Martin ya no vive aquí
Descubrimos el cine de Scorsese con un buen melodrama versión "road movie", Alice ya no vive aquí , con los ahora olvidados Kristofferson y Burstyn. Su fenomenal arranque, versión "bigger than life" del hogar de Dorothy antes de ir a Oz y representación de un mundo feliz que dejaba de serlo, costó más que el resto de la película. No obstante, esta referencia a la vez enamorada y distante del Hollywood clásico, nos orientaba hacia el camino que el joven director y ex seminarista iba a tomar. Tras una obra muy emparentada con la contemporánea Rain People de Coppola, Scorsese siguió un rumbo urbano hacia las malas calles y sus psicotaxistas. Alejándose de la lucida megalomanía que caracterizó la primera obra de Francis, el cine de Scorsese se centró en un mundo oscuro y torturado, que trataba el color como si fuera blanco y negro, urbano, violento y con escaso espacio para la esperanza. Los protagonistas de sus obras, Travis Bickle, Jake La Motta y la galería de chicos duros eran la cara oscura de la fuerza americana. Coppola dejó claro que una parte del sueño americano se basaba en la Cosa Nostra. Scorsese borró del mapa el sueño para colocar en su lugar la genuina pesadilla americana.
De Las Vegas a Cape Fear, Scorsese ha evidenciado la enfermedad de los USA. Una patología constituida por el egoísmo, una ambición desmedida y la paranoia. Una enfermedad que consume a sus víctimas. Elaboradas a partes iguales con melodrama y esperpento, las cintas de Martin han reflejado la amargura sufrida por aquellos que se vieron triunfadores y que ahora están a un paso del fracaso definitivo, en su vida profesional (De Niro en Casino), en su vida sentimental (Day Lewis en The Age of Innocence) o en ambas (Nolte en Cape Fear). Después del traspiés de Gangs of New York (un desmesurado complemento de The Age of Innocence, inútilmente grand guignolesco y recortado a su pesar), Martin Scorsese da un giro brutal a su carrera.
Un giro inadecuado, puesto que su El aviador no supone ninguna innovación estética y sí un cambio temático que rompe, insatisfactoriamente, con su obra anterior. Así, allí donde Scorsese analizaba la pesadilla americana, se vuelve ahora hacia el último gran héroe. El aviador no podía estar más lejos de Raging Bull. Jake La Motta era un rey destronado, un "loser"; Howard Hugues es multimillonario. Pero el salto radica también en el punto de vista otorgado a la narración por Scorsese quien, aun evidenciando el egoísmo y la psicopatía del millonario tejano, no duda en ensalzar (de forma harto incongruente con lo presentado en el relato) su ambición (predeteminada en un breve prólogo onírico en el que plantea ser el hombre más rico de Estados Unidos) y su carrera. El resultado no es coherente con la carrera de Scorsese. Sus "wise guys" eran asesinos fríos y sádicos; pero nos desconcertaba su cotidianeidad en la vida familiar y su simpatía. Hugues, el Hugues de Scorsese y DiCaprio, es aburrido; sus discursos y sus deseos son grandilocuentes, pero no nos transmite sensación alguna, ni asco, ni simpatía, ni odio.
Por otro lado, en tres horas de metraje, la trama acaba enredándose en los meandros de una narración que decae antes de la mitad y pierde su fuerza en recodos de escaso interés. De esta manera, tras una primera hora harto interesante, la película cae en un picado irreversible como sucede con los aviones de Hugues sin que la experiencia de Scorsese salve el vuelo. No basta con su "savoir faire" cinematográfico. No basta con que su habilidad técnica elabore una serie de atractivas "set pièces" en torno a Hell's Angels (deudoras de la grandilocuencia del Lawrence de Arabia de David Lean). No basta con la excelente factura de fotografía o el exquisito diseño de producción. El problema es que los personajes de El aviador, con Hugues a la cabeza, no tienen vida cinematográfica, por mucho que se muevan entre rodajes y fiestas de la Metro. El aviador es una película vacía, con un envoltorio que pesa más que su contenido y que pesa demasiado. Echamos en falta la tortura interior de los gángsteres de Nueva York. Incluso en la irregular Gangs… , el personaje de Daniel Day Lewis tenía más densidad dramática que este Howard Hugues de figurín. No hay melodrama, no hay esperpento. Más allá de la excelente recreación del estreno de Hell's Angels, la cinta pierde fuelle. La fiesta del Coconut Grove es espectacular, pero más próxima a Moulin Rouge que a la reconstrucción con finalidad dramática de La edad de la Inocencia.
