Crueldad intolerable
No es Mike Nichols santo de mi devoción. Siendo compañero de generación de Martin Scorsese o Francis Ford Coppola, nunca ha conseguido la vitola de autor de éstos ni una filmografía lo suficientemente interesante como para considerarlo una personalidad a tener en cuenta. En la década de los años setenta, fue un director bien considerado por la crítica, que veía en el uso que hacía del montaje y la fotografía y, sobre todo, en las conseguidas interpretaciones naturalistas de sus actores un modo de ruptura con el Hollywood clásico. De este período surgen sus mejores obras, tales como ¿Quién teme a Virginia Woolf? o El graduado. No obstante, su andar complaciente en la década de los ochenta ha cimentado una filmografía en exceso acomodada en la industria y cuya calidad depende en gran medida de la adaptación de los textos en los que basa sus films (valgan como ejemplo, Silkwood, A propósito de Henry o Primary colors). Ciertamente, la politique des auteurs deja huecos sin cubrir (tal y como dice Tomás Fernández Valentí, «tuvo aciertos positivos —el principal de ellos, la revalorización de muchos cineastas relegados al olvido— pero también desencadenó una entronización del director muy negativa y que debe valorarse caso por caso...» (1)). Sin embargo, la teoría acunada en Cahiers sigue siendo, hoy en día, el mejor indicador predictivo para anticipar la calidad de una película. No en vano esperamos con ganas los estrenos de Eastwood, Shyamalan, Burton, Lynch y demás directores que cumplen a la perfección los requisitos del concepto autor. De este modo, con unas expectativas menos exigentes de lo habitual, el visionado de la película depara bastantes sorpresas.
No es Closer una típica película made in Hollywood. A pesar de su envoltorio comercial (director con tradición y prestigio más una buena muestra de lo más glamouroso del firmamento de estrellas actorales), bien podría tratarse de una cinta independiente de bajo presupuesto. La película cuenta con pocas escenas rodadas en exteriores y está narrada, básicamente, a traves de primeros planos y planos medios que nos acercan y resaltan la labor de los actores. Nichols sabe manejarse con inteligencia y con una muy estudiada dirección de actores —antes de comenzar a rodar ensayaron durante todo un mes— deja que los estupendos diálogos de la obra teatral de Patrick Marber se conviertan en el motor de la historia. Como contrapartida, en ocasiones, resulta muy evidente la procedencia dramática del texto, dando la sensación de encontrarnos ante una obra de teatro filmada.
Closer es un relato cruel, que muestra las relaciones sentimentales de cuatro personajes (un dermatólogo apasionado e inquisidor en sus relaciones sentimentales —Clive Owen—, una fotógrafa enamoradiza —Julia Roberts—, un periodista con ambiciones de escritor de éxito y descontento de su lugar en el mundo —Jude Law—, y una vampírica y vampirizada —el periodista y la fotógrafa toman prestada su vida para sus obras— stripper) y sus variaciones durante un espacio de tiempo determinado. En este sentido, el uso de las elipsis temporales, que ya existía en la obra teatral, es uno de los aspectos más llamativos y brillantes de la narración.
Closer es un drama, pese a que un corrosivo humor se desliza por toda la película. El film no habla de amor aunque el flechazo sea el punto de partida. A pesar de que ha sido muy comentado, éste no es el eje vertebrador de la historia. Todo lo contrario, los personajes de Closer hablan durante casi dos horas de desamor, de sexo (entendido como algo no romántico), flirtean con la violencia soterrada, se echan en cara las infidelidades más que jurarse amor eterno, mienten y se muestran esencialmente egoístas. De este modo, la lectura que podemos hacer del film nos devuelve un profundo pesimismo en relación al ser humano. No hay lugar para mejorar la sociedad actual si somos incapaces de mostrarnos solidarios con aquel que tenemos más cerca; es más, es imposible existir sin angustia si nos quema el día a día y no encontramos nuestro lugar en el mundo. Tampoco podemos confiar en el amor como agente desalienante si éste resulta ser básicamente ambiguo y frágil. Si como dice uno de los personajes de la película, "la mentira es la moneda de cambio del mundo", las apariencias cobran importancia capital pues se convierten en la única herramienta de progreso para el hombre. Pero todos lo sabemos: las apariencias engañan...
(1) "El fantasma de la Ópera. El ángel de la música", Dirigido por... nº 341, enero 2005, p. 12
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Estados Unidos, 2004. T.O.: Closer. Director: Mike Nichols. Productores: Mike Nichols, Cary Brokaw, John Calley, Robert Fox y Scott Rudin. Producción: Icarus Productions, John Calley Productions y Avenue Pictures Productions. Guión: Patrick Marber, según su propia obra de teatro. Fotografía: Stephen Goldblatt. Montaje: John Bloom y Antonia Van Demellan. Diseño de producción: Tim Hatley. Vestuario: Ann Roth. Intérpretes: Natalie Portman (Alice), Jude Law (Dan), Julia Roberts (Anna), Clive Owen (Larry), Nick Hoobs (taxista), Steve Benham (conductor), Colin Stinton. |
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