Fernando: de Valladolid al cielo
Después de pasar el cambio de año (dense por felicitados) por mis tierras natales y de comprobar que cada vez son menos las salas de cine que quedan en la ciudad y más las que ubican allá donde Cristo dio las tres voces (esto de los centros comerciales no tiene remedio…) me dispuse a tomar el pulso cinematográfico a mi antiguo hogar, después de un año que en lo cinematográfico, me ha parecido un autentico bodrio (que se le va a hacer, me parece que lo de la modernidad para mí, ya se me ha pasado de moda) y del cual solo salvaría a Gondry, Burton y Tarantino, por salvar algo.
Pero estas navidades, se hablaba de otra cosa en los círculos cinéfilos de mi ciudad; la noticia, creo que nos había sorprendido a todos por inesperada. En plenos preparativos de la quincuagésima edición del Festival de cine de Valladolid, (la celebración de celebraciones que sólo hasta ahora han podido celebrar cuatro o cinco festivales de cine en todo el mundo), Fernando Lara, el sempiterno director del festival de nuestra ciudad, lo dejaba, para convertirse en el demiurgo todopoderoso del cine español en nuestro país, para ser el Director del Instituto Nacional de Cinematografía.
Fernando llegó hace veinte años a nuestro festival, y le puso unos labios y un beso al celuloide nada más desembarcar, que se convirtieron en la seña de identidad del certamen. Era el año 84 y la 29ª edición de un festival que había sobrevivido con más pena que gloria a su título de Semana de cine religioso y valores humanos de otras épocas.
Fernando rehizo el festival, y lo convirtió en EL FESTIVAL, tras San Sebastián que nunca ha llegado a convertirse en la alfombra roja de nuestro país del todo, y por delante de Sitges que tras los intentos nacionalistas y de Lauren films de convertirlo en algo similar a Donostia, ha vuelto a su feudo "only for freaks". Valladolid ocupaba un ghetto minúsculo (que hoy ocupa Gijón) y gracias a Fernando Lara y a su gente, se especializó en cine de autor y en ser una cita, una reunión, un "Punto de encuentro" del mejor cine que se había hecho cada año en el mundo, algo que le otorgaba la categoría de certamen B, y claro, todo ello antes de que tuviera que competir directamente y en desigualdad de condiciones económicas con las secciones paralelas de San Sebastian (las que tratan de contrarrestar la usual baja calidad de la competición oficial).
Valladolid se convirtió con la gestión de Fernando Lara en el festival cinéfilo por excelencia donde uno se encontraba a gente de cine en las colas, para ver tal o cual película, antes que en la alfombra, en incluso detrás de las mesas de las ruedas de prensa. El consiguió el premio Fipresci para ser otorgado en el festival lo que supuso la consagración internacional definitiva del certamen, descubrió y dio a conocer a autores hoy llamados maestros, trajo a gente importante que venía a hablar de cine, y lo que es más importante, consiguió llenar todas las salas de público, desde la competición hasta los documentales de "Tiempo de historia". En algunos festivales, uno ve las películas en salas semivacías; en Valladolid, antes de los tiempos de que muchos alcanzáramos las benditas acreditaciones, uno tenía que hacer cola a las 7.30 de la mañana si quería entrar al Calderón a ver el pase de las 9.00h. Las colas para los abonos eran de 24h. Y casi se convirtieron en un ritual en la ciudad en la noche del 12 de octubre que era cuando salían a la venta cada año.
Sin embargo, siempre hubo un punto negro en el festival de Lara, y es una ironía para el cine español y para Fernando Lara, que su próximo destino, se centre en ese problema. A Valladolid no iba de buen grado el cine español. Las mejores películas se reservaban para San Sebastian, el grueso de la producción ultimamente se iban a esa especie de caseta prefabricada que es Málaga, el resto, los valientes o a los que no les quedaba más remedio que elegir entre susto y muerte, venían a Valladolid. No sé si porque los pucelanos somos así, o porque nos da lo mismo que el cine sea español o kazajistaní, y no nos van los favoritismos, aquí hemos acabado con la carrera comercial de muchas películas españolas que eran vapuleadas salvajemente, o lo que es peor, se llevaban unos premios de consolación que lo que precisamente no hacían era consolar a los productores y responsables del producto. La verdad es que no recuerdo que aquí un film español ganara alguna vez, y lo que si recuerdo son las palabras de Fernando en sucesivas ruedas de prensa, comentándonos los problemas para traer películas españolas al concurso. Nadie quería venir a un festival que parecía la Inquisición de la producción cinematográfica nacional.
De ahí surgieron las simpatías de Fernando Lara (de ahí y de una filosofia que ha inculcado en la programación de todo el festival) por las producciones pequeñas e independientes, que me imagino se van a ver favorecidas por este nuevo director del concierto cinematográfico nacional.
Con un talante moderado pero siempre fiel a sus criterios, (no en vano ha sobrevivido en estos veinte años a dos alcaldes de la ciudad de signo muy distinto y con dos formas de ser bastante peculiares), adivino un Fernando Lara negociador, pero sobre todo dispuesto a escuchar y favorecer proyectos que hasta ahora no se veian nada o poco ayudados por los organismos oficiales. Sinceramente, no veo a Fernando Lara cogiendo el estandarte de "Torrente 3" para ponerse medallas de número de público en las salas, ni espero verle en las fiestorras de los grandes productores de este país, dispuestos a que sufrague parte de los bodrios autocomplacientes que en España se ruedan.
Ojalá siga siendo quien ha sido hasta ahora y de empujón a gente que como en su día hizo en su festival (León de Aranoa, Itzíar Bollaín…) rezuma gran talento y no dispone de poderosos padrinos (o al menos no tanto como otros).
Ojalá no haga como muchos antecesores y se sirva de recursos tan zafios como las peroratas nacionalistas que tan poco tienen que ver con el arte ni la cultura, del tipo: "Hay que ver más cine español, porque es nuestro cine"; consignas que lanza gente de sogecine y demas imperios mediáticos para recaudar más por sus productos.
Con la llegada de Fernando Lara al ICAA pierde el Festival de Valladolid, y gana el buen cine. Veremos a gente de Alta films mucho más cerca del nuevo director, y a los de siempre, quizás un poco más lejos, o no…
En todo caso, sirvan estas líneas, para expresar un sincero agradecimiento a Fernando Lara por todo lo que ha hecho estos veinte años por el Festival de mi ciudad y por mi ciudad en general, difundiendo la cultura y la cinefilia entre sus gentes, y para desearle la mejor de las suertes en su nuevo puesto. Algunos descubrimos parte del cine en las salas del festival en las que él con mucho trabajo preparaba con su equipo una casi siempre brillante, sorprendente y sobre todo enriquecedora programación.
Fernando se va de Valladolid al cielo, para dirigir el destino del cine de nuestro país. Estoy seguro de que el cine español necesitaba un hombre como él, y ahora que lo tiene, espero que no solo tres, hagan cada año buen cine. Porque si de buen cine se trata, de eso…, Fernando sabe un rato.
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