No soy tu Pu... madre
Siendo honesto, he de reconocer que jamás he sido un fan acérrimo de las películas de terror que provienen del país del sol naciente ni de cualquiera en general. De hecho, para mi el terror se fundamenta en algo real, anulando todos los elementos sobrenaturales que pueblan las citadas películas siendo lacras que no acaban sino por volverse en contra para sentirse maltratado y engañado cinematográficamente. Por ello, películas que tratan el terror desde una perspectiva más real como Los Pájaros del orondo señor Alfredo o La semilla del diablo de Polanski consiguen penetrar más a mi humilde opinión dentro de la psique humana para aterrorizarnos haciéndonos ver que es más terrorífica una gaviota que un fantasma que viene de una cinta de vídeo…
Otra nota más que añado a mi particular visión en torno a este particular género es que adolece del mayor problema que hemos achacado al cine norteamericano, la falta de ideas y la repetición. Está demostrado que cuando una película funciona y gusta, se repite hasta la saciedad explotando la gallina de los huevos de oro, transformando los elementos que encumbraron a tal película en una moda pasajera que tan solo perjudica a la original puesto que una vez acabado el filón se pasa al siguiente olvidando todo el conjunto predecesor. Esta curiosa teoría mía (que sin duda habrá provocado insultos y rituales de vudú contra mi persona por partes de los seguidores más entusiastas) viene alabada por las cifras.
Personalmente y creo que no soy el único, me pierdo con la película, su secuela, la precuela rodada quince años después, su versión americana y posteriormente la secuela americana basada en la secuela japonesa!!!! Si es que es cómico. Ni queriendo puedo diferenciar The Ring, El grito, Llamada Perdida, 2 hermanas, Dark Water y sus hermanas gemelas o americanas o yo que sé. La única que permanece en mi memoria es la ya citada The Ring y por algo tan "cinéfilo" como la presencia de la semidiosa Naomi Watts. (que triste también)
Entrando ya de pleno en el análisis del largometraje, pues que quieren que les diga, The Ring 2 no es más que una película más de este catálogo antes citado y que perfectamente no aporta nada nuevo al género, más bien al contrario, en vez de emprender una evolución lógica, esta secuela en su conjunto es una involución constante, en primer lugar porque desde su condición misma de secuela no aporta nada nuevo a la original, la historia casi ni se desarrolla por no hablar de los personajes. Preparada y rodada bajo el mismo patrón que caracteriza a sus clones, la cinta empieza con un buen arranque como suele ser habitual, ideal para meterte de lleno en la acción o en la camisa de tu compañera y quedarte agarradito toda la proyección para paulatinamente y a una nivel alarmantemente rápido ir deshinchándose hasta convertirse en una broma de película produciendo más gracia que las pretendidas comedias patrias que invaden nuestras carteleras (Gómez-Pereira toma nota campeón). Dirigida por Hideo Nakata, responsable de…El Ring Japonés (y luego me dicen que como soy capaz de confundirlas…), la película está realizada con manual, y con ello me refiero al estilo clásico del género como son los planos en sepia, efectos visuales más gratuitos que nada, movimientos de cámara tramposos, lentos y sinuosos para acojonar al espectador mostrando un punto de vista de un asesino-atacante que al finalizar la secuencia te enteras que no estaba en ese espacio, y un montaje entrecortado plagado de referencias sonoras incapaz de clasificarlas que provienen del averno creyendo sus creadores que la utilización del sonido en el cine es meter redobles de tambor y rechinazos por doquier siendo así el amo de asustar a la audiencia. En su conjunto no es más que una sucesión de trampas insolentes acompañadas de secuencias muy efectistas pero nada efectivas, algunas bastante innecesarias, como la de la bañera con el agua en el techo, y otras directamente ridículas como la de los ciervos, o como alguien que no sea Clint Eastwood ha conseguido dejarme boquiabierto este año en la sala de un cine.
Y podría seguir enumerando mil y una virtudes como el clímax final con la niña clavadita a la niña del exorcista rematada con la frase lapidaria de rigor que emplea cualquier protagonista justo antes de vencer a tu oponente. Ya saben en ese momento en que estás en teoría tan acojonado que lo único que sueltas es la frase más chulesca y cool de todas porque además sabes que después de ello habrás ganado, tomándome la libertad de utilizar la de esta película en concreto como título de esta crítica (nunca mejor dicho ¿Verdad?).
Sinceramente creo que lo peor que tiene el largometraje no es todo lo malo que tiene sino lo bueno que podría haber tenido. Como viene siendo habitual en el peor cine, las películas normalmente cuentan con una idea o dos más que interesantes pero que al no ser desarrolladas y quedarse en meras ideas no alcanzan la condición de buenas películas, y ésta no es una excepción. El interesantísimo apunte que una madre tenga que dañar a su hijo conscientemente y el dilema moral que ello implica queda aquí tapiado por un susto cualquiera y enterrado por una explicación de dos diálogos. Lástima de Naomi Watts, gran actriz desaprovechada en estos productos. Esperemos que Peter Jackson haya sacado todo su partido en su esperado King Kong.
Mientras tanto sigo sin comprender el fanatismo que destila este tipo de películas, que alguien me lo explique porque yo no lo entiendo, aunque seguramente ya volveremos a hablar del tema cuando saquen The Ring 3, versión japonesa dirigida por el que hizo The Ring 1 americana y que será a su vez el remake de la precuela japonesa que su director rodó en Estados Unidos. ¿No va así la cosa?
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