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El tercer y aparente último título de la saga galáctica llegó precedido de una campaña promocional y de marketing aún mayor que la de las dos precuelas anteriores. Hasta 10 trailers, incluidos seis anuncios en la televisión norteamericana, y su pase en Cannes abrieron el apetito por una de las películas más esperadas de 2005, junto con la revisión de La guerra de los mundos de Spielberg y El Reino de los Cielos de Ridley Scott. Ya lo ponía en una de las camisetas preferidas de Lucas durante el rodaje de la nueva trilogía: MMM (Making Marketing Miracles). Además del cierre argumental que supone el filme, La venganza de los Sith marca la meta final del viaje de Williams a las galaxias. Un viaje de casi 30 años que, pese a los altibajos, ha mantenido una calidad muy superior a la de los postulados cinematográficos de Lucas. Porque a diferencia del director de THX-1138, el compositor no se ha perdido en huecas orgías digitales, que ni emocionan ni superan la credibilidad de una buena maqueta o una máscara de látex.
El álbum de La venganza de los Sith salió a la venta 15 días antes del estreno mundial del filme (19 mayo 2005). Y como ya sucedió con los episodios I y II, el CD sencillo editado por Sony contiene apenas 70 minutos de una partitura que, según el diario de trabajo de los Estudios Abbey Road, donde tuvo lugar la grabación, dura más de 120 minutos. Tanto la acelerada publicación como la penosa edición, un corte y pega en toda regla, alimentó como nunca los cañones del sector anti-Williams, siempre más empeñado en la crítica personal que en el análisis del trabajo musical, y que tachó de mediocre una de las obras más sombrías de Williams. Injusto balance para un trabajo que —y esto vale para todas las bandas sonoras— sólo puede enjuiciarse con criterio después de escucharlo en la gran pantalla. Lo contrario es un ejercicio incompleto, pues falta el ineludible contexto visual que inspira las notas. Es como valorar una canción ignorando la letra.
Recién salido del tercer Harry Potter y La terminal, ambos notables trabajos, Williams encaró el Episodio III consciente de que el punto final imaginado por Lucas, excepto dos planos al final en Tatooine y Alderaan, era una rendición al Lado Oscuro de la Fuerza. Por eso no hay luz en la composición, que se presenta como un largo lamento intercalado con piezas de acción que, no obstante, resultan igualmente trágicas. Si ya los episodios precedentes incidían en esa terrible decadencia que afectaba a la República y a los protagonistas —en clara contraposición con el auge de la Alianza Rebelde y las esperanzas de los personajes de la trilogía original—, La venganza de los Sith cierra el círculo dramático con una espiral de sonoridades siniestras, sordas y opacas. Un final tremendamente antipático al oído por su carga negativa y, por tanto, difícil de escuchar, pero acorde con la desembocadura de la historia, que es lo que cuenta.
Claves de la composición
El canto del cisne de Lucas es el episodio más oscuro y anticipado de la saga, pues desde hace seis años —cuando empezó a rodarse la nueva trilogía— todo buen fan sabía que sería la película que mostraría la caída definitiva de Anakin Skywalker en el Lado Oscuro. El resto de sucesos no eran menos previsibles: el nacimiento de Luke y Leia, la muerte de Amidala, el auge del Imperio, el desenmascaramiento de Palpatine y el exterminio de todos los Jedis, excepto Obi-Wan y Yoda... En suma, un escenario de muerte y destrucción que requería una banda sonora igualmente sombría y devastadora desde el punto de vista emocional. Esta topografía de acontecimientos deviene en un Williams más elegíaco e íntimo que el habitual creador de fanfarrías épicas y piezas de acción. Y por tanto también, más alejado del tradicional "sonido Star Wars" ; por otro lado, una burda etiqueta que se cuelga erróneamente a la trilogía original porque toda la obra de Williams en aquellos años "suena" igual. Escúchese si no En busca del arca perdida, Superman, E.T o Drácula.
