¿Vale el cine los seis euros?

Esta es la pregunta que parece hacerse cada vez más gente, en unos tiempos en los que la diferencia temporal con la que llegan las películas a las salas comerciales, videoclubs, televisiones digitales o incluso formato DVD parece haberse acortado hasta el máximo (por no hablar ya de mantas e internet). Tanto es así, que en las últimas fechas lo que se acorta sin parar es el número de espectadores en sala.

Una película en una sala comercial, cuesta de media practicamente unos seis euros, unos dos o tres en el videoclub para verla un indeterminado número de personas, apenas dos en las taquillas de las teles de pago, y entre nueve y veinte, en formato DVD, para —casi toda la vida—. Comparación que debe tener en cuenta las condiciones del formato que en cada caso es muy distinto, pero que depende del tamaño de pantalla fundamentalmente y de la calidad del sonido.

La gente cada vez va menos al cine, y no digamos pasados los treinta. Ir al cine, se ha convertido en algo caro e incómodo, en un acto social o romántico, que para los que seguimos yendo es toda una distracción e implica la propia liturgia del llegar al cine, sacar la entrada, la espera, los trailers, la charla tras la película, etc.... Liturgia que a aquellos que no les gusta el cine de forma demasiado especial, y cuya vida social se llena con otros eventos, no les dice nada. Las salas pierden cada vez más espectadores, y creo que aún van a ir perdiendo muchos más en los próximos años, porque para bien o para mal, y al igual que le sucedió al circo... Al espectáculo del cine en pantalla grande, le quedan dos telediarios, no se si de los de Milá o de los de Matías, pero al fin y al cabo dos.

Veamos: El tamaño de pantalla, siempre ha sido importante (recuerden en los 60 cuando el cine adoptó el Cinemascope o el Vistavisión para competir con la tele), pero esos tiempos ya han pasado y la verdad es que el tamaño de pantalla de la mayoría de multisalas imperantes en la cartelera, no saca ya tanta ventaja a las mega-teles de plasma de 32'' y más allá del infinito. El otro aspecto, el sonido, tiene un factor semejante. ¿Cuántas salas están equipadas con un sistema decente (ya no digamos THX)? En los tiempos del Home Cinema y del 5.1, las salas de cine empiezan a perder ese otro antaño atractivo, y máxime si además el factor pantalla grande + buen sonido no suele darse en casi ningún caso. Los pocos cines del centro que quedan con una pantalla hermosa, tiene un sistema de sonido deleznable por lo general... y en las modernas multisalas, acústicamente bien equipadas, los tamaños de pantalla a veces son de risa.

Otra cuestión importante es precisamente la ubicación. En el centro apenas queda un par de locales por ciudad, fruto de la especulación inmobiliaria y de la constante pérdida de espectadores adultos, (los adolescentes prefieren ir al centro comercial para aprovechar el viaje y matar la tarde entre hamburguesas, cine y videojuegos); pero para mí y otras personas como yo, a los que las hamburguesas y las tiendas de factoría, no les hacen demasiada ilusión, el peregrinar hasta estas nuevas iglesias de fin de semana, no compensa (al precio de la entrada súmenle el de la gasolina del coche, porque además estos centros comerciales suelen ubicarse en el pino número 5). Para colmo, las pocas salas que combinan buen sonido y buena pantalla, suelen estar en estos modernos centros comerciales, y desgraciadamente, lo que no suelen programar es, precisamente, buen cine.

Difícil tesitura, pero ¿empiezan a entender por qué cada vez hay más gente que prefiere quedarse en casa, no? Por si fuera poco, aunque el aspecto de la comodidad ha mejorado mucho en las salas..., como dice mi abuelo, no hay nada mejor que estar en casa, llevándose a gusto con uno mismo

En primer lugar, porque el sofá de casa en las diversas posiciones que permite, siempre será mucho más cómodo que la butaca correspondiente. Además, uno se puede rascar los huevos a gusto sin peligro de que le detengan como al bueno de Pe-Wee, puede parar para ir a mear, y comer su plato favorito, no ya esa legión de manjares varios que venden en los cines y que lo único que hacen es estropearte el estómago y el saldo de la tarjeta (al precio de la entrada, añádanle el de la gasolina y ahora el de un simple agua mineral mini, a razón de un euro y pico la botellica). Qué tiempos aquellos en los que mi hermana y yo nos comiamos sendos bocadillos de lomo traidos de casa en papel de Albal, mientras veíamos por ejemplo Seven en el cine Roxy de Valladolid.

Pero lo peor, no es que monetariamente el asunto no compense, o que gastronómicamente hablando, la comparación sea odiosa; el problema final de la sala de cine, es que hay otra gente en la sala, y eso puede resultar, muy pero que muy desagradable. Un año esperando para ver El retorno del rey y en la sesión de estreno a las cuatro de la tarde, cuatro veinteañeros detrás de mí, descojonándose de todo lo que salía por pantalla y sin parar de gemir y hacer ruidos guturales extraños; una auténtica tragedia. Otro caso más reciente... ir a ver El fantasma de la ópera y descubrir que el fantasma no es el de la pantalla, sino el tío dos filas más atrás, que se dedica a hacer una retransmisión deportiva de lo que está viendo en plan Michel y José Angel de la Casa, pero a grito pelado, para que todos, su novia y él mismo, nos demos cuenta de que existe (hay que ver lo que son capaces de aguantar algunas chicas con tal de no estar solas).

