Breves notas sobre el cine de autor

1. Presentación y lamento

«Durante cinco días, Barcelona quiere ser un lugar de encuentro entre cineastas europeos y analistas de renombre de la escena internacional. Un foro en el que se darán cita algunas de las propuestas más radicales del cine actual, y que pretende suscitar la participación ciudadana en los diversos debates y proyecciones públicas para identificar el cine europeo contemporáneo por delante de cualquier maniobra de estandarización cultural». Así define Doménec Font, presidente del CICEC, este primer encuentro-acontecimiento cuya génesis partió de la simple idea de hacer un libro sobre el cine europeo contemporáneo, y que, "poco a poco fue creciendo" (en palabras de José Enrique Monterde, presidente de la ACCEC ) hasta convertirse en estos cinco días de cine de vanguardia europeo que, independientemente de sus resultados artísticos y logísticos, es uno de los intentos más interesantes de la ciudad de Barcelona de realizar un evento cultural (cinematográfico), por fin, de alta calidad.

La cinefilia debía mostrarse en todo su esplendor, puesto que, de una vez por todas, se iban a poder no sólo ver las obras de los cineastas más pirateados por los cinéfagos de la red, sino que iban a estar las personalidades in situ para debatir en de las conferencias y proyecciones con el público, en la mayoría, dada las condiciones del Congreso, estudiantes de la universidad organizadora que obtenían créditos para sus correspondientes carreras. Este condicionante, creó más de un problema a la prensa, quedándose —siguiendo las leyes del certamen—, excluidos de las ponencias (por más que se pudo asistir a algunas esperando al último momento que quedase espacio libre en el auditorio) y relegados a las invitaciones para la mitad de las proyecciones. Del mismo modo, el acceso a las entrevistas a las personalidades, pese a que se prometía fructífero, a medida que avanzó el festival y los medios de prensa más fuertes (periódicos, televisiones...) se interesaron por el mismo, quedamos exentos de las mismas los medios más pequeños e independientes, caso de nuestra revista, Miradas de Cine, que por más buenas palabras que nos dedique la gente del sector, a la hora de la verdad, lo que de verdad importa a organizadores, prensa y crítica afín, es ser portada en El País de las Tentaciones o el Metrópoli. Es una realidad asumible, no tengo ningún problema con ello, así que sólo puedo reiterar nuestra ilusión por seguir ejerciendo aquello que nos gusta por encima de cualquier obstáculo, ha sido así estos últimos tres años, y lo va a seguir siendo, al menos, mientras mis compañeros de revista sigan comportándose de manera tan sobresaliente como hasta ahora.

2. El cine invisible toma forma

Dice mi amigo Jorge-Mauro de Pedro que lo mejor que le puede pasar a muchos de los directores elogiados por la crítica de vanguardia, que bien han tenido acceso a su obra mediante la visita a festivales o mediante una línea ADSL potente (nada que objetar al respecto), puesto que no hay manera que se distribuyan/exhiban sus películas en nuestro país —ni siquiera a cineastas de aquí como el genial Joaquim Jordà!!—, es que se consigan estrenar sus películas, eso los rebajaría del paraíso de los intocables/indiscutibles donde han sido colocados, con o sin merecerlo, y se podría elaborar un juicio mucho más sensato sobre su obra, huyendo de dogmatismos, filias, fobias y demás poses críticas innecesarias, pudiendo separar así el grano de la paja y la mediocridad de la genialidad. Sin embargo, a tenor de lo expuesto en el CICEC, la realidad, como siempre, deviene bastante más compleja, estamos lejos del territorio de los AUTORES, mal que le pase a muchos, la heterogeneidad actual del cine, incluso el de vanguardia, está tendiendo cada vez más a la repetición, lo que facilita mucho el trabajo a la crítica actual, siempre satisfecha ante su realizador de culto, como si su sello tuviera la misma impronta que un estatus genérico. Casi cincuenta años después de la eclosión de la Nouvelle Vague está claro que la figura del realizador perfecto es endeble por sí sola, y que ni siquiera ya hay buenas y malas películas, sino películas coherentes y películas inconexas, obras que se amoldan con resultados óptimos y personajes que se persiguen una y otra vez sin parecer nunca acabar de encontrarse. En los 39 números que llevamos de revista, hemos estudiado mensualmente a todo tipo de realizadores, y si hay que sacar alguna conclusión decente de tanto estudio de la mirada, es que no hay nada ni nadie intocable, ni siquiera se puede asegurar el estatismo de los juicios, por lo que siempre existirá una duda en un texto perfecto, así como siempre habrá sombras tras la genialidad impuesta per se.

