Se ha convertido en lugar común de un segmento de la crítica de este país, en el que nos incluimos, la defensa a ultranza del cine asiático como la pieza capital que sostiene la buena salud del cine mundial. Debo admitir que la rotundidad de nuestra afirmación puede resultar sospechosa. Algunos pueden pensar que es fácil ensalzar un cine al que el público mayoritario tiene un acceso limitado (cada vez menos, gracias a la edición nacional e importación de DVDs y al flujo fílmico por canales de distribución alternativos), minimizando así el riesgo a la refutación de nuestras tesis. Nada de eso. La fe en nuestro juicio y en el ideal de un sistema justo, en el que la mayoría tenga acceso al cine más importante, nos hacen recibir el BAFF 2005 (Barcelona Asian Film Festival) cargados de alegría y esperanza.
Alegría porque el BAFF, como lo hicieron sus pasadas ediciones, nos ofrece una oportunidad única para reencontrarnos con las películas más importantes del 2004, así como el acceso a una visión global de algunas cinematografías que conocemos sólo parcialmente. Debemos felicitar al BAFF, a priori, por seleccionar las películas asiáticas de mayor repercusión internacional a nivel crítico del pasado año, en particular debo decir que se hayan en la programación tres de las cinco mejores películas asiáticas que pude ver en 2004 (Café Lumiere, The World y Tropical Malady, se quedaron fuera Izo de Takashi Miike y Women is the future of Men de Hong Sang Soo). Por otra parte, resulta particularmente estimulante la atención del festival hacia ciertas cinematografías que llevan tiempo llamando nuestra atención: serán de obligada visita las proyecciones de las cuatro películas coreanas que participarán en la sección oficial competitiva (para saciar así un interés patente en el seguimiento que el compañero Alejandro G. Calvo le ha dedicado a este cine últimamente en estas mismas páginas).
Ante nuestra posición crítica actual nuestro deber es preguntarnos: ¿Hasta qué punto conocemos en profundidad las cinematografías de los países asiáticos? ¿Es parcial o global nuestro conocimiento de ese cine? Somos desconfiados e inconformistas por naturaleza. No nos contentamos con las visiones parciales, que pueden hallarse sesgadas por intereses económicos, de mercado o políticos que en ocasiones determinan el tipo de cine que un país decide exportar a través de los grandes festivales o que unos distribuidores deciden exhibir comercialmente. Un festival especializado y de solvencia probada como el BAFF debe superar tales obstáculos y acercarnos a unas realidades cinematográficas vislumbramos y cuya visión deseamos completar.
El BAFF 2005 mantiene la mayor parte de la estructura ensayada en 2004: una Sección Oficial competitiva (con un premio de 6.000 euros para la ganadora), la Asian Selección como sección no competitiva, la interesante DV para realizaciones en formato digital (en la que se haya la película filipina de 10 horas Evolution of a Filipino Family, la mejor película del último Rotterdam según varios compañeros que asistieron al festival, ¿cuántos seremos en la proyección?), una sección dedicada al Anime y un país invitado, en esta ocasión Vietnam. Las novedades son la prometida presencia de algunos realizadores para presentar sus películas, el cambio del cine Rex por el Capitol, y un par de sugerentes mesas redondas y coloquios entorno al cine asiático y su distribución en Europa (una iniciativa que puede resultar fundamental para fortalecer el discurso del festival. Informaremos al respecto).
A continuación, con la voluntad de poder servir de pequeña guía orientadora para los que decidan acercarse al festival, presentamos unos breves comentarios sobre cinco títulos presentes en la muestra que vimos el año pasado en nuestra ruta festivalera. Perderse algunas de estas perlas sería imperdonable. (Los textos que siguen proceden en su mayoría de crónicas de festivales del 2004).
THE WORLD (Shi Jie). Dir: Jia Zhang-ke. China-Japón, 2004
The World es la primera gran película sobre la globalización. Cuarta película de Jia Zhang-ke (principal representante de la quinta generación de cineastas chinos), The World mantiene viva la voluntad de denuncia del director contra las que considera lacras de la sociedad china actual. La película transcurre en el World Park de Pekín, parque temático que reproduce el mundo en miniatura. Zhang-ke utiliza la localización de su película para construir una poderosa metáfora acerca de la sociedad china y el mundo. En cada fotograma de la película trasluce la idea de que toda la sociedad se ha convertido en una gran representación de lo real, vaciada de auténticos sentidos, sentimientos y valores. Una realidad inalcanzable para los protagonistas, que se ven sumidos en una lucha constante por la supervivencia económica y por un equilibrio sentimental imposible de hallar en el marasmo caótico en el que se hallan sumergidos.
Zhang-ke vuelve a poner en práctica las normas básicas de su sistema: largos planos secuencia en el que encadena continuas panorámicas que barren el espacio siguiendo a los personajes. Las novedades son la inclusión en la película de fragmentos de animación que sirven para recrear la comunicación vía SMS entre los jóvenes y la inclusión de abundante música electrónica en la banda sonora (compuesta por Giong Lim, Millenium Mambo). En definitiva, la suma de la música y las animaciones alejan la mirada de Zhang-ke de la sobriedad y el minimalismo extremo de sus anteriores propuestas, abriendo la posibilidad de la experimentación con componentes oníricos en un cine que hasta ahora no se había despegado de la realidad.
