| TRIPLE AGENTE (Triple Agent, 2004) |
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Sí pero noLa, de momento, última película del director que este par de meses ocupa nuestro estudio (y digo de momento porque a pesar de sus ochenta y cuatro años aún parece tener cuerda para rato) es una continuación lógica de lo expuesto en su anterior obra La inglesa y el duque (L'anglaise et le duc, 2001), en lo que parece ser la segunda entrega de una nueva "serie" como ya lo fueron sus Cuentos morales o sus cuatro cuentos estacionales, que el propio director titula como Tragedias de la historia. Como en su anterior filme, la historia que cuenta Triple agente se inspira levemente en un hecho real (un par de desapariciones misteriosas en el París de principios de los 40) a partir del cual Rohmer construye unos personajes y. poco más. El director dice también haberse inspirado en novelas como Los demonios de Dostoievski y Agente secreto de Joseph Conrad. Es cierto que la película habla sobre la vida de un espía, oficio del que su esposa no sabe de la misa la mitad, como ocurre en la novela de Conrad, pero realmente es que nosotros tampoco lo llegamos a saber en toda la película. ¿Es que acaso Rohmer a estas alturas se revela más transgresor que nunca, haciendo una película sobre espionaje en la que, virtualmente no hay nada de espionaje? Evidentemente no se trata de eso. No hay que buscarle tres pies al gato, simplemente, yo creo que Triple agente se vende como lo que no es, con lo que puede llegar a defraudar a los que se acerquen a la película con una opinión equivocada. Un poco lo mismo que ha ocurrido hace poco con El bosque (The Village, M.Night Shyamalan, 2004) que se promocionaba como una película de terror, y al final era "sólo" suspense. Sin embargo es evidente que los fieles seguidores de Rohmer encuentran en este Triple agente una de sus obras más interesantes en la que se reencuentran con el director que esperan, que les ofrece (o al menos lo pretende) lo mismo de siempre, un completo estudio psicológico de sus personajes en el que aprovecha para hacer reflexiones sobre el arte (en esta ocasión a través de las conversaciones de la mujer del protagonista, pintora, con sus vecinos, "rojillos"), sobre política, el amor, la vida, la verdad, etc. Me gustaría creer que la influencia de Dostoievski se deja notar en ese afán por la descripción psicológica de los personajes, más que, como el propio director insinúa, en la trama política de su filme, pues realmente tan sólo en el último tramo puede encontrarse cierta similitud con la citada novela, y tan tímidamente que tal vez el director francés hubiese hecho mejor en no mencionar al genio ruso, ya que, de nuevo, puede provocar desengaños. Si en obras como La coleccionista (La collectionneuse, 1966) a mí me daba la impresión de que Rohmer había querido escribir una novela y le salió una película, entre otras cosas por la irritante y en su mayor parte totalmente intranscendente voz en off del protagonista, encuentro a Triple agente mucho mejor elaborada como tal estudio de personajes y de la situación histórica de la Europa de la Segunda Guerra Mundial. Y, sin embargo, si juntamos todas las conversaciones terminamos por descubrir que, tampoco conocemos tanto a los protagonistas como deberíamos, pero quizá ese es el gran acierto de la película, el dejar el enigma abierto tras el trágico final. Como ocurrió en la vida misma, aquella que inspiró el filme. ¿O acaso conocemos a los que nos rodean? ¿No descubrimos cientos de veces que no es así? No tengo claro si me he posicionado personalmente respecto a Rohmer. Intuyo que con lo dicho más arriba se ve que no es excesivamente santo de mi devoción. Sin ser un gran conocedor de su obra, pues nunca he tenido un acercamiento lo suficientemente satisfactorio a sus películas como para que me quedasen especiales ganas de repetir, le tengo cierto respeto. ¿Que remedio me queda?. Si en Miradas de Cine le dedicamos un estudio bimensual en detrimento de otros autores como John Carpenter, Takeshi Kitano o David Cronenberg, por ejemplo, por algo será, aunque yo no sepa por qué. No pude con Mi noche con Maud (Ma nuit chez Maud, 1969), La coleccionista tiene algo, pero la voz en off de la que hablaba antes no me deja pensar en qué (quizá sólo sea la poca ropa que lleva su protagonista femenina, quizá haya algo más, no lo sé). Tal vez las que mejor sabor de boca me dejaron fueron sus historias de nínfulas Pauline en la playa (Pauline à la plage, 1983) y La rodilla de Clara (La genou de Claire, 1970), un par de películas bastante simpáticas, pero que tampoco terminan de entusiasmarme. Y reconozco que este Triple agente me quiere gustar, pero no. Sí pero no, porque parte de una idea muy interesante, y algunos de los diálogos sí resultan verdaderamente buenos, pero otros me aburren mortalmente. El final es perfecto, y no sólo porque se acabe la película, sino porque huye de lo convencional dejándolo todo en el aire, y en parte trágico como le correspondía a la historia a mi modo de ver, además de sencillo, como lo es la película en el fondo (y sobre todo en la forma, ahora voy a eso), aunque me dé la impresión de que quiere aparentar todo lo contrario. Como en el resto de sus filmes, de los que he visto, digo (aunque tengo entendido que en los demás ocurre lo mismo), decir que la puesta en escena de Rohmer es discreta, probablemente sería hacerle un favor. A mí particularmente, y con independencia de que sus películas me atraigan más o menos es una idea del cine que no me convence en absoluto. Aún a pesar de ser bastante metódico con el encuadre y la composición de los planos, me da la impresión de que si escuchase la película sin observar las imágenes mi sensación al acabar sería prácticamente la misma. Es duro no encontrar apenas un rasgo formal de interés en un director que lleva casi medio siglo detrás de la cámara. Del mismo modo que en La inglesa y el duque se mostró arriesgado empleando determinados cuadros para los fondos en los que se movían los personajes, en Triple agente su primera intención, en una maniobra similar, era la de sumergir a estos en escenas de archivo de la época, una interesante y también original opción, que tuvo que ser descartada entre otras cosas porque la duración de las escenas no se ajustaba al material disponible. Una lástima, quizá si los personajes no hablasen tanto... |