En su último viaje al Lado Oscuro, Williams emplea la cuerda y los coros como soporte vital de una composición que, como la respiración de Vader, llega entrecortada por un buen puñado de viejos temas: Leia, Yoda, el Emperador, Vader y la marcha triunfal del final del Episodio IV. Battle of the heroes es el mejor ejemplo de ello. Aunque deudor del estilo de Duel of fates, el nuevo leit-motif de la saga es un himno desgarrador que combina (en la versión del filme) los temas de la Fuerza y Darth Vader con una nueva melodía coral, representado así la lucha entre los antiguos compañeros de armas. El mismo esquema impera en Anakin´s betrayal, Anakin vs. Obi-Wan, Anakin´s dark deeds o Grievous speaks to Lord Sidious, en los que distintos coros emergen con una potencia inusitada desde el fondo de la sección de cuerda, muy en la línea del Howard Shore de El señor de los anillos. El recurso es doblemente valioso porque, además de su efectividad, revela una de las notas características de la evolución de Williams como artista en los últimos años: su progresivo gusto y dominio de las masas corales.
Pero sin duda el ángulo más soprendente de la composición es la utilización de sintetizadores en Palpatine´s teachings y Padme´s ruminations; algo totalmente inusual en un músico de corte y formación clásica como Williams, y que hasta ahora sólo había lucido en Inteligencia Artificial y Minority Report. En ambas piezas emplea los teclados para distorsionar sendas voces, así como para formar la "masa" melódica principal. Todo un punto y aparte que, quizá, anuncie el estilo de la inminente La guerra de los mundos. Más allá de las facilonas comparaciones con la técnica y el sonido de Hans Zimmer, a mi juicio cogidas por los pelos, este Williams está más próximo a Jerry Goldsmith que al compositor germano, pues como aquél usa los sintetizadores para lograr mayor profundidad en la reverberación. Muchos críticos han denunciado esta decisión, tachándola de verdadera traición al "sonido Star Wars", pero su eficacia en la pantalla es innegable porque plasman la emoción de los momentos señalados.
Como ya sucediera en El ataque de los clones —y de nuevo desconocemos si por deseo de Lucas o desidia de Williams—, lo que sí es inexplicable es la inclusión de piezas escritas para otras escenas de la saga. En concreto dos: The arrival at Coruscant, que reaparece cuando sale la nave Tantive IV, la misma en la que viajaban Leia, C-3PO y R2-D2 en La guerra de las galaxias; y Qui-Gon´s funeral, que suena en el funeral de Amidala. Esta última es especialmente sangrante, pues carece de sentido musical ilustrar la muerte de dos persoajes diferentes con la misma pieza. Este error se repitió ya en la batalla final del Episodio II (ver el respectivo análisis), lo que me obliga a pensar que el autor de la "feliz" idea es el mismo. Y como entonces, sólo una edición doble de la BSO puede descubrir la identidad del misterioso Sith.
Los momentos
A la segunda escucha Battle of the heroes se incrusta en el cerebro con la misma intensidad que los temas clásicos de la saga. Es una pieza coral con base de metales y cuerdas que recuerda poderosamente al mítico Duel of fates. Pero a diferencia de éste, concebido para representar la lucha interna y externa de ambos lados de la Fuerza , y por tanto de uso más flexible, aquél ilustra el duelo entre Anakin y Obi-Wan, donde entran en liza otros sentimientos como la amistad, el amor, la frustración, el egoismo, el resentimiento o el odio. Este doble valor queda demostrado en el propio filme, con la utilización por parte de Williams de Duel of fates para acompañar el duelo entre Yoda y Palpatine, y de Battle of the heroes en la lucha final entre ambos Jedis (corte Anakin vs. Obi-Wan). El montaje de ambas escenas y sus sosias musicales es magistral y logra dotar a la secuencia del dramatismo necesario, especialmente cuando el tema de la Fuerza se enfrenta al de Darth Vader entre los paisajes volcánicos creados por ILM. Una demostración más de la ductilidad del compositor. Lástima que el CD sólo incluya la versión de concierto y no la totalidad del corte, tal y como aparece en la película.
