EL ÁRBOL, EL ALCALDE Y LA MEDIATECA (L'arbre, le maire et la médiathéque, 1993)  
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Sumario
Por Emilio Martínez-Borso
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2004

Rohmer vs. Rohmer

Situada entre Cuento de invierno (Conte d´hiver, 1992) y Les Rendez-vous de París (Les Rendez-vous de Paris. 1995), la presente película podría definirse como una isla, un puente dentro del ciclo que Rohmer había iniciado con sus cuentos. Cierto es que a pesar de ser un largometraje totalmente independiente en lo que a etiquetas posibles y catálogos más que evidentes en cuanto a emparejarla dentro de un grupo de las películas de su autor, El árbol, el alcalde y la mediateca es una obra autónoma e independiente de por sí, innecesariamente comparable a las demás que aunque no englobe ninguno de los círculos básicos dentro de la filmografía del cineasta Francés, es una obra cien por cien Rohmeriana puesto que en ella se vislumbran y posteriormente relucen todas las constantes que han otorgado la homogeneidad a tan extensa filmografía.

Como viene siendo habitual en sus películas, la trama es algo nimio, muchas veces innecesario, vehículo que sirve de partida para plantear un tema y desarrollarlo a partir de ahí. En este caso, Rohmer baña a la película con una capa de Azar (sí, con mayúscula, el azar, gran demiurgo que lo rige todo) que será el que vaya desentramando las diferentes visiones de una Francia moderna pero a la vez solitaria. Solitaria en el sentido de la pérdida de identidad que sufre con la imparable actuación del progreso que cambia todo y a todos y al cual todo el mundo se debe adaptar, incluso el mismo Rohmer filmando rueda diferente Triple agente (Triple Agent, 2004) que La coleccionista (La Collectionneuse, 1967), y utiliza para su propósito la confrontación, la dualidad, la oposición más absoluta, el blanco contra el negro siendo el público una clase que aprende del profesor Rohmer que imparte su clase magistral acerca de la política y la sociedad moderna a través de un árbol, un alcalde y una mediateca tal como indica su título.

Y es que la película no engaña a nadie, desde un principio el director Francés nos presenta las reglas del juego. En una clase cualquiera el profesor explica a sus alumnos la forma condicional SI. Esa forma condicional, será el eje de la película ya que del mismo modo que en Las cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle (4 aventures de Reinette y Mirabelle, 1987), película con la que guarda más de una similitud como luego veremos, un título explicativo encabezado siempre por el condicional SI dividirá los diferentes capítulos que componen la película. El uso constante de la forma condicional no es casual, todo lo contrario. Rohmer lo que hace mediante esa pretensión de azar es desdibujar una realidad que matizada bajo esa capa no es tan dura o tan bonita como diferentes bandos la quieran ver. La ventaja de jugar con el azar es que le permite erigirse en un gran hermano que lo ve todo y juzga todo desde su perspectiva, eso sí mostrando las diferentes posturas, dejando claro que hay otros universos paralelos (llámense otras películas, cineastas, la misma realidad) que expondrán sus propias ideas, pero que la baza de poseer ese azar, esa seguridad que otorga el escribir en mayúsculas ese SI al principio de cada capítulo le permite disfrutar de una libertad total para exponer sus inquietudes acerca de su propia situación.

Y es que en esta ocasión, en vez de hablarnos de un personaje y su evolución o de un conflicto generado por algún incidente nimio como en algunas de sus películas, aquí la historia brilla por su ausencia para después de plantearla al inicio del film (el alcalde de un pueblo de provincias anuncia el proyecto de a construcción de una gran mediateca al lado de un terreno coronado por una gran árbol milenario), ir desgranando poco a poco las posibilidades que ofrece el azar mediante el uso constante de la confrontación. La película es una lucha constante entre dos puntos de vista extensibles a muchos y muy candentes temas que incluso hoy 11 años después siguen más que vigentes, pero con esa sencillez con la que Rohmer dibuja sus historias, es capaz de movernos de un tema a otro a través de los personajes.

