Pocas películas han levantado tanta expectación en la historia de cine como La amenaza fantasma. Desde el anuncio de su rodaje, en septiembre de 1997, y hasta su estreno en EE.UU., el 19 de mayo de 1999, multitud de medios de comunicación y fans de todo el mundo crearon alrededor del filme un estado de ansiedad sin precedentes. La naturaleza global de Internet contribuyó en gran medida a este fenómeno por cuanto se convirtió en el medio ideal para publicar todo tipo de rumores, comentarios y opiniones acerca de la historia, el reparto y el equipo de producción.

En este sentido, la partitura de John Williams fue uno de los focos que concentró mayor atención, pues después de 16 años de sequía (El retorno del Jedi data de 1983) la música del compositor neoyorquino era uno de los elementos que seguían manteniendo intacta la magia de la trilogía original en la mente de los aficionados.

Con el paso de los años, los temas inspirados en Darth Vader, Yoda, Luke y Leia, Obi-Wan y hasta los androides C3-PO y R2-D2, por citar sólo los ejemplos más conocidos, se habían convertido en auténticos himnos para distintas generaciones de espectadores que los consideraban parte de su vida y de la cultura popular. Es más, la maestría demostrada por Williams en la composición de la trilogía original era tan abrumadora que expertos musicólogos colocaban las tres partituras a la altura de obras sinfónicas indiscutibles de la música universal, como las sinfonías de Wagner, Stravisnky o Mahler.

Un trabajo incomprendido

La suma de estos factores explica que la banda sonora de La amenaza fantasma se convirtiera en la composición más esperada de la historia y, por tanto también, en la más analizada y enjuiciada, incluso antes de comprobar su funcionamiento con las imágenes del filme. Esta última particularidad, unida al hecho de que el primer álbum editado apenas contenía la mitad de la música compuesta, motivó que la mayor parte de las críticas fueran, cuando menos, injustas. En otras palabras, no se valoró la música en función de su idoneidad con la historia, las novedades que aportaba o su identidad; se valoró en comparación con tres partituras que llevaban más de 20 años sonando.

A mi juicio esto es un error porque La amenaza fantasma se inscribe en el contexto de una nueva trilogía que, independientemente de su calidad como obra fílmica, ofrece un acercamiento a personajes y situaciones distinto al de la original. Y como es obvio, esta circunstancia repercute en la música de John Williams, a quien de entrada, y como mínimo, hay que reconocerle el mérito de resucitar sólo el material indispensable para dar vida a parte de sus nuevas creaciones. Lo que en el caso del Episodio I afecta al tema principal, el leit-motif de la Fuerza, la Marcha Imperial y las piezas que identifican los caracteres de Yoda, Jabba el Hutt y el Emperador.

Pero Williams no volvió al pasado como conservador museológico, sino como paleontólogo. El compositor retrocedió hasta el mármol del que había extraído los temas mencionados (alarde que repitió en los dos episodios siguientes), en un intento sin precedentes de mostrar el origen de tales composiciones, pero sin perder de vista su propia evolución como músico. Había que volver al pasado, sí, pero nunca imitarlo. El resto de la música es totalmente nueva, con el ya mítico Duel of the Fates como gran protagonista de una banda sonora que vuelta a escuchar hoy es, sin duda, de lo mejor de Williams. Sony Classical editó dos álbumes de la banda sonora. El primero, en 1999, con 74 minutos de música y el segundo, en 2000, con la partitura completa, unos 120 minutos, y en orden de aparición.

Claves de la composición

Una digestión reposada con la perspectiva que aporta el tiempo nos revela un trabajo equilibrado y consecuente con el tono de la historia que narra Lucas: la aventura de un niño que abandona su planeta para convertirse en Jedi. Tras la conocida apoteosis del Main title, que Williams volvió a grabar con la London Symphony Orchestra, dotándolo de mayor profundidad y, sobre todo, una orquestación más sólida, Williams nos regala un catálogo de piezas que combina sin fisuras los viejos temas con las nuevas composiciones. Igual que en la trilogía original, el sinfonismo vuelve a predominar en un trabajo excelentemente orquestado en el que Williams es coherente en todo momento con su progresión artística. Es decir, nos habla en presente del pasado, por mucho que eso pueda dañar la nostalgia sonora de los aficionados.

La mejor prueba es la masiva inclusión de coros, un recurso prácticamente inexistente o apenas apuntado en sus partituras de los 70 y 80, con la excepción de El imperio del sol. Los temas Duel of the Fates, Qui-Gon´s funeral y aquellos que dibujan el mundo de los Gungan muestran al Williams coral que explotará en Minority Report, Inteligencia Artificial o la reciente La venganza de los Sith. Si a esto le sumamos la lógica depuración de su estilo sinfónico —menos fresco, es cierto, pero a cambio más limpio y sin las típicas estridencias de los metales— obtenemos un Williams alejado en las formas mas no el fondo de los conceptos de la trilogía original. Un Williams que, por otra parte, anuncia ya algunas de las claves de Harry Potter, su segunda gran trilogía en el cambio de milenio.

