Innisfree aún es posible

Hay películas que son un auténtico obsequio para el espectador… y un regalo envenenado para el crítico. Es harto difícil analizar de manera mesurada una película que ha conseguido insólitamente el consenso de público y crítica, en especial si se acuña la frase "obra maestra" y si el autor tiene las simpatías de unos y otros.

Sirvan pues estas líneas de disculpa por la demora en presentar a los lectores el análisis de la cinta en cuestión, Million dollar baby. Pero da la impresión que analizar una obra de un autor antaño vilipendiado, antes ignorado y ahora ensalzado por todos es actividad de riesgo.

Para ganar en el boxeo, hay que moverse hacia atrás. Pero si retrocedes demasiado, al final ya no estás luchando.

Uno de los méritos de Million dollar baby es su estructura basada en una suerte de crónica epistolar. Ello permite de manera coherente una narración en "off" narrativo que ilustra sin abusar los "off" visuales. Su discurso incluye una serie de aforismos que se integran de forma natural y coherente con el hilo de las imágenes. El primero de estos aforismos, "para ganar en el boxeo, hay que moverse hacia atrás", podría aplicarse a la trayectoria del propio Clint Eastwood. Hay que reconocer que nuestro hombre puede presumir de una carrera ciertamente singular. De protagonista televisivo de Rawhide a hombre sin nombre de los "spaghetti western" de Leone y de allí al fascista Harry Callahan, Eastwod salta a la dirección con Play Misty for me (Escalofrío en la noche, 1971). A partir de entonces combina interpretación y dirección en una serie de películas progresivamente interesantes, desde la espléndida High Plains Drifter (Infierno de cobardes, 1972) hasta la actualidad. (1) La crítica valoró algo artificiosamente sus sucesivas entregas como una alternancia de productos de encargo menos arriesgados y proyectos personales. Así, "moviéndose hacia atrás", Eastwood ganaba una filmografía basculante de The eiger sanction (Licencia para matar, 1975, quizás el peor punto de su carrera) a The outlaw Josey Wales (1976), de Ruta suicida (The gauntlet, 1977) a la apreciable Bronco Billy (1980), de la desfasada Firefox (1982) a la excelente Honky Tonk Man (El aventurero de medianoche, 1982), de Impacto súbito (1983), a Pale rider (1985), de la menosvalorada Heartbreak Ridge (El sargento de hierro, 1986) a Bird (1988). La aparición de esta obra maestra parece romper la norma, puesto que sus obras sucesivas son (se originen o no en encargos ajenos) obras absolutamente personales. No obstante, hay que considerar que Eastwood construía su obra tanto con sus películas aparentemente más personales como con las consideradas como obras menores. Así, el canto a los perdedores del sueño americano que aparece en Million dollar baby tiene capítulos complementarios en la suavizada Bronco Billy y en Honky Tonk Man. La soledad del individualista queda retratada en The Eiger sanction, Josey Wales o The gauntlet. Los retratos de personajes egocéntricos aislados en un mundo que creen gira en torno a sus deseos van del propio Bronco Billy a Heartbreak Ridge, del émulo de John Huston de White hunter, black heart o incluso de los personajes de True crime y Blood work.

Being tough ain't enough (ser duro no es suficiente).

Uno de los méritos de Million dollar baby es su calidez humana. Scrap plantea, haciéndose eco de las ideas de Frankie Dunn, que sólo son buenos los boxeadores con corazón. El acertado "casting" completa el guión aproximando al espectador personajes que en Rocky o incluso en Raging Bull se nos hacían increíbles o lejanos. Dunn, Scrap, Maggie o Danger son seres humanos alejados de la cotidianeidad del conjunto de espectadores; pero creíbles, reconocibles, en otros profesionales de nuestro entorno. Lejos queda la dureza y la frialdad de los protagonistas de Infierno de Cobardes, Licencia para matar, Josey Wales o The Gauntlet. Lejos quedan también la superficialidad de Bronco Billy o El principiante.

El referente externo de Million dollar baby sería Fat city, la olvidada, amarga y espléndida obra de Huston ambientada en el mundo del boxeo. Los referentes internos serían los complejos protagonistas de Bird, Heartbreak Ridge o Mystic River. A todo ello tampoco es ajena la composición de un Eastwood que utiliza su máscara de inexpresividad para dejar asomar, entre las arrugas, un amago de dolor, un gesto de contrariedad ante el amigo que le deja, la angustia ante el sufrimiento de seres queridos…

Los ganadores son simplemente aquellos que están dispuestos a hacer cosas que no harán los perdedores.

El gimnasio Hit pit es, junto a Frankie Dunn, Scrap y Maggie, el otro gran protagonista de la historia, Una especie de purgatorio en el que un conjunto de personajes se refugian de un mundo que les es hostil y en el que cuelgan estratégicamente una serie de consignas para estimularles. Big Willie conseguirá salir de él gracias a su perseverancia. El egoísmo de Shawrelle será la causa de su destierro. Danger y Scrap no tienen otro lugar al que ir. Maggie y Frankie lo habitan a la espera de encontrar su lugar en un mundo que se aleja de ellos.