Sin duda alguna de las películas más dialogadas de su autor, en este caso los personajes pierden su autonomía para ser el transporte de toda la carga que el azar puede versar sobre cada uno de los aspectos que Rohmer dicte. De hecho ningún personaje aparece solo casi en ningún momento sino que siempre aparecen con su contrapunto para dar cabida a enormes debates (encarnando por supuesto las diferentes posturas) que se oponen entre sí para intentar dejar al azar la última palabra ya que como su final, todo está abierto, no sabemos como acabará aunque lo supongamos o más aún aunque lo queramos o no. La película nos habla de la oposición entre campo-ciudad, la cultura de campo frente a la cultura urbana. La cultura de campo viene ejemplificada en el radicalismo del maestro que se opone totalmente a la construcción de la mediateca ya que para él es la destrucción de uno de los valores más preciados que es la autenticidad. Su antagonista, el alcalde, es un hombre de ciudad que vive en el campo y se cree un terrateniente intentando llevar al política social de la ciudad al campo, cosa que ya de por sí es una oposición entre su realidad y la que pretende. La novia del alcalde, una novelista Parisina es la única que está entre ambas posturas eso sí pero ejerciendo también siempre de opositora, ya sea en la citada campo-ciudad o cuando hablan de política y la situación de los partidos, la izquierda frente a la derecha. Otra oposición que cobra protagonismo en cuanto la mediateca es fruto de la colaboración para obtener subvenciones lo que nos remite de nuevo al "y SI" en vez de construir una mediateca se construyera X o si no fueras de este partido no obtendrías la subvención.

En medio de este panorama, Rohmer introduce el personaje de la periodista que ejercerá de alter ego para entrevistar a todos los interesados y buscar datos ya no sólo acerca de la mediatea sino de la situación actual del campo y la ciudad. De este modo, la periodista iniciará una investigación que Rohmer introduce en un estilo totalmente documental con la gente auténtica de allá y que del mismo modo que en la anteriormente citada Las 4 aventuras de Reinette y Mirabelle (y encarnada por la misma actriz), sirve para separar ese azar y esa confrontación tan buscada para situar y enmarcar esa irrealidad posible en cualquier lugar. Mientras que la mediateca y el alcalde así mismo como los demás personajes son creados, son ilusorios, los de la investigación, son personajes de a pie, campesinos Franceses que son la parte más real de una película que juega y bascula entre la realidad y la ficción.

Rohmer vuelve a utilizar a varios de sus actores fetiche, desde Pascal Gregory, Arielle Dombasle y Clémentine Amoroux para poder canalizar todos los grandes diálogos que pueblan la película. Una película que bien podría haber sido dividida además de en los capítulos comenzados por el SI condicional, por los temas a tratar y es que en cada secuencia, secuencias autónomas todas ellas y bastante largas se trata de un tema diferente, siempre tomando como eje la mediateca y el árbol del lugar pero que se mueve hacia todos los ámbitos creando entonces grandes trozos dialogados que encuentran en los actores su mejor baza. Cómodos y seguros, éstos aguantan la explosión de verborrea de sus contendientes para mantener conversaciones de un nivel elevado, muchas veces no apta para aquellos que no se interesen y que sobretodo no lean ya que las implicaciones morales y políticas de los personajes como siempre en Rohmer, quedan descubiertas en todo momento. De igual modo el buen hacer de estos impide el tedio en un metraje que quizás de otro modo ante discursos eternos la película podría haberse resentido, pero en este caso Rohmer dosifica muy bien sus temas a tratar para ir dejando un poco de respiro momentáneo al espectador para volver a cargar sin piedad en otra muestra de la oratoria propia de los personajes rohmerianos.

Consciente de la importancia que juegan los personajes y su movimiento dentro de la película, Rohmer simplifica aún más sus formas para estar al servicio siempre de sus acciones y ser ellos los que dictaminen la evolución y el ritmo de la película. Una apuesta que si bien es muy loable y acertada en la mayoría de veces, los pocos cortes, los planos secuencias, el cambio de plano acentuado en el momento culminante, esa frialdad aparente característica de toda su obra que aquí alcanza sus cotas máximas cuando en ciertos momentos en los que los actores improvisan, la cámara les sigue dejando a alguno fuera de cuadro, realizando correcciones imprevistas y zooms que en vez de ayudar a meterte dentro de la situación, te sacan adoptando una frialdad que no viene dada ni con el diálogo ni con la actuación. Por el contrario, Rohmer realiza en las secuencias de documental una muy buena reconstrucción y captación de la realidad ya que despreocupado del encuadre y con la ayuda de Clémentine Amoroux que ya ejerció lo mismo en Las 4 aventuras de Reinette y Mirabelle, consiguen unos retazos y unas reacciones lo más humanas y naturales posibles, hecho que ayuda sobremanera a entender el resto de los hechos explicados en la película.

Con este paréntesis provocado por la voluntad de volver a hablar sobre el azar acentuando la continúa oposición entre todas las cosas que forman este mundo siempre, yo terminaré el artículo del mismo modo que Rohmer empezaba sus capítulos.

¿Y SI otro hubiese hecho esta película?