Williams se muestra igualmente poderoso con el coro y la cuerda en Anakin´s betrayal, pieza que describe la caída definitiva de Anakin en el Lado Oscuro y su mortal visita al Consejo Jedi. La estructura es muy similar a You´re the Pan, de Hook, con un crescendo vocal de tono sombrío que se erige en un lamento por la decisión del joven Skywalker. No obstante el parecido, el tema es conmovedor y realmente impactante en pantalla; y sobre todo logra transmitir la espantosa tortura del personaje, algo que por desgracia no logra Hayden Christensen con su inmadura interpretación.
Consumada la conversión diabólica de Anakin, Williams traslada esta mutación a los pentagramas y evoluciona el tono de los coros hacia terrenos más propios del terror. Anakin´s dark deeds y Grievous speaks to Lord Sidious muestran esa progresión que, como apuntábamos, hereda el sonido de Shore para la trilogía 'tolkiana'. Así, las voces saltan abruptamente arrollando al resto de la orquesta, a modo de un réquiem terrorífico e infernal que dota de una dimensión satánica a los villanos de la función. Precisamente uno de estos, el General Grievous, inspira otro de los nuevos temas, a base de percusión, que parece extraido directamente de El mundo perdido. Williams también se hace mayor.
Más cotenido pero igual de intenso aparece el compositor en Anakin´s dream y The immolation scene, dos maravillosas piezas sostenidas por cuerdas. La primera recupera el tema de amor del Episodio II con un solo de viola sobrecogedor, al estilo de La lista de Schindler, para apuntar la sombra que se cierne sobre el amor de Anakin y Padmé. Y la segunda es un breve adagio que ilustra el destino fatal de la madre de Luke y Leia. Juntas, ambas creaciones trazan un negro recorrido que conduce a la antesala de la tragedia final, al penúltimo estertor de una agonía que termina consumiendo a ambos personajes.
El último (y discutido) escalón temático de La venganza de los Sith es el corte final del álbum, con 13 minutos que enlanzan los temas de Leia, Battle of the heroes y una horrible remezcla del fantástico Throne room (la misma fanfarria que aparecía al final del Episodio IV). La polémica saltó precisamente por la inclusión de esta útima pieza, concebida para una escena de La guerra de las galaxias y, por tanto, inapropiada en un corte que tradicionalmente recorre los temas centrales de cada episodio. Por otro lado, una práctica habitual en todas las bandas sonoras. Pues bien, el debate es absurdo si se ve la película, pues la versión discográfica de los títulos de crédito finales no tiene nada que ver con la edición cinematográfica, que es la que vale. En ésta, Williams sigue fiel a esa costumbre de repasar los temas centrales del film y combina el tema principal de Star Wars con los referidos de Leia, a modo de puente con el Episodio IV, y Battle of the heroes. Se echan en falta otros temas centrales como Anakin´s betrayal o General Grievous, pero hay que recordar que el corte final cumple una función —acompaña los títulos de crédito— y no es un escaparate para exhibirse gratuitamente. Para eso están los conciertos y las suites. Un digno punto final a una partitura que gana en profundidad y calado dramático en cada nueva escucha. |
| Por Raúl Álvarez |
Música de John Williams. Edita: Sony Classical. (EE.UU., 2005). Duración: 70:45. Director: George Lucas.
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| Star Wars and The Revenge of The Sith • Anakin's Dream • Battle of The Heroes • Anakin's Betrayal • General Grievous • Palpatine's Teachings • Grievous and The Droids • Padmé's Ruminations • Anakin vs Obi-Wan • Anakin's Dark Secret • Enter Lord Vader • The Immolation Scene • Grievous Speaks To Lord Sidious • The Birth of The Twins and Padmé's Destiny • A New Hope and End Credits |
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