Sobre la esencia de narrar

Lars Von Trier (Copenhague-Dinamarca, 1956) es quizás el realizador más sui generis del cine contemporáneo. Haciendo un rápido balance a su filmografía encontramos, para satisfacción de muchos e inmensa irritación de algunos otros, una interesante mezcla de libertad y cautela, sensibilidad y prepotencia, riesgo y comercialidad.

Alguien que a estas alturas de la historia del cine se atreve a lanzar algo tan rimbombante como lo que él y Thomas Vinterberg (Copenhague-Dinamarca, 1969) denominaron el "Manifiesto Dogma 95" merece al menos algún momento de atención.

Estos dos jóvenes cineastas que al grito de ¡Para Dogma 95 el cine no es algo individual! o ¡para Dogma 95 el cine no es ilusión! establecieron en sus postulados una defensa de algo tan caduco y pretencioso como es el "cine de vanguardia", ¿de vanguardia? Así se atrevieron a decir que no sólo existía algo que cambiar en esto de hacer cine en Europa sino también a establecer ciertas reglas sobre cómo el cine debería hacerse. ¡Atención cineastas! No están permitidos los artificios, la narración no debe ser superficial, la cámara debe tener libertad, no estar anclada (defendían la cámara en mano), las películas de género no son admisibles, establecieron éstas entre otras reglas técnicas y estéticas. Ya no soy un artista, proclamaban con vehemencia.

Intentaron resucitar a base de renovados postulados la fórmula estética e intelectual con la que la Nueva Ola francesa (Nouvelle Vague) había dado un esencial vuelco al cine francés en la década de los sesenta. Sin embargo, después de un brillante comienzo con la que creo la mejor película Dogma, Celebración (Festen, 1998) dirigida por Vinterberg, el movimiento ha ido languideciendo con el paso del tiempo. Y es que si bien la Nouvelle Vague se sustentaba sobre unos sólidos planteamientos intelectuales, sobre todo intelectuales, y aparecer en una época propicia para romper de forma contundente con el cine hecho hasta el momento, por el contrario el movimiento Dogma surge sobre la base de unos frágiles principios "morales", de la ética (cinematográfica) a costa de la estética. Es un movimiento de alumnos aventajados de la escuela de cinematografía que aparece en una época en la que la última gran revolución cinematográfica es sin duda la digital y lo novedoso debemos buscarlo, como siempre, en la capacidad de fabulación del ser humano. Sin embargo, el toque de atención que dieron estos jóvenes cineastas en los años noventa rechazando lo que no les gustaba del cine que se hacía en aquel momento abrió un enérgico debate en los círculos cinematográficos. Algo que se hace necesario de cuando en cuando dentro de un sector de escasa tendencia a la autocrítica.

Von Trier olvidó pronto las reglas que estableció junto a Vinterberg. Y es que, a pesar de todo, a cualquier realizador le gusta ganar la Palma de oro en Cannes, trabajar con Nicole Kidman o incluso rodar un musical, un drama o una película negra. Sus películas, a medida que el realizador ha ido madurando, se han ido plegando sutilmente a los requerimientos de la taquilla y del éxito internacional, con películas de más clásica factura, estrellas internacionales y considerables equipos de producción. Su cine se ha vuelto menos arriesgado aunque conserva un gran talento a la hora de narrar, un personal criterio a la hora del trabajo con los actores y una muy interesante puesta en escena. En él mantiene aún, aunque de manera más sutil, algo del espíritu que inspiró aquel movimiento de la década de los noventa. Al cine de este realizador lo identificamos por un cierto sentido del riesgo, por la originalidad en las propuestas, aunque bajo todo ello subyace la forma más clásica de entender el cine. Von Trier ha tenido el talento de saber mantener un difícil equilibrio, y con resultados siempre muy interesantes, entre las más establecidas y las más novedosas formas de narrar.

En Cinco Condiciones, hasta ahora su última película (a la espera del estreno este año 2005 de Manderlay), Von Trier recupera algo más esa libertad de espíritu. La idea central del proyecto es del propio Von Trier inspirado en su admirada película The perfect human, un minimalista cortometraje rodado en blanco y negro en 1967 por su compatriota Jorgen Leth (Dinamarca, 1937). A partir de ella ambos cineastas reflexionan sobre el ser humano y por derivación realizan una lección magistral sobre la esencia del fenómeno cinematográfico. Así, la utilización de los recursos, la preparación del proyecto, los diversos senderos de la narración, utilizando como base un mismo cortometraje, pueden deparar diversos e interesantes puntos de vista sobre la misma obra. