presencia a problemas o rasgos fundamentales de la sociedad actual. Hay en la película un cierto halo de frialdad, todo parece distante y la ligereza de la historia no ayuda en absoluto a deshacer el entuerto. Rohmer parece estar más atento a lograr mantener el equilibrio, a amoldar una pequeña historia a su serena contemplación de la realidad, de SU realidad.