Junto a Eastwood, los creadores de este Hit pit son Henry Bumstead, director de producción, y Tom Stern, director de fotografía. Entre todos han gastado las paredes de este viejo local, nos muestran sus paredes descascarillados, los rincones mal iluminados y recogen los ecos de sueños que rebotan en las paredes desnudas. En ninguna otra obra de Eastwood el espacio había tenido tanta relevancia, tanta densidad dramática. Sólo en los espacios abiertos de Unforgiven o en los interiores y exteriores de la Savannah de Midnight in the garden of Good and Evil, hay un protagonismo equivalente al del Hit Pit. Un gimnasio que, más que un lugar, es un estado de ánimo.

Algunas heridas son tan profundas o próximas al hueso que no puedes detener la hemorragia, hagas lo que hagas.

Que Clint Eastwood siga haciendo cine estimula. Que a los setenta y cinco años realice una película sobre el boxeo sorprende. Lo cierto es que Million dollar baby no tiene de boxeo más que su McGuffin. Es decir, el boxeo es la excusa para mostrarnos la lucha vital de unos personajes para hacerse un lugar en el mundo. Quizás un pequeño lugar; pero, en definitiva, su lugar. En este sentido cabe valorar que mientras Mystic River describía la caída de unos personajes, su pérdida de dignidad, Million dollar baby, por su parte, define a unos personajes que tienen una deuda consigo mismos y consiguen pagarla con su propia dignidad.

Frankie Dunn compró el Hit Pit para descubrir pronto que todos los gimnasios pierden dinero. Era un parcheador (responsable de cerrar heridas y cortes sangrantes de los luchadores) y entrenador que se refugió en el gimnasio para no comprometerse a otros combates más agresivos. Su lema "protégete siempre" guía su vida y la de sus pupilos. Su herida es tan profunda que le ha arrebatado todo deseo, toda capacidad, de riesgo. El dolor, el temor a nuevas caídas, le inmoviliza. A diferencia del sargento de hierro, Frankie Dunn tiene buen corazón, pero su destino puede ser el que esperaba a aquel personaje, triste, solitario y final. Tras un descalabro familiar, no explicado pero omnipresente en su consecuencia, Frankie se refugia en su trabajo, en duelos verbales y teológicos con el padre Horvak, a quien gusta de retar, y en la lectura en gaélico de Yeats (2).

"Hay cosas que una persona no quiere oír". Frankie Dunn no acepta que su temor a la derrota le hace perder las oportunidades de la vida, a él y a sus pupilos. Atesora sistemáticamente las cartas que escribe a su hija y que sistemáticamente le son devueltas. Nada puede sacudirle de su ensimismamiento hasta que, tras la deserción de Willie, Scrap sacude su alma (3).

Maggie Fitzgerald «es basura; viene de Theodosia, un lugar situado entre ninguna parte y el adiós.(…) Sin embargo, es capaz de arriesgarse por un sueño que sólo ella puede ver». Será Scrap, que ya vio con su único ojo como Willie se preparaba para marchar, quien pone a Maggie en el camino de Frankie. Y será Scrap quien animará a Frankie en un proyecto que cambiará sus vidas.

El acuerdo entre la púgil y el veterano entrenador es, por todo ello, una adopción mutua. El entusiasmo desbordante de Maggie (4) acaba contagiando a un Frankie que se siente tocado muy adentro. La fotografía de Stern presenta a Frankie con la cara en las sombras (como antes hiciera con Scrap) antes de entrar en el círculo de luz y pedir fidelidad a Maggie a cambio de cumplir su parte del trato. El compromiso tiene mucho de fáustico; aunque Frankie parece sólo temer lo peor. Tras un implacable intercambio de propuestas y contrapropuestas, el acuerdo se solidifica sobre la silueta del "speed ball". Un guión perfecto se combina con una perfecta puesta en escena.

A partir de aquí, tras la presentación de los personajes, tras el incidente inductor y tras el primer punto de giro, el guionista Paul Haggis se dedica a construir la evolución de la carrera de Maggie. A partir de aquí, Eastwood construye una obra que oscila entre el clasicismo y la modernidad. Hasta esta escena ha recurrido fundamentalmente a los juegos de luces y sombras, evocando el "noir" clásico, tanto para aislar a los personajes en sus soledades como también para identificar su probable capacidad demiúrgica (en distintas escenas Frankie y Scrap aparecen como alejados de la escena que contemplan, sea desde lo alto de una estadio, desde el despacho de Frankie o desde las sombras). Con la alegre irrupción de Maggie en la vida de Dunn, la puesta en escena complementa los planos cortos y contraplanos con una sucesión de suaves travelling y panorámicas que ilustran la evolución del entrenamiento y la relación de los protagonistas. De manera no casual, Stern y Eastwood otorgan diferentes calidades de luz a la relación entre el entrenador y Maggie, felizmente rebautizada por Dunn como Mo Cuishle para su vida en el "ring", o las escenas entre él y el cura, bañadas en una luz neutra, poco hospitalaria.

