Escalofrío en la noche

Los títulos de crédito de 11:14, destino fatal ya resultan muy significativos de lo que la película nos va a deparar. La cinta se abre con un plano cenital sobre una carretera en la que vemos las huellas de una violenta frenada realizada por algún coche. A partir de aquí, siguiendo el acelerado ritmo machacón de la banda sonora, se sucederán los créditos. Seguiremos a éstos, como si de automóviles se tratase, por un entramado de laberínticas carreteras. Seremos testigos de sus tropiezos con otros créditos (léase también vehículos) y abandonaremos a unos para fijar nuestra atención en otros. Finalmente, los títulos de crédito se cerrarán, justamente, dónde se había iniciado el film; en aquel plano cenital en el que podemos observar las huellas de los neumáticos de un coche tatuadas sobre el asfalto.

La declaración de intenciones es clara. Lo que el visionado del film nos va a proporcionar es una historia de relatos cruzados, en los que los personajes se van a entrelazar y la trama va a trenzarse, precisamente, enlazando el conjunto de sucesos vividos por cada uno de ellos. A todo esto hay que añadirle el hecho de que la película finalice, justamente, donde se iniciaba, si bien no cabe hablar, en este caso, de relato circular.

11:14 sigue un recurso narrativo, poco convencional pero que a fuerza de reincidir en él acabará convirtiéndose en una estructura narrativa habitual, de contar la historia al revés. Títulos recientes como Memento (Idem,2000. Christopher Nolan), Irreversible (Irreversible, 2002. Gaspar Noé) o 5x2 (Cinc fois deux, 2004. François Ozon) inciden, concretamente, en esta línea; sin embargo, 11:14 ofrece una novedad, consistente en que la trama se alimenta de los diferentes personajes que la pueblan y no son, al contrario de lo que sucedía en los títulos citados, unidireccionales.

Lo mejor del film es el guión. El conjunto de piezas que lo forman encajan a la perfección, sin que en ningún momento el espectador tenga la sensación de que se le está intentando colar gato por liebre. Todo está narrado con naturalidad, las situaciones (grotescas y delirantes) no aparecen de manera forzada y se siguen con suma atención ya que Greg Marcks sabe dosificar la información, logrando que el suspense no decaiga en ni un solo instante.

Los relojes (quizás sería mejor decir, el tiempo) poseen una importancia capital en la película. En primer lugar, porque el título hace referencia a una hora, a un instante, en la que se producirán una serie de sucesos impactantes de los que, únicamente al final de la cinta, tendremos una visión conjunta. En segundo lugar, porque todo lo que vemos está contado en "tiempo real" (uso el entrecomillado ya que el hecho de que en diferentes ocasiones el argumento vuelva hacia atrás negaría esta afirmación). Afinando más, serían las cinco subtramas que conforman 11:14 las que estarían narradas en tiempo real. De este modo, se amoldan, en un ajuste perfecto y narrativamente enriquecedor, que instiga a que el espectador se implique y efectúe una visión activa de las imágenes del film. Y, por último, porque la presencia física y acústica, de los relojes , a modo de bastón o señal, es constante en la película para permitir que el espectador pueda situarse y que no caiga en los vericuetos de la historia.

La película arranca, y nunca mejor dicho, diez minutos antes de la hora fatídica, mostrándonos a un conductor, algo borracho, con su aparato de música a toda pastilla (los coches y la música que se escucha en ellos serán una constante definitoria de los personajes), que habla con una mujer a la que se dirige a buscar. De repente, al pasar un puente, algo (que después sabremos que es un hombre muerto) cae encima de su coche y provoca un accidente. A partir de aquí, una serie de personajes irán pululando por la escena del crimen hasta llegar a un punto en el que todo (o lo poco) visto quedará en entredicho. En ese instante, mediante un montaje acelerado —estrategia narrativa que se utilizará en tres ocasiones más—, Greg Marcks nos devolverá atrás en el tiempo, a otro lugar y con otros personajes.

El joven director estadounidense combina en 11:14 el thriller con la comedia negra y el drama. Un halo de desasosiego recorre las imágenes de la película. Marcks rueda buena parte de las escenas del film moviendo la cámara de manera nerviosa, identificando la puesta en escena con el malestar y la pesadilla que viven los personajes. Las situaciones mostradas son, mayoritariamente, difíciles de soportar y con tendencia a lo morboso y retorcido. Un ambiente políticamente incorrecto (lo más light sería un adolescente que quema libros argumentando que con ello hace un beneficio a la humanidad, y que más tarde al verse envuelto en un embrollo alude a un supuesto "Doctor Faulkner" que trata su cleptomanía) impregna la película. En el elenco de personajes, no tiene cabida la figura del héroe. De hecho, ninguno de ellos se salva de algún tipo de reproche... Así, 11:14 se convierte en un relato que retrata la hipocresía de nuestra sociedad en el que la llegada de la medianoche hace aflorar la peor parte del ser humano, aquella que parece no tener sitio en "Middelton: un buen lugar para vivir".

Por J.A. Souto Pacheco
cartel
Estados Unidos Canadá, 2003. T.O.: 11:14. Dirección y guión: Greg Marcks. Producción: Beau Flynn y John Morrissey. Producción ejecutiva: Sammy Lee, Stewart Hall, Raju Patel, Tripp Vinson, Hilary Swank, Jeff Kwatinetz y David Scott Rudin y Mark Damon. Música: Clint Mansell. Fotografía: Shane Hurlbut. Montaje: Dan Lebental y Richard Nord. Diseño de producción: Devorah Herbert. Dirección artística: Macie Vener. Vestuario: Christopher Lawrence. Duración: 95 min. Intérpretes: Hilary Swank (Buzzy), Rachael Leigh Cook (Cheri), Patrick Swayze (Frank), Barbara Hershey (Norma), Colin Hanks (Mark), Henry Thomas (Jack), Shawn Hatosy (Duffy), Clark Gregg (Agente Hannagan), Ben Foster (Eddie), Blake Heron (Aaron), Jason Segel (Leon).