No son precisamente minoría quienes piensan que las partituras compuestas para la trilogía de El Señor de los Anillos no se encuentran precisamente entre lo mejor que ha compuesto Howard Shore a lo largo de su ya dilatada carrera. Ahí quedan las composiciones frías y metálicas para algunas de las más películas más significativas de David Cronemberg, el score turbio y oscuro para el Se7en de Fincher o composiciones tan especiales como las de Ed Wood. Sea como fuere, el reconocimiento de la Academia le ha servido a Shore para demostrar, de una vez por todas, que es un compositor de lo más versátil. Situado en el olimpo de los más grandes, es capaz de encargarse, sin pestañear, de las comedias más tontorronas y de los dramas más épicos.

Sólo desde esta óptica es posible abordar un score tan singular como El aviador, en el que vuelve a colaborar de nuevo con Martin Scorsese tras los buenos resultados obtenidos con Gangs of New York. El último filme de Scorsese es un fascinante biopic del excéntrico Howard Hughes, director de cine, piloto y hombre de negocios. La película, que se centra en la vida de Hugues desde 1927 a 1947, se ahorra los escalofriantes últimos años de una vida lacerada por la locura.

El score se abre con la barroca fuga Icarus, una pieza que parece hecha a medida para anunciar la entrada en escena de este mecenas del siglo XX; una alfombra roja fastuosa en la que instrumentos del más variado pelaje hacen reverencias al genio loco. Se trata quizá de la pieza más "clásica" compuesta por Shore en los últimos años. Desde luego, nada tiene que ver con There is not Great genius wihout some form of madness, una pieza solemne con abundancia de instrumentos de cuerda y un punto trágico que de alguna manera presagia el drama que está por venir. Muirfield incide en esa línea trágica, aunque está traspasada por la tristeza del principio al fin de la composición, como si se tratase de un hermoso paisaje abrasado por el incendio.

La primera vez que suena el motivo central de la película es en H-1 Racer Plane, quizá la pieza que más fácilmente podría emparentarse con sus partituras para la trilogía de El señor de los anillos, una suite épica que irrumpe con una fuerza desorbitada, desafiante y que musica a la perfección la faceta de piloto intrépido de Hugues. La pieza se repetirá, con variaciones, en American´s Aviation hero, que a mitad de la canción se despoja de todo artificio, con un piano repitiendo de forma pausada las notas.

A la hora de abordar el biopic de Hughes, Scorsese no se ha limitado a mostrar su faceta como director de cine, lo que hubiera sido la opción más agradecida. Antes al contrario, combina su faceta pública con sus tormentos personales y sus crisis vitales. Las partituras de Shore abundan en la misma dirección. El compositor, en lugar de decantarse por piezas épicas que se queden en la memoria a la primera de cambio, introduce elementos disonantes y dispares entre sí. Es el caso de partituras como 7000 Romaine, en la que se incorporan castañuelas y guitarras españolas. No hay que olvidar al respecto la influencia que lo "hispano" tenía en la arquitectura y cultura de la California de los años 30.

A medida que Hugues va perdiendo la cabeza, el score se vuelve más retorcido y angustiante, como en The screening room, que parece la ilustración a carboncillo de un mal sueño. Las cuerdas rechinan y se repiten en bucle (acompañando unas imágenes terribles de Hughes visionando una y otra vez sus películas mientras yace desnudo en una sala de proyecciones). Algo menos oscura, pero igual de inquietante es Hollywood 1927, que comienza con un inserto de la banda original de Ángeles del infierno, compuesta en su día por Hugo Riesenfeld.

En la banda sonora compuesta por Shore también hay espacio para ribetes jazzies como en la sugerente The germ free zone, que se desliza misteriosa, reptando por los sones contenidos de una trompeta. También hay lugar para curiosos experimentos, como en Long Beach Harbour 194, en el que se recurre a un archivo radiofónico que ilustra el despegue del Spruce Goose, el hidroavión gigante construido en la fábrica de Hugues. La emisión del emocionado reportero se superpone a una ajada interpretación de la Sinfonía Nº6 de Tchaikovsky (que también se utilizó en su día en Ángeles del infierno). El CD se cierra con The Way of the future, que es la frase que no puede dejar de repetir compulsivamente un Hugues cuya mente está próxima al abismo. Concluye así el fascinante viaje propuesto por un Shore en plenitud de facultades, no apto para los amantes de las odiseas épicas pero altamente recomendable para quienes no buscan al enésimo clon de Zimmer.

Por Javier Pulido
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Música de Howard Shore. Edita: Decca (EE.UU., 2004). Duración: 47:28. Director: M. Scorsese.

1. Icarus • 2. There Is no Great Genius Without Some Form of Madness • 3. Muirfield • 4. H-1 Racer Plane • 5. Quarantine • 6. Hollywood 1927 • 7. The Mighty Hercules • 8. Howard Robard Hugues, Jr. • 9. America´s Aviation Hero • 10. 7000 Romaine • 11. The Germ Free Zone • 12. Screening Room • 13. Long Beach Harbour 1947 • 14. The Way of the future •