Miradas de Cine Cien años de cine japonés  
Sumario libros
Por Manuel Ortega

Cien años de cine japonés. Donald Richie. Ed. Jaguar. 1a edición. Madrid, 2004. 304 páginas.

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Todos hemos visto algunas películas japonesas, todos conocemos ciertos directores de carrerilla, algunos de nuestros lectores serán capaces de nombrar a algún actor más allá de Toshiro Mifune. El DVD nos ha acercado además a sus más celebres autores y es por eso que nuestro especial sobre el maestro Kurosawa ha quedado la mar de mono y completito. A su vez, acaban de sacar un pack magnífico sobre Ozu, regularmente aparecen película de Ichikawa, Naruse, Mizoguchi o Shindo e incluso hay gente que considera a Kitano un gran autor.

Ahora aparece otro documento que viene a arrojar más luz en este sombrío, pero amplio y fundamental, paraje de la cinematografía mundial. Y además el encargado es el sabio más listo de la clase en esta materia. Donald Richie, antiguo conservador cinematográfico en el MOMA, crítico y escritor, resume en este escueto pero denso libro sus 40 anteriores obras sobre el cine japonés y su interrelación con la historia y con las gentes que la habita. Demuestra un agudo sentido didáctico que rara vez cae en lo aleccionador o en lo recriminatorio y que destaca por su facilidad para ponernos en situación, por su habilidad para acompañarnos como el mejor de los guías por una historia que muchos desconocíamos.

Por una historia y, también, por un acervo cultural. Porque a veces se nos olvida que algunos imperios tardaron más en caer que otros, que todo estaba (y está muy lejos) y que hasta en un trayecto Madrid-Cádiz uno es capaz de encontrar diferencias entre los dependientes de las gasolineras en las que paras para ir al baño, tomar un refresco o comprar el Marca. Pues imagínense las diferencias entre nosotros y los japoneses, entre los japoneses y nuestra capital, Washintong. Entre una cultura y las otras.

Y claro, allí por Tokio ni conocen el sainete, ni la zarzuela, ni el tremendismo, ni el esperpento, ni el seguro dental. O sí, pero con otras denominaciones. Pero es que por aquí tampoco tenemos ni idea de otras manifestaciones artísticas que influyen y/o construyen los géneros cinematográficos allá en Japón. Porque a nosotros naniwabushi, shimpa, nihon buyo, tanka, utsushi-e, hogaku, benshi, kamishibai, kabuki o sewamono nos suenan poco menos que a chino. A japonés.

Por eso es de agradecer que Richie nos obsequie con un glosario que despeja cualquier tipo de dudas al respecto y que sirve además para aprender vocabulario, raíces y concomitancias.

No es éste el único apéndice que enriquece la obra (y no es que me haya hecho admirador de los apéndices, pero si abomino de los libros que teniéndolos que tener carecen de ellos) porque también se nos ofrece una guía de unas 500 películas comentadas por el autor y que son, tanto las que aparecen referidas en alguna de las partes del libros como otras películas de esos autores editadas en VHS o en DVD.

En cuanto a la división que Richie aplica es cronológica y fundamentada principalmente en los diferentes acontecimientos históricos del Japón del siglo XX. Del final de las dinastías y las primeras películas de Shibata hasta el Gohatto de Oshima. La llegada de la democracia y del nuevo gendaigeki (películas influidas por el cine occidental y que versaban sobre la vida contemporánea) con Ozu y Naruse a la cabeza acompañados por otros más desconocidos en nuestro país como Shimazu, Shimizu y Gosho que se contraponía al nuevo jidaigeki (cine histórico) de Ito, Inagaki y Yamanaka. La irrupción sorprendente de Mizoguchi con su estilo único que traía los aires nuevos del shimpa (visión rompedora del teatro kabuki) para convertirse en un referente de la modernidad cinematográfica más japonesa, si cabe.

Entretanto el sueño imperial japonés regresaba y le hacía aliarse con Hitler en la cruzada por la dominación mundial. Y con ella el cine de propaganda realizado entre otros por Yamamoto, Tasaka y Yoshimura. El análisis de Richie intenta huir de valoraciones políticas para sólamente tratar en su justa medida la producción cinematográfica del mismo modo que podemos analizar Objetivo Birmania o Almas en la hoguera en el otro bando.

Luego llegó ya la consolidación y el crecimiento de Ozu, Mizoguchi y Naruse, la espectacular carrera de Kurosawa (v.g. el especial sobre este autor de este mismo número), el cine fantástico, en todos los sentidos, de Ichikawa y Shindo, el advenimiento de dos genios a los que nunca se le ha prestado demasiada atención y que desde aquí reivindico como Teshigahara e Imamura y la entrada en escena de la nouvelle vague (Nuberu Bagu para los nipones) encabezada por Oshima, Shinoda y Yoshida.

El repaso es somero y eficaz y despierta las ganas de bajar un momento a alquilar o a comprar películas japonesas para complementar con la práctica la interesante teoría expuesta a lo largo de sus adictivas 322 páginas. Todo esto hace de Cien años de cine japonés un libro indispensable por su concisión, su interés y su manejabilidad. Un libro de referencia que no desdeña lo ensayístico ni la opinión pero que huye como de la peste de lugares comunes y de análisis esquemáticamente conocidos.