Abril, el otoño porteño ataca y entibia. Además de impulsarnos a desempolvar el pulóver finito, y el saquito grueso, esta época nos trae los festivales cinéfilos. En marzo ya pasó el de Mar del Plata, y para abril se viene el Bafici (de cine "independiente"). En Mardel estuvo Anabella Speziale, que haciendo particular foco en la producción latinoamericana, realizó para El Túnel una crónica de exquisita escrupulosidad periodística (leer crónica festival). En Buenos Aires, mientras tanto, continuaron los estrenos rioplatenses: de la multipremiada (y vitoreada) Whisky (de Rebella-Stoll) ya mucho se ha hablado, pero Martín Cartuk aun no ha dicho lo suyo; Manuela González por su parte, desgrana PyME (de Alejandro Malowicki), sobre la no menos convulsionada situación de las pequeñas empresas argentinas pos menemato; por último, Pedro Grosso, relata sus experiencias ante la última película de Javier Torre (Vereda Tropical), centrada en la figura del escritor Manuel Puig.

El frescor aumenta, los pañuelos no alcanzan, tampoco el dinero (las entradas de cine siguen y siguen aumentando, incluso la de los festivales), pero no nos van a detener. Bufanda en cuello, guantes en manos, nuestro videoclub amigo siempre estará al lado de la verdulería.

Desde mi Buenos Aires roído, saluda atentamente, Sebastián Russo, recordando que para insultar, halagar, o acotar: srusso@miradas.net

Me matan si trabajo

Whisky (Urugay, 2004). Dirección: Juan Pablo Rebella, Pablo Stoll. Guión: Juan Pablo Rebella, Pablo Stoll, Gonzalo Delgado Galiana. Fotografía: Bárbara Alvarez. Música: Pequeña Orquesta Reincidentes. Montaje: Fernando Epstein. Duración: 95 minutos Distribuidora en Argentina: Primer plano. Fecha de estreno en BsAs: 3 de marzo del 2005. Intérpretes: Jorge Bolani, Daniel Hendler, Ana Katz, Mirella Pascual, Andrés Pazos, Alfonso Tort.

Filosa, diría, esta nueva película de Rebella y Stoll. Filosa porque se mete para buscar, porque realiza el corte en el lugar de apariencia más cerrado, más obvio, más natural. Lo que parece parido por la eternidad de repente se convulsiona, se retuerce y comienza a confesar su transitoria mundanidad.

Con tiempos casi cotidianos la historia transcurre entre engranajes, ritmos inviolables, soles infatigables que amanecen para llegar temprano a la fábrica de medias y encender las máquinas. El avaro usurero y asceta. La avaricia usurera y asceta. Se llena otra bolsa de medias para ser vendida.

Whisky. Algo estalla, lo insólito se instala.

Me fui muy satisfecho del cine, por la multiplicidad de sentidos en las historias, porque me reí de la familiaridad, de la naturalidad. Me reí porque me vi sorprendido por lo que no esperaba, pero sobre todo por lo que esperaba, por lo que sabemos que va a pasar y pasa, en la pantalla y en nuestras vidas.

Lágrimas finalmente incontenibles de la esponja atrapadora de angustias. No puedo más. Te digo que no puedo más. Vómitos de lágrimas. En un momento la esponja no absorbe más; nuestros cuerpos nos miran al espejo pidiendo explicaciones. Y qué responder sino lágrimas. Femeninas lágrimas. Y no esperaba el final. La violencia con la que los títulos empiezan a pasar en la pantalla no fueron un antes y después de la película. No me entretuve. Todavía hoy sigo jugando a intentar parar el sol antes de que ingrese en la fábrica.

Martín Cartuk

Sudacas sillas sitiadas

PyME (Sitiados) (Argentina, 2003).Dirección: Alejandro Malowicki. Guión: Ignacio Rey, Adriana Man y Guillermo Selske. Jefe de Producción: Ignacio Rey. Fotografía: Germán Drexler. Música: Luis Gurevic. Sonido: Fernando Vega. Dirección de arte: Silvio Fischbein Vestuario: Liza Gieco y Julieta Casuscelli. Maquillaje: Sonia Rossen. Asistente de arte: Liza Gieco y Julieta Casuscelli. Duración: 96 minutos. Fecha de estreno en Bs.As.: 3 de marzo 2005. Intérpretes: Gabriel Molinelli, Bernardo Forteza, Duilio Orso y Hugo Alvarez.

PyME de Alejandro Malowicki (viejo y peludo del cine argento) es una cápsula de tiempo que nos remota a los dulces y dorados 90. Sí mi lector: la era menemista. Entre tanto 1 a 1, chiches importados, vacaciones en el exterior, y tantas otras porquerías más, los argentinos quedamos como embobaos con tanto bailongo.

Nosotros somos del tango, ¿vio? Para la lambada nos faltaba… y de esto nos viene a gritar PyME, de esto que sucedió hace tan poco y volvimos a olvidar (ultimas elecciones presidenciales, Carlos Saúl Menem obtiene una cifra descomunal de votos. No hay caso: estamos devaluados). Viene a denunciar las miles de fábricas nacionales que murieron ahogadas entre deudas, imposibilidad de competencia, intereses de otra galaxia, acreedores, bancos y mafiosos varios. PyME (siglas de Pequeñas y Medianas Empresas) trata sobre la decadencia de una fábrica nacional productora de sillas, con un final certero, previsible, aunque acertado (si esta película la hubiese rodado Campanella y Cia. —El hijo de la novia, Luna de avellaneda— todos terminarían en ronda, tomándose un vino con un buen asado. Salvedad: no es el caso).