Y un enigma de otro mundo. Primera sesión de Closer, con una sala de 400 butacas, totalmente vacía... estoy sólo yo (reconozco que esa situación me encanta, soy un insociable), y aparece una buena mujer... y de entre veinte filas con sus veinte butacas cada una, elije sentarse justo a mi lado, brazo con brazo, y no, no es una indirecta... simplemente es que la ingeniosa taquillera, la ha colocado exactamente ahí... no se si para fomentar la natalidad en este país, o porque se droga en horas de trabajo. Yo apuesto por lo segundo, desde que hace unas semanas, en una sala vacía, la misma taquillera, numeró mi entrada de forma que me colocó en la esquina de la sala, dispuesto a sacar un córner si hubiera sido menester.

Total, que pagar entrada, gasolina, refresco, y además ver el cine en compañía de lobos o de reyes de la caspa, puede amargarte el día, y todo ello, sin hablar de si la peli es buena o mala.

La otra opción, es quedarse en casa con tu Home Cinema, tu tele panorámica, tu refresco favorito, tu sofá y sin nadie que te moleste, y si además la peli es muy recomendada, porque te la ha dejado un amigo que se la ha bajado por internet, pues chachi-piruli, porque además te sale gratis. Yo sin embargo, sigo siendo el idiota que prefiere salir de casa e irse al cine, pero eso es porque no disfruto de vida social alguna, y no tengo otra cosa que hacer cuando salgo a la calle. Ah, y por cierto, tampoco tengo costumbre de ir con una cámara miniDV a las salas, a mi me gusta ir sólo, asi que no soy yo el que luego las pone en internet.

Así pues, la piratería gana, y los cines pierden... pero... ¿Puede alterarse ese cruel destino para los que hacen cine, algo que se nos viene encima irreversiblemente? Sí, y se llama evolución. Para las salas de cine, la suerte está echada y es la muerte, pero no para la industria.

Hay gente como yo, para los que la palabra GRATIS no es una filosofía de vida, y confieso que en una época que intenté ser un pequeño pirata, desistí de ello. Cuatro días el ordenador encendido (en un "peer to peer" es tan importante la formidable velocidad de bajada de la que ya disfrutamos en nuestras conexiones, como la ridícula velocidad de subida). Y si tienes suerte, y visualizas correctamente el previo, te ahorras disgustos, pero si no, puedes encontrarte con que la peli sea en mandarín sin subtitular, el tio de la miniDV tenga parkinson o se haya sentado al lado del chico tuberculoso que tose sin fin, o que la peli la hayan ripeado de un DVD promocional en el que empiezan a pasar cosas muy raras a mitad de la historia, incluidos cartelitos misteriosos.

Es por todo eso, que con esas fenomenales velocidades de bajada en Internet, ha llegado ya el turno del siguiente paso en la evolución: La Apple Quicktime Movie Store. Es decir, como la iTunes Music Store, pero con pelis. El primero que lo haga (que va a ser Sony, osea Columbia Pictures) se forrará y marcará el camino a parte de la industria. Películas dispuestas para descargarse el mismo día de su estreno, con calidad y sonido DVD, y con o sin limitación de reproducción o guardado, según el precio. Lo mismo, se podría trasladar a la taquilla de las teles digitales, pero con estreno simultáneo al de la sala y con una oferta completa, no sólo reducida a cuatro títulos comerciales. Y este es sólo el comienzo, ya verán cuando lleguen las grabadoras de discos Blue-ray para el hogar (el sustituto del caprichoso DVD).

Claro, que este nuevo mecanismo, cambiará la industria cinematográfica para siempre, como lo está haciendo ya con la discográfica. Una vez que las películas se vean y se descarguen de internet como forma habitual, cualquiera podrá hacer cine y ser distribuidor de su obra. Y miren a lo tonto, a lo tonto, hasta dónde hemos llegado....

Se avecinan malos tiempos para las grandes multinacionales y los canales tradicionales de distribución, simplemente, porque su razón de ser, va a perderse dentro de la red, y no resistirán la comparación, como no la resiste casi ya la sala de cine con el Home Cinema.

Hace escasas semanas, cerraban aquí en Alicante dos de las tres últimas salas que quedaban en el centro de la ciudad. Cuando llegué a esta ciudad hace cuatro años, había más de seis locales de cine en el centro, y ahora ya sólo queda uno. Hace un par de viernes, fui con unos amigos a un centro comercial a la sesión de 22.30 para ver una película americana con bastante tirón comercial, apenas estuvimos acompañados, en una sala de cuatrocientas butacas. Una horas antes, un compañero me había ofrecido esa misma película en formato VCD con calidad DVD y sonido bastante aceptable, es más, me dejaba tambien Sin City, estrenada ya en EE.UU. y que aquí no llegará hasta verano, con la misma calidad y subtítulos en castellano.

Mi compañero, argumenta que llevar al cine a su familia a la sesión a la que yo fui, le supone gastarse más de 50 euros (entre entradas, bebidas, palomitas, gasolina y párking). Un equipo de Home Cinema cuesta ya unos 300 euros, un reproductor de DVD 100, y con las teles de plasma bajando... ¿Vale el cine los seis euros?

Los cines se mueren. Es hora de rezar una breve oración por sus almas.

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Jose L. Hurtado, cofundador de Miradas de Cine, es profesor de AA.Plásticas del IES Luis G. Berlanga (Alacant) y responsable del programa "Educar a través del cine"