Atravesando muros
Seis años después del lacónico "Continuará" que cerraba Cielo sobre Berlín, los ángeles de Wim Wenders vuelven a sobrevolar Berlín. De hecho, este nuevo film comienza justo donde terminaba aquel. Tan lejos, tan cerca recoge a Cassiel (Otto Sander) encaramado a lo más alto del dorado monumento del Ángel de la Victoria. Sin embargo, la capital alemana ha cambiado mucho desde entonces. El muro ha caído. La tan ansiada reunificación germana ha llegado pero el aliento de optimismo e ilusión que la promovió se está extinguiendo. Las expectativas generadas por el anhelado acontecimiento eran muy grandes y se han defraudado. El muro ha caído, sí. Ahora su lugar lo ocupan heridas sin cicatrizar.
Wim Wenders plantea la película como una metáfora con la que reflexionar, describir y analizar la Alemania de 1993. El interés del director de Paris-Texas reside en mostrar al espectador los efectos de la reunificación. Tan lejos tan cerca es, como se puede intuir por lo expuesto hasta el momento, un proyecto surgido del desencanto. Es un relato que acusa directamente a una clase política-dirigente que ha querido construir un país desde las variantes económicas y estructurales pero que ha dejado de lado la vertiente social y, por lo tanto, los problemas éticos y morales que comportaban la reunificación alemana.
Tan lejos, tan cerca es una historia repleta de alegorías. Cassiel, que quiere ser mortal para ayudar a los humanos a resolver sus problemas es el único que les puede dar a los berlineses el amor para mirar el mundo. Cuando, por compasión, se convierte en hombre, en realidad está viviendo una etapa evolutiva claramente infantil. Así, su mirada hacia el Hombre se vuelve menos sabia y mucho más inocente. Sus primeros aprendizajes, como los de Daniel (Bruno Ganz) en Cielo sobre Berlín, son meramente sensitivos (descubre la explosión de los colores, los sabores, etcétera). Desadaptado —quizás sería mejor decir desarraigado o involucionado— de un mundo que para él ya no es transparente, Cassiel ya no mira desde el amor. Su mirada de amor se convierte en otra llena de decepción y desilusión. El mensaje del ángel, que también es el de Wim Wenders, es más de preocupación que de esperanza. De esta guisa, se ve involucrado en una especie de thriller, trabajando para una de las numerosas mafias occidentales que se han extendido por los caóticos mercados del este tras la caída del muro. Una mafia que, nada más y nada menos, exporta videos pornográficos clandestinos a cambio de armamento.
Es significativo que, fruto de ese desconocimiento de lo terrenal, pase su primera noche en la cárcel. Su carga de buenas intenciones ya no sirve para este mundo. Al contrario, él es el raro y el loco. Su modo de actuar no es el esperado ni el adecuado y eso le lleva a ser apartado de los hombres.
Wenders no quiso repetir su otro film anterior; por eso no quiso contratar a Peter Handke como guionista, aunque no le quedó más remedio que recuperar algunos personajes y utilizar la misma técnica fotográfica: color para el mundo real, blanco y negro para los ángeles. Y esto es un problema. De Cielo sobre Berlín se echan de menos la magnífica fotografía de Henri Alekan, el mágico texto de Peter Handke y la inspiración de Peter Falk y Bruno Ganz (en la película, su personaje sigue siendo el que transmite un mayor magnetismo). El resultado es un film fallido, un experimento malogrado.
Personajes como los de Willem Dafoe (su personaje se llama Emit Flesti, anagrama de "time itself": el tiempo en persona) o Lou Reed, no son más que arquetipos que, además, no acaban de funcionar. Y es que Tan lejos, tan cerca n o logra la misma fuerza de Cielo sobre Berlín. No posee su carga poética y ni su bagaje filosófico. El relato tiene lagunas, personajes y aspectos desdibujados que dejan un sabor de boca amargo. La huella que deja en la memoria esta obra es débil y endeble. El film pasa de ser cursi a pretencioso, de tedioso a liviano, sin que uno de los hechos con más calado de la historia universal (la caída del muro) acabe nunca de coger el protagonismo que el relato reclama.
Especie de parábola, con voluntad de fábula o cuento, Tan lejos, tan cerca posee un tono naïf, irónico, que no siempre funciona de manera correcta. Muchos episodios se amontonan y se estiran sin saber muy bien por qué. Las acciones y reflexiones no acaban de engarzarse e interrrelacionarse como sería de desear. Algunas historias contienen una fuerza indiscutible (la del anciano Konrad, por ejemplo); mientras que otras, en las que intervienen Flesti o la banda de Patzke, resultan inconexas y poco imaginativas.
Wim Wenders, como si hubiese caído también del cielo, nos ofrece un producto ingenuo y candoroso. Parece que fundiera su mirada con la de Cassiel. Para él, la única salvación esté en nuestro interior, en la religión, en los ángeles... y claro, resulta difícil encajar esto con la el nazismo, la II Guerra Mundial o la Guerra Fría, como telón de fondo. |