Prosigo.

Del final, me veo tentada a susurrar que si bien es verosímil, es apresurado y a los tumbos, y uno se queda en la butaca como un dibujito animado con un "?" sobre la cabeza. PyME, al tratarse de la ruina misma de una fabrica, emplea un lenguaje particularmente "de mercado". Pero (mágicamente) uno entiende todito lo que hablan/gritan/escupen los personajes. Les confieso que mis pobres conocimientos económicos se ampliaron. En cuanto a los personajes, conforman una unidad (buenos buenudos y malos malosos) que enriquece el (excelente) clima de tensión (además de la nostalgia tan argenta —no se olviden del tango, che—). Parece fueron creados para parir un ambiente, más que para identificar a cada actor.

Malowicki exprimió (y se siente) hasta la última gota, todas las sensaciones que nos suscita el ambiente fabril: las máquinas mismas son una exacerbación de la magnificencia, la actividad, la imaginación. El símbolo del poder. El hombre controla y es la máquina quien ciegamente continua la labor. En cuanto al rodaje, la película fue filmada en 2 fábricas que hoy son totalmente autogestionadas y funcionan como cooperativas: IMPA y NUVA.

Para ir cerrando, no considero a PyME una película, sino un "intento de"; un buen proyecto denunciante, aunque careciente como para ser tomado como obra finalizada. Aunque alguien una vez dijo «una obra de arte nunca se termina, solo se abandona», y me taparía la boca olímpicamente.

Lectores, no me retiro sin decir desde este humilde rincón internético: Kirchner, dale más pelota a las PyME.

Manuela González

Mientras Cae la noche Tropical

Vereda tropical (Argentina-Brasil, 2003). Dirección y guión: Javier Torre. Fotografía: Miguel Miño. Música: José Luis Castiñeira de Dios. Montaje: Oliverio Torre. Duración: 100 minutos. Distribuidora en Argentina: Cinemagroup. Fecha de estreno en Bs As: 24 de febrero del 2005. Intérpretes: Fabio Aste, Silvia Buarque, Gigi Rua, Mimí Ardú, Jonathas Mello, Laura Zaccara, Paulo Brunetti.

El Brasil mítico de los años ochenta con sus carnavales coloridos y sus playas hedonistas; liberación sexual, travestis, taxi boys y las noches interminables de alcohol, drogas y lujuria. El famoso Río adonde llegaron tantos argentinos y latinoamericanos escapando de los años de plomo y la represión. Sensaciones, imágenes bellas y melancólicas de los morros y la costa; gente y más gente, Brasil es un mundo de Gente; infinito, crisol puro, bello lugar común. Y Manuel Puig allí, en su propio exilio viviendo intensamente al caminar por esas calles y esas playas. Manuel Puig en Río tratando de escribir como la primera vez a sus cincuenta y pico. Camina por la ciudad con ganas, busca todo el tiempo aplacar su soledad, vivir el amor y el sexo de forma pasional al mismo tiempo que graba las conversaciones que mantiene con sus amantes como base para la novela que intenta. Manuel Puig llorando con miedo al H.I.V. y a la muerte pero también eufórico con sus amantes y amigas y enamorado de un vendedor ambulante y del muchacho que le pinta los muebles.

El escritor habría dicho alguna vez: «Mi sueño es un amor puro, pero ya ves, estoy condenada a los amores impuros». Puig con el poeta y escritor Perlongher quien lo critica por esnob y por dejarse deslumbrar por las luces de hollywood. Viene inevitablemente después de todo esto la pregunta ¿habrá algún punto de contacto entre la excelente interpretación de Fabio Aste y el escritor? Seguramente si, pero eso lo podrán decir sólo los que lo conocieron íntimamente y en realidad no importa demasiado. El director Javier Torre nos presenta una visión, limitada y arbitraria, como toda película basada en una persona real, pero no por eso falsa. 

Brasil en los ochenta y un hombre, un escritor en el país tropical en un momento muy especial. Puig y su camisa colorida mientras habla con críticos, putas y poetas. Escribe Puig, escribe mientras "cae la noche tropical", graba, teclea su máquina. El cine le hace un homenaje a quien trabaja también con técnicas de este en sus libros; fragmentos de su vida en el cine y cine en sus libros, cruce de registros. El escritor ardiendo de vida en Brasil con personas comunes de las que extrae el lenguaje y las actitudes para ponerlas en los libros. La cultura popular brasilera es la materia prima de la que se sirve el director para introducirnos en el mundo de Puig quien a su vez también siempre se sirvió de esto para sus textos. La calle, los bares, las playas, la noche con sus deseos y peligros.

Pedro Grosso

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Sebastián Russo, crítico, fotógrafo y sociólogo, y su equipo de colaboradores, cubren mensualmente para MdC la actualidad cinematográfica en Argentina y Latinoamerica.