Y se trata también de la falta de espíritu crítico de un "biopic" mucho más benevolente con su personaje de lo que pretende aparentar. La psicosis de Hugues está más cercana a las hollywoodianas locuras extraordinarias de Russell Crowe que a la tortura interior de los personajes de la filmografía de Scorsese (y, por que no decirlo, de Paul Schrader). Las infravaloradas After Hours y Bringin' Out the Dead insuflaban más vida en sus desmesurados, esperpénticos personajes, y más densidad dramática en sus planos que las esparcidas en el dilatado metraje de su última obra, una cinta que habría podido dirigir un artesano anodino como Zemeckis o Schumacher.
Hay destellos aislados, es cierto. El paralelismo entre la pasión por los aviones y por las mujeres, las brillantísimas escenas de los vuelos de prueba… Pero, por otro lado, las patéticas escenas de la paranoia de Hugues y las pesadas escenas del conflicto entre él, la Pan Am y el gobierno hunden la cinta en el tedio. No sabemos qué papel jugaron Errol Flynn, Cary Grant o Ava Gardner en la vida de Howard Hugues. Peor aún, no sabemos qué papel cree el propio Scorsese que jugaron, a tenor de la indefinición de las escenas en que aparecen. El millonario pasa de la locura a la lucidez con la velocidad de la claqueta que marca un cambio de plano. No sabemos del desarrollo de la Segunda Guerra o de la Guerra Fría, factor decisivo en la aprobación y desarrollo de su proyecto aeronáutico. No sabemos por qué se resuelve tan cinematográficamente mal el confuso y pobre juicio que se desarrolla en su contra (pese a la carga final de americanismo lanzada por un Coppola contra las cuerdas, la olvidada, brillante y ejemplar Tucker narraba con más energía un hecho basado parcialmente en la lucha de este industrial y del propio Hugues contra los monopolios)…
No se trata evidentemente de un problema de metraje excesivo, aunque se podría cortar una hora sin empeorar las cosas (una de sus obras maestras, Casino, tiene duración similar). Confiamos en que no se trate de una merma de facultades. Posiblemente es que Scorsese no tiene la capacidad de Coppola de enfrentarse a los magnates (Bob y Harvey Weinstein, en este caso) y sobrevivir. Quizás todo se deba a que Martin esta buscando desesperadamente a Oscar.
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| EEUU. 2004. TO: "The Aviator". Dirección: Martin Scorsese. Producción:
Sandy Climan, Charles Evans, Jr., Graham King, Michael Mann. Guión: John Logan. Música: Howard
Shore. Fotografía: Robert Richardson. Montaje: Thelma Schoonmaker. Dirección artística: D. Ferretti, Martin Gendron, Robert Guerra, Michele Laliberte, Claude Paré, Réal Proulx,
Daniel Ross, Francesca LoSchiavo, Carrie Wilksen. Vestuario: Sandy Powell. Duración: 170 min.
Intérpretes: Leonardo DiCaprio (Howard Hughes), Cate Blanchett (Katharine Hepburn), Kate Beckinsale
(Ava Gardner), John C. Reilly (Noah Dietrich), Alec Baldwin (Juan Trippe), Alan Alda (Senador Ralph Owen Brewster) , Ian Holm
(Profesor Fitz), Jude Law (Errol Flynn). |
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