CAFÉ LUMIERE (Kohi Jikou). Dir: Hou Hsiao-Hsien. Japón, 2004
Tras el esfuerzo vanguardista por permitir la filtración de elementos de la post-modernidad en su cine (en la gran Millenium Mambo), Hsiao-hsien decide fijar la vista atrás para comprender el presente. Y el referente no es otro que el maestro Yazuhiro Ozu. De este diálogo formal entre maestros nace una de las más bellas meditaciones acerca de la incomunicación en el mundo contemporáneo. Habitando espacios, tempos y encuadres pertenecientes al legendario Ozu, Hsiao-hsien rebusca en un Tokio alejado de su centro ultra-moderno y neurótico indicios urbanos que le sirvan como metáfora de esa desconexión entre los seres humanos. Su maravilloso descubrimiento son las vías inconexas y los vagones de unos trenes que parecen ir a la deriva, componiendo una danza de desencuentros. Café Lumière parece una versión moderna de los Cuentos de Tokio (Tokyo monogatari, 1953) de Ozu, sin embargo surgen también otros referentes claros, como por ejemplo Buenos días (Ohayo, 1959) con la que comparte una escena final memorable.
TROPICAL MALADY (Sud Pralad). Dir: Apichatpong Weerasethakul. Tailandia, 2003.
La nueva película del triunfador de Rotterdam 2002 con su filme Blissfully Yours (BAFF 2003), retorna con una obra que transita similares caminos introspectivos y poéticos y que mereció el gran premio del jurado en Cannes 2004. El filme conduce al espectador por caminos misteriosos y fascinantes en un viaje a la oscuridad del alma humana plagado de referencias a los mitos tailandeses. El máximo exponente del cine
entendido como arte cargado de emociones.
Tropical Malady es la mejor película que se estreno en el mundo en el 2004. Vencedora del Premio del Jurado en el último festival de Cannes, Tropical Malady es una experiencia límite concebida y ejecutada por cineasta absolutamente inclasificable. Apichatpong Weerasethakul ejecuta en sus películas un juego de escape en el que el espectador se convierte en perseguidor, viéndose obligado a construir unos cimientos sobre los que poder interpretar lo visible en la pantalla. Llegado el momento adecuado, el espectador debe terminar asumiendo una mecánica (de destrucción-reconstrucción continua) mediante la cual liberarse de ataduras (narrativas, formales, canónicas, académicas, racionales) y abrir su mente a la experiencia de la libertad total.
Recordar Tropical Malady es como mirar una pizarra en la que están esbozados conceptos conectables. Amor, sexo, naturaleza, ser humano, bestialidad, soledad, muerte, magia, leyenda, cuento. Sin nuestra presencia activa, esa pizarra no existiría. Su director valora la mirada del espectador hasta tal punto que la hace responsable de cierto ensamblaje de la obra. Tropical Malady se halla segmentada en dos mitades que dibujan un viaje de la ciudad a la jungla, del naturalismo a lo onírico. Prepárense para la experiencia total.
LOW LIFE (Haryu Insaeng). Dir:. Im Kwon-taek. Corea del Sur, 2004
El veterano cineasta coreano Im Kwon-taek nos conduce, a través de la vida de un joven gangster, por la historia de Corea comprendida entre finales de las década de los 50 hasta principios de los 70. Un periodo que comprende el régimen del Partido Liberal y la instauración del poder militar tras la revolución estudiantil de abril de 1960 y la revolución de mayo del 61. Kwon-taek compone un veloz y sintético mosaico en el que la evolución política de un país se filtra en la historia privada de una familia de la clase acomodada. La película se plantea también como un sugerente juego poliédrico en el que se entremezclan géneros (negro y melodrama), épocas, personajes y circunstancias, del que surge una visión entre melancólica y trágica de la historia de un país.
THE BEAUTIFOUL WASHING MACHINE (Mei Li De Xi Yi Ji). Dir. James Lee. Malasia, 2004
«El amor es una forma de obsesión entre el hombre y la máquina». Este es el lema con el que James Lee, joven realizador malayo, nos presenta una película acerca de la deshumanización del mundo contemporáneo, en el que las personas han perdido la habilidad para relacionarse entre sí, y recurren a las máquinas para hallar el amor que anhelan. James Lee pertenece a un importante movimiento de jóvenes realizadores que han encontrado en el formato digital la posibilidad para hacer cine. Su cine se halla fuertemente influenciado por el del director taiwanés Tsai Ming Liang, con el que comparte un sentido del ritmo pausado, una importante vocación contemplativa, el interés por el análisis de la disfuncionalidad y descomposición familiar y el uso de la relación hombre-máquina como metáfora de la alienación contemporánea. Una magnífica oportunidad para descubrir una cinematografía absolutamente desconocida en nuestro país.
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