De todas las visitas de personalidades al CICEC, sobresalen tres en particular: Olivier Assayas, Béla Tarr y Alexandr Sokurov. Tres cineastas intocables, entre otras cosas, porque del segundo no se ha estrenado ni una sola película (siempre me refiero a nuestro país), ni se ha editado nada en DVD o se ha emitido por TV, del tercero, únicamente se ha estrenado la brillante El arca rusa (2002), y del primero, dos películas: Finales de agosto, principios de septiembre (1998) y Demonlover (2002) (esta última permaneció una sola semana en las salas de estreno). Además el CICEC contó con la prestigiosa presencia de Pascal Bonitzer, realizador francés más conocido por su condición de guionista del genial Jacques Rivette; el productor Paulo Branco, que se haya en los títulos de crédito de los últimos Joao Cesar Monteiro, Manoel de Oliveira y Chantal Akerman; y realizadores tan diversos como Giovanna Taviani, Yervant Gianikian y Angela Ricci Lucchi (y los españoles Joaquim Jordà, José Luis Guerín, Víctor Erice y Javier Maqua). Además las ponencias atrajeron a nombres de lo mejor del panorama de la crítica europea: Jean-Michel Frodon, Santos Zunzunegui, Nicole Brenez, Alain Bergala, Miguel Marías, Carlos Losilla y Carlos F.Heredro, entre otros.

De todos estos actos, en Miradas de Cine, por diversas razones, publicaremos a lo largo de los siguientes números, dos actos: El encuentro con el cineasta Béla Tarr tras la visión de Almanaque de otoño (1984), y la mesa moderada por Carlos F.Heredero "Miradas periféricas: Cine español / Cine europeo) que contó con la presencia de Mercedes Álvarez, Isabel Coixet, Mariano Barroso, Enrique Urbizu y Marc Recha, donde hubo una relevante puesta en escena nada agradable del "estado de las cosas" del cine español.

3. Escueta crónica diaria de las jornadas

Primera jornada, Lunes. La figura principal es el realizador y excrítico de Cahiers du Cinema Olivier Assayas. Se proyecta su última película, presente en Cannes 2004, Clean (2004), me comenta mi compañero Manuel Yánez, el experto de Miradas de Cine en realizadores invisibles, que existe demasiada distancia entre las dos obras clave de Assayas —Irma Vep (1996) y Demonlover y el resto de su cine. Dentro de la sala recomiendo a todo aquél que veo que mejor salga al Hall a ver la magnífica Histoire de Marie et Julien (2003) de Jacques Rivette, proyectada justo después de Rien sur Robert (1999) que ha presentado el propio realizador Pascal Bonitzer. Clean deja un sabor de boca irregular, pese a lo interesante de la propuesta de Assayas, sus logros y problemas andan demasiado parejos como para llegar a buen puerto.

Segunda jornada, Martes: La figura del día es el húngaro Béla Tarr, actualmente en paro tras el suicido del productor de la película que estaba apunto de empezar a rodar. Quien no conoce a Béla Tarr por la pasión que se creó en círculos internáuticos mediante su film de siete horas Satantangó (1994), es porque se ha repetido hasta la saciedad la herencia que éste ha dejado en las últimas tres obras de Gus Van Sant: Gerry (2002), Elephant (2003) y Last days (2005). Se pasan dos películas del realizador: la alucinante Werckmeister Harmonies (2000) que me dejó catatónico en el pasado festival de Sitges y uno de sus primeros films: Almanaque de otoño, muy a mi pesar, una decepción, un film temiblemente aburrido. Mientras tanto en el Hall se proyecta el último trabajo de Jordà, la interesante 20 años no es nada (2004), que sigue a los protagonistas de Númax presenta... (1984) en la actualidad, además de Una visite au Louvre (2004) de Straub/Huillet y El perro negro: Stories from the spanish civil war (2005) de Péter Forgács.

Tercera jornada, Miércoles: La figura del día es Paulo Branco, de quien se proyecta sus producciones Vai e vem (2003) de Joao César Monteiro (estrenada fugazmente en nuestro país el pasado año y de la que sólo he escuchado elogios de mis compañeros de revista) y Demain de déménage ( 2003) , una de las obras más accesibles y entretenidas de Chantal Akerman. Mientras, en el Hall se proyecta un especial sobre cine italiano contemporáneo con I nostri 30 anni. Generazioni a confronto (2004) de Giovanna Taviani y La mejor juventud (2004) de Marco Tullio Giordana, esta última, en lugar de la programada y muy esperada Buongiorno, notte (2003) de Marco Bellochio. Por mi parte, me escapo a la Filmoteca de la Generalitat, que complementa las jornadas del CICEC programando tres films de la que será la figura de los dos próximos días: Alexandr Sokurov, a la proyección de Molokh (1999).

Cuarta jornada y quinta jornada, Jueves y Viernes: En el Cultural de El Mundo sale publicada una entrevista via e-mail a Sokurov en la que asegura, entre otras perlas, que «el cine como arte aún no ha nacido» y que «el futuro del cine depende de la posibilidad de que a él se dediquen las personas que aman a la literatura por encima de todo». Declaraciones dignas de otro de los grandes pedantes del cine actual: Peter Greenaway, no en vano, el único realizador junto a Lars Von Trier a quien Sokurov considera interesante dentro del panorama del cine europeo. Posiblemente Sokurov encuentre concomitancias con el británico respecto a la influencia del arte en cualquiera de sus manifestaciones artísticas en su obra fílmica y frente al danés, a la herencia reconocida de Andrej Tarkovski (en especial en el mediometraje Befrielsebilleder / 1982) por parte de ambos cineastas. En la Filmoteca se proyectan dos de sus films sobre la trilogía dedicada a las personalidades tiránicas del siglo XX: Molokh (Hitler) y Taure (2001) (Lenin) —la última fue presentada en el pasado festival de Berlín, Solnset (2004), sobre la figura del emperador Hirohito—, además de la conocida El arca rusa. Y dentro de las actividades del CICEC, se proyectan: Elegía de Moscú (1987), The Diary of St.Petersburg – Inauguration of the monument of Dostoievsky (1997), The Diary of St. Petersburg – The Kosintsev Flat (1998), The Diary of St. Petersburg – Mozart Requiem (2004), Madre e hijo (1997) y Padre e hijo (2003). Vaya, nadie puede discutir la idoneidad para conocer al realizador que presenta el Congreso. A mí particularmente, el cine de Alexandr Sokurov me interesa y le encuentro aspectos realmente asombrosos, sin embargo, no puedo evitar reconocer que siempre soy un espectador ausente en la película, sea porque ésta se mueven en el terreno de la metafísica o porque no alcanzo a entender la avalancha intelectual que desprenden las obras, esto hace que sólo disfrute en proporciones aisladas en aquel terreno donde puedo reconocerme. Seguramente por ello El arca rusa es su film plásticamente más atractivo y disfrutable y Padre e hijo y Madre e hijo sus obras más íntimas y emocionantes, si es que la gelidez de los fotogramas del realizador llega a alcanzar al espectador. Paralelamente, el jueves se pudo ver, al parecer, una obra clave del panorama documental actual, Oh Uomo (2004) de Gianikian/Lucchi y La vie nouvelle (2002) de Philippe Grandieux, y el viernes, un ciclo dedicado al cine alemán contemporáneo con Die Innere Sicherheit (2000) de Christian Petzold y Lichter (2003) de Hans Christian Schmid.

Por Alejandro G. Calvo
Poster