Pero Eastwood demuestra como hiciera en Space cowboys (otra sentida, jovial y fordiana reivindicación del trabajo de grupo), Absolute Power, True Crime y Mystic River, que ya no es puro duro. Se ha alejado de sus mentores Sergio (Leone) y Don (Siegel) y se acerca a Ford, a Kurosawa y (¿es muy atrevido decirlo?) a Ozu. Clint se aproxima al "melo" con sobriedad y serenidad extrema. Tras un milimétrico punto de giro argumental (5), Eastwood mantiene el hilo narrativo en base a un encadenado de imágenes, fundidos en negro y elipsis a ritmo de respirador. No hay gritos, no hay llanto. El laconismo del método hace más dolorosa la compungida cara del otrora duro.

Frankie oscilaba entre el temor al castigo eterno advertido por el cura católico (perderse en un lugar tan profundo en el que será imposible encontrarse) y el utópico regreso a Innisfree. Haggis y Eastwood dejan claro que queda otra opción.. «Yo podría descansar con eso», afirma el sabio fregasuelos para conseguir, una vez más, que Eastwood entienda que ha hecho lo correcto y que debe seguir adelante. Por el camino, él ha conseguido vencer su pelea 109, desterrando a Shawrelle, el boxeador sin corazón. Por el camino, Frankie arrancó a Maggie de la suciedad moral de Theodosia y la transformó en la triunfadora Mo Cuishle (mi querida, mi sangre). No importa si consiguió el cinturón de campeona. No importa su destino final. Maggie, al igual que Frankie, podría reivindicar su dignidad con éxito.

En el centro de la película, un travelling suave envuelve el pequeño refugio dónde descansan Maggie y Frankie tras una desagradable jornada con la familia de ella. Al final de la historia, un suave travelling de aproximación insinua que Dunn, que ya no tiene nada en su corazón, se refugia en un particular Innisfree. Esperemos que a Eastwood le quede más corazón para seguir rodando.

Postdata: Aun ahora no sabría decirles si Million Dollar Baby es una obra maestra. Pero corran a verla.

(1) Creo personalmente que Eastwood optó por historias más comerciales en sus primeras obras, aunque High Plains Drifter es ciertamente insólita y atrevida (y, posiblemente, superior a su estimulante aunque algo lánguido Pale rider y a la insuficiente The quick and the dead, de Sam Raimi, cintas con las que mantiene bastantes puntos de contacto).

(2) Y a través de él, hablar de Innisfree, tierra idílica a la que Frankie Dunn parece tener vetado el acceso y remitir a John Ford, referente narrativo y visual de Eastwood para esta y otras obras, que, no casualmente, citaba los versos en The Quiet Man

(3) Scrap es el Walter Brennan de Dunn; tiene la combinación de humor y sobriedad del perfecto secundario. Es el contrapunto perfecto de Dunn y la confirmación de la capacidad sintética de Paul Haggis. Sus réplicas son implacables ("me gustan los calcetinos aireados", "con un ojo veo más que tú con dos") y sus intervenciones son frecuentemente el motor narrativo.

(4) Maggie, una excepcional Hillary Swank, redondea el excepcional terceto protagonista. Es este un personaje hasta ahora presente en las películas de Eastwood sólo "en pequeñas dosis": las prostitutas de The Gauntlet o Unforgiven, las mujeres de Savanah en Midnight... o la Bernardette Peters del Cadillac Rosa, dirigida por el amigo Buddy Van Horn bajo los auspicios de Clint.

(5) Prefigurado por referencias argumentales (la mayor dificultad en el entrenamiento de Maggie es que pueda respirar adecuadamente) o visuales (la aparición repetidamente premonitoria de la banqueta)

Por Antoni Peris Grao
cartel

EE.UU., 2004. TO: "Million Dollar Baby". Director: C. Eastwood. Producción: Albert S. Ruddy, Tom Rosenberg, C Eastwood y Paul Haggis. Guión: Paul Haggis; basado en relatos recogidos en "Rope Burns" de F.X. Toole Fotografía: Tom Stern. Montaje: Joel Cox. Diseño de producción: Henry Bumstead. Música: Clint Eastwood. Duración: 137 min. Interpretes: Clint Eastwood (Frankie Dunn), Hilary Swank (Maggie), Morgan Freeman (Eddie Scrap-Iron Dupris), Jay Baruchel (Danger Barch), Mike Colter (Big Willie Little), Lucia Rijker (Billie), Brian O'Byrne (Padre Horvak), Anthony Mackie (Shawrelle Berry), Margo Martindale (Earline Fitzgerald), Riki Lindhome (Mardell), Michael Peña (Omar), Bruce McVittie (Mickey Mack).