Los momentos

Por supuesto el magnífico Duel of the Fates, un tema coral escrito en sánscrito que simboliza la lucha entre los Jedi y los Sith, representados respectivamente por Obi-Wan y Qui-Gon Jin, y Darth Maul y el senador Palpatine. En definitva, la luz contra la oscuridad. El tono es solemne y épico a la vez que trágico y desgarrador, con dos falsos finales que dan a entender la naturaleza cíclica de esta lucha milenaria. Las referencias al Carmina Burana de Carl Orff y al Dies irae de Mozart son evidentes, pero éstas no restan calidad a uno de los mejores temas corales que se han escrito jamás para la pantalla grande. Pese a su efectividad y enorme poderío, Williams lo utiliza sólo en la lucha final entre Obi-Wan y Qui-Gon contra Darth Maul, demostrando una vez más su afinidad al concepto de la música como soporte de las imágenes, y no a la inversa.

La segunda cumbre de La amenaza fantasma es Anakin´s theme. Como su nombre indica, es la pieza que describe la personalidad del futuro Lord Vader, ahora un niño. Se trata de una composición para cuerda muy bella, tierna y sentida, que enlaza de forma sublime al final con cuatro notas de la Marcha Imperial. Este giro refleja la dualidad del personaje, noble y heroico al tiempo que ambicioso y despiadado. Sin duda, un ejemplo portentoso de ductilidad musical y comprensión del personaje, a la altura de los temas que Williams compusiera para Yoda, Luke y Leia o el Emperador. La pieza aparece a lo largo de toda la banda sonora, fundiéndose con otras melodías o como transición entre dos secciones de un mismo tema.

Otra de las cumbres es la música de la carrera de vainas, una estupenda pieza de acción preludiada por una fanfarria que recuerda al Miklos Rozsa de Ben-Hur. No en vano la escena es un homenaje confeso de Lucas a la película de Wyler. La pieza es victoriosa y triunfal, con el grupo de metales al máximo de su capacidad sonora, y recupera el añorado tono optimista y épico de la primera trilogía. La misma línea siguen los cortes que escenifican las batallas finales, donde Williams incide en su conocida estructura musical para los pasajes de acción: base de percusión más breves fanfarrias de metales y cuerda. Un verdadero festín acústico que, si bien no aporta nada nuevo a la ya dilatada carrera de Williams, demuestra la vigencia de un talento creativo que suena a lo mismo pero no se imita.

La sorpresa final es la música que acompaña la celebración en la capital de Naboo. Siguiendo instrucciones de Lucas, Williams pare el tema más controvertido de la nueva trilogía, una mezcla de sonidos carnavalescos que secunda un coro de voces infantiles que cantan literalmente "la-la-la". La mayor parte de los fans y buena parte de la crítica mostraron su indignación ante una pieza que consideraban más propia de las fiestas de Río de Janeiro que del universo Star Wars. Similar rechazo despertó la pieza original que remataba El retorno del Jedi —Lucas la cambió en la edición especial de 1997—, en la que los ewoks cantan en un idioma ficticio la victoria sobre el Imperio, así como la canción que ejecuta el grupo que anima la barcaza de Jabba el Hutt en el mismo filme. El tono es ciertamente chocante y ridículo, pero Williams siguió a regañadientes los deseos de un Lucas convencido de que así debía sonar la música Gungan. Nos queda el consuelo de un guiño sencillamente genial. El tan denostado "la-la-la" es en realidad una versión del magnífico tema del Emperador... La jugada vale su peso en oro.

Por Raúl Álvarez
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Música de John Williams. Edita: Sony Classical (EE.UU., 1999-2000). Duración: 74:00 / 120:00. Director: George Lucas.

Star Wars Main Title and The Arrival of Naboo • Duel of the Fates • Anakin's Theme • Jar Jar's introduction and The swim to Otoh Gunga • The Sith spacecraft and The Droid Battle • The trip to the Naboo Temple and The audience with Boss Nass • The arrival at Tatooine and The Flag Parade • He is the chosen one • Anakin defeats Sebulba • Passage through the planet core • Watto's Deal and Kids at Play • Panaka and the Queen's Protectors • Queen Amidala and The Naboo Palace • The droid invasion and The appearance of Darth Maul • Qui-Gob's Noble End • The High Council meeting and Qui-Gon's funeral • Augie's Great Municipal Band and End credits