Prefiero pensar que mañana nada va a ser igual
El director irlandés Terry George comenzó su carrera en el cine como productor y guionista de En el nombre del padre, de Jim Sheridan, basada en la historia real de un joven que fue acusado injustamente de terrorismo y obligado a confesar mediante torturas para acabar condenado a cadena perpetua. Tres años más tarde, en 1996, dirigía lo que aquí se dio en llamar En el nombre del hijo, pese a que su título original no hiciese ninguna referencia al filme mencionado en primer lugar, con el tema del IRA como telón de fondo, y en el 98 dirigía A Bright Shinining Lie, centrada en la guerra de Vietnam. No es pues de extrañar que en su nueva película quiera abrir los ojos del mundo una vez más, fijando su atención sobre un tema que en su momento fue, si no ignorado casi por completo, si por lo menos ninguneado tanto por los medios de comunicación y el prisma que otorga la distancia y la seguridad del sofá, la cervecita y ese televisor que cuenta tantas cosas al cabo del día, como por las fuerzas políticas y sus brazos armados, que aunque presuntamente sirven para promover la paz, es precisamente en esos momentos en que pueden ceñirse a su supuesta razón de ser, cuando no son empleados.
La acción de Hotel Rwanda se ubica en 1994, en una época en la que el país africano sufrió uno de los mayores genocidios de la historia de la humanidad, donde perecieron cerca de un millón de ruandeses. No importa si tutsis o hutus, fueron un millón de vidas humanas segadas en nombre del odio fomentado por los mismos colonos que deciden a qué marionetas colocar en el poder hasta que escapan a su control.
Sin embargo, la historia, lejos de lo que puede parecer en un principio, se centra en un núcleo muy reducido del conflicto, y en concreto en un personaje central, Paul Rusesabaguina, al que ya se ha tildado (ahora, a raíz de la película, ya que cuando se convirtió realmente en un héroe, hace diez años, pocos oyeron hablar de él) como el Schindler de Rwanda, que salvó de la masacre a cerca de 1200 personas en el hotel del que se encargaba, pues el dueño ahuecó el ala en cuanto le vio las orejas al lobo.
Así, sin cebarse excesivamente en la ola de violencia, Terry George intenta construir el retrato de un hombre bien situado socialmente, que no duda en anteponer a su familia a todo lo demás, que trata de cubrir sus espaldas y las de los suyos trabando buenas relaciones con todas las personalidades políticas y militares que pasan por el hotel, sin dudar de que un día les va a necesitar, y.cuando esto ocurre, vamos asistiendo a la transformación del personaje, que termina desviviéndose por salvar no sólo a los suyos, sino a todo aquel que lo necesita.
No hay duda de que Hotel Rwanda, como cualquier otra película que intenta abrir un poco de luz sobre un tema como éste, es a priori necesaria, y si bien la película de George sigue siéndolo a posteriori sólo logra a medias su objetivo, dejándose muchas cosas en el tintero, y quizá en su afán por ensalzar la figura de Rusesabaguina, que sin duda lo merece, está perdiendo la oportunidad de explicar un poco mejor el conflicto. Temas como el asesinato del presidente, hecho que desencadenó directamente la tragedia, es apenas mencionado de pasada. Además, en general el guión no se beneficia en absoluto de ciertos tópicos que merman un filme que prometía bastante más.
Quizá los peores de estos tópicos son aquellos que se sustentan del pobre desarrollo de algunos personajes, como el del coronel Olivier, al que el limitado Nick Nolte apenas aporta algo de interés, o el de Gregoire, empleado del hotel que desde el primer plano en que aparece es mostrado como el-malvado-hutu-marcado-por-el-odio, siendo por el contrario muy destacables las brillantes interpretaciones de los personajes principales: Don Cheadle, que se convierte en el auténtico alma de la película soportando todo el peso del guión sobre sus hombros con una construcción muy sólida de su personaje y retratando su evolución de una forma verosímil, junto a Sophie Okonedo, que da vida a su esposa Tatiana, que en un papel difícil, logra no resultar ni demasiado comedida ni tampoco excesiva, interpretaciones que han valido sendas nominaciones a los oscar, tan merecidas como inmerecida pudiera ser la que obtuvo el guión de la película, pero no entraremos ahora a valorar la justicia de estos premios, y menos en un año en el que han ganado una gran película y un gran director.
No obstante, el filme de George tiene una gran fuerza visual que salva en parte la debilidad de la línea argumental, sobre todo en las escenas más centradas en la barbarie que está sucediendo en la ciudad, en parte por la labor de la fotografía, y en parte por lo que muestra, con momentos escalofríantes que nos incitan a pensar en el destino de la raza humana, y a plantearnos como son posibles cosas semejantes en el mundo. Si seguimos por esa línea de pensamiento, algo nada recomendable, terminamos llegando a la terrible conclusión de que la humanidad camina hacia su propia autodestrucción. Es muy triste pensar que lo único que podemos hacer, es tratar de retrasar ese momento lo máximo posible. Como dice Rosendo, prefiero pensar que mañana nada va a ser igual. Pero aunque pensar ayude para según que cosas, me temo que no es suficiente sólo con eso. |
| Gran Bretaña, Sudáfrica, EE.UU. e Italia, 2004. T.O.: Hotel Rwanda. Director:
Terry George. Producción:
A. Kitman Ho y Terry George. Guión:
Keir Pearson y Terry George. Fotografía:
Robert Fraisse. Diseño de producción:
Tony Burrough y Johnny Breed. Música:
Andrea Guerra, Rupert Gregson-Williams y Afro Celt Sound System. Montaje:
Naomi Geraghty. Duración: 121 min. Intérpretes:
Don Cheadle (Paul Rusesabagina), Sophie Okonedo (Tatiana), Nick Nolte (Coronel Oliver), Joaquin Phoenix (Jack), Desmond Dube (Dube), David O'Hara (David), Cara Seymour (Pat Archer), Fana Mokoena (General Augustin Bizimungo), Hakeem Kae-Kazim (George), Tony Kgoroge (Gregoire), Ofentse Modiselle (Roger). |
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