Duelo de titanes

Acostumbrados a las insulsas secuelas que nos suele ofrecer el cine norteamericano a partir de películas que en su día tuvieron éxito y que a priori no aparenta una razón más lógica de existir que es la repetición constante de personajes y situaciones que ya fueron explotadas en su momento con la finalidad de intentar conseguir un éxito similar o superior al original, la llegada de Los padres de él podría ser perfectamente la excepción que confirma la regla.

Un par de años después del éxito que supuso Los padres de ella a partir de una fórmula simple pero efectiva dejando toda la responsabilidad en unos actores más que eficientes, la anunciación de la segunda entrega no presagiaba más que el desastre total a base de la anulación de las buenas ideas que contenía la primera película, pero la sorpresa que uno encuentra tras su visionado no solo disipa las ideas expuestas anteriormente sino que hace desear una siguiente entrega de las aventuras y desventuras de la familia Follen.

Libre de la carga de la consabida presentación de los personajes, el presente largometraje se centra no en repetir las pautas de la anterior sino en superarlas ofreciendo un espectáculo dantesco que va in crescendo durante toda la proyección. Consciente de la empatía que los personajes originales cuentan entre el público, el director Jay Roach (artífice de Los padres de ella) en vez de tomar el camino fácil e inventar una trama rocambolesca para intentar sorprender, reduce al mínimo un argumento para dar cabida a una historia simple pero hilarante y efectiva a todos los niveles. Bajo la simple premisa del encuentro entre la familia Byrnes capitaneada por Robert DeNiro, a la cual ya conocemos y la familia Follen, dará como resultado un duelo de titanes de proporciones dantescas, cuasi surrealistas en las que la originalidad y la previsibilidad quedan de lado en pos de una mayor calidad.

El mayor acierto que Roach ha sabido aprovechar ha sido el previo conocimiento (no físico) de los Follen en la anterior entrega, dilatando un encuentro que a medida que vamos acompañando a Grez hacia su destino acompañado de su familia política adivinamos será antológico.

A partir de ahí nos enfrascamos en una montaña rusa liderada por la carcajada donde todo vale y la sucesión de gags y secuencias no solo están muy bien cohesionadas sino que no indignan como la mayoría de ocasiones en las que un argumento "trabajado" no sirve para maquillar una mediocridad en forma de película.

El mismo equipo que hizo posible la primera entrega conoce sus limitaciones y como tal lima las asperezas y errores cometidos años atrás para ofrecer un festival del humor en estado puro. Un humor que se sustenta en la variación de las situaciones expuestas en la primera película desarrollándolas intentando conseguir el mismo efecto fresco que surgía en Los Padres de ella, pero cuya esencia está en la renovación de los golpes de humor, no en la repetición de situaciones que en su día funcionaron. Un aire fresco que hace de Los Padres de él una comedia que sin alcanzar las cotas de maestría de las screwball comedies de Hawks, muchas veces nos recuerdan a esa etapa donde te reías a gusto sin tener la sensación de haber sido estafado con cuatro chistes colocados estratégicamente.

La película sigue la estructura de aquellas comedias. Sustentada en dos pilares básicos y fuertemente construidos como son el guión y los actores, la demolición es imposible sobretodo cuando el que lleva la batuta es alguien tan experimentado en la comedia como Jay Roach que además de dirigir las dos andanzas de los Follen fue el director de la trilogía más descacharrante de la última década, oh sí nena me refiero a Austin "peligro" Powers.

Roach sabe manipular como pocos el humor fácil para no convertirlo en burdo y dejar para el recuerdo secuencias tan memorables como el partido de fútbol entre Dustin Hoffman y Robert De Niro o la persecución con clímax en el retrete entre el gato de los Byrnes y el perro de los Follen. El director se limita en este caso a dar rienda suelta a la creatividad de unos actores que inusualmente cómodos en sus personajes se dedican a ofrecer un recital de hilaridad que alguien menos dotado hubiera transformado en bochorno. Desde el ya de por sí cachondo Ben Stiller repitiendo su papel de humillado, pero esta vez por ambas familias, pasando por el magnífico Robert De Niro hasta llegar a la sorpresa que supone el matrimonio formado por Dustin Hoffman y una sorprendente Barbra Streisand encarnando a los padres de él, la película supone un alivio para el gran público ávido de una película decente con la que despachar un domingo por la tarde.

Obviamente Roach no es Hawks y Los Padres de él no es La fiera de mi niña, ni tampoco lo pretende, pero los creadores pueden sentirse orgullosos de ofrecer al espectador dos horas de diversión pura y dura y la mayor satisfacción que es la sensación de salir contento y alegre de una sala de cine tras haber visto una comedia y no querer matar al taquillero o quemar el local, lo cual ya se merece un respeto.

Por Emilio Mtez.-Borso
cartel
EE.UU., 2004 T.O.: Meet The Fockers. Director: Jay Roach. Guión: Jim Herzfeld y John Hamburg. Productores: Jane Rosenthal, Robert De Niro y Jay Roach. Música: Randy Newman. Fotografía: John Schwartzman. Montaje: John Poll &  Lee Haxall. Diseño de Producción: Rusty Smith. Duración: 115 min. Intérpretes: Robert De Niro (Jack Byrnes), Ben stiller (Greg Focker), Dustin Hoffman ( Bernie Focker), Barbra Streisand (Roz Focker), Blythe Danner (Dina Byrnes), Teri Polo (Pam Byrnes), Owen Wilson (Kevin Rawley)