Los zapatos rojos de la muerte (otra vuelta de giallo)

«Argento no se entretiene tanto en argumentos terroríficos como en crear un ambiente perpetuamente alarmante, construido por una forma tan malsana como sabia de mirar a través de la cámara. Quedamos atrapados por sus obras como por las pesadillas», Fernando Savater.

«A veces pienso que todos los directores estamos locos, al menos mientras estamos haciendo una película. El proceso de escribir y dirigir te lleva a tales extremos que es natural sentir una afinidad con la locura», Dario Argento.

El cine de Dario Argento es capaz de levantar las pasiones más encendidas —o se odia o se ama—, basta con ver Tenebre para comprobarlo. Sus detractores la califican como la película más vacía, absurda y excesiva del cineasta romano. Sus seguidores la aplauden como una de sus cintas más logradas, una muestra de su genio, muchas veces, incomprendido. Tras elevar las cotas del 'fantaterror' a lo más alto con Suspiria e Inferno, Argento decidió regresar al terreno del giallo —el thriller a la italiana—, que él mismo creó con su 'Trilogía de los animales' (El pájaro de las plumas de cristal, El gato de las nueve colas y Cuatro moscas sobre terciopelo gris) y con Rojo oscuro , para hacerlo volar en pedazos desde dentro.

Básicamente, Tenebre (1982) juega con las convenciones narrativas y estéticas del giallo, y por ende del suspense hollywoodiense en el que se basa, hasta darlo otra vuelta de tuerca. Si Valle-Inclán hubiera dirigido un filme de este género, seguramente sería muy parecido a Tenebre, octavo largometraje en la carrera del realizador. Nada es lo que parece y todo es lo que no es. Una maraña de pistas falsas conduce a oscuros callejones sin salida, alumbrados únicamente por el reflejo de la luz en la hoja de una navaja. Argento se burla de sus propios códigos —la cámara subjetiva que reproduce el punto de vista del asesino, las manos enguantadas de negro, el uso de la arquitectura y del color— para realizar una hipérbole, un triple salto mortal sin red que arrastra irremisiblemente al espectador por los tortuosos y laberínticos caminos de un misterio que no tiene solución, o que tiene varias, según se mire.

La cinta empieza con la llegada a Roma de Peter Neal, un escritor norteamericano de best-sellers de intriga, papel interpretado por Anthony Franciosa y pensando en un primer momento para Christopher Walken. Su gira promocional por la capital italiana coincide con una serie de crímenes basados en su última novela, 'Tenebre', cuyas víctimas son lo que el asesino considera como seres desviados: ladronas, prostitutas, lesbianas… Con ganas de lucirse ante la prensa y la policía local, el literato decide investigar por su cuenta las muertes y desenmascarar al asesino que le rinde tan macabro tributo. Todo ello salpicado por tres intermedios oníricos muy 'freudianos', protagonizados por una muchacha de zapatos de tacón rojo, que esconden la llave de la retorcida mente del asesino.

Lo que a priori parece un típico '¿quién lo hizo?' es en realidad una trampa mortal que descolocará a todos los espectadores que busquen en Tenebre una narrativa lógica y una trama coherente. Una vez más, la forma fascina mucho más a Argento que el fondo. En esta película se encuentra una de las más celebres escenas de toda la filmografía del autor de El síndrome de Stendhal: un plano secuencia de dos minutos y medio de duración en el que una cámara motada sobre una Louma —una Dolly francesa que a comienzos de los años 80 era toda una novedad en el mercado— recorre sinuosamente una fachada, el tejado y otra fachada de la casa en la que viven dos víctimas del asesino. Reforzada por la inquietante partitura de tres de los miembros de la desaparecida banda Goblin, la escena construye un climax que, como no podía ser de otra manera, acabará con sangre. Sin embargo, el recorrido de la cámara no tiene ningún propósito narrativo, ni trata de reproducir el punto de vista de nadie. Es, nada más y nada menos, que un brillante ejercicio de estilo, un artificio destinado a jugar con los sentidos y las percepciones de un espectador que, si no conoce al director italiano, a estas alturas seguramente se esté preguntando de qué va la fiesta.

¿Hay que ser un fan fatal de Argento para disfrutar de esta película? Sí y no. Es suficiente con acercarse a ella sin ideas preconcebidas y con ganas de subirse a una montaña rusa que no lleva a ninguna parte. El viaje merece mucho más la pena que el destino final.

En DVD

Para variar, Tenebre no está editada en España. De las múltiples versiones que existen en la zona 2 (Europa), destaca por encima de todas la italiana, publicada por Medusa, superior también a la norteamericana de Anchor Bay (zona 1). Aunque viene 'pelada' de contenidos extra, su excelente imagen anamórfica y su más que correcta remezcla de sonido 5.1 en italiano justifican la compra. El DVD se completa con una pista de audio mono en italiano (la original) y otra estéreo en inglés y con subtítulos en este último idioma y en italiano para sordos.

Por Daniel G. Rojo
cartel del film

Italia, 1982. Dirección y guión: Dario Argento. Productores: Dariio, Claudio y Salvatore Argento. Música: Goblin, Máximo Morante, Fabio Pignatelli, Claudio Simonetti. Fotografía: Luciano Tovoli. Montaje: Franco Fraticelli. Diseño de producción: Giuseppe Bassan. Maquillaje: Carboni, Patricia Corridoni, Pierantonio Mecacci, Piero Mecacci, Rocchetti. Duración: 110 minutos. Intérpretes: Anthony Franciosa (Peter Neal), Christian Borromeo (Gianni), Mirilla D'Angelo (Tilde), Verónica Lario (Jane McKerrow), Ania Pieroni (Elsa Manni), Eva Robins (chica en la playa), Corola Stagnaro (detective Altieri), John Steiner (Christiano Berti), Lara Wendel (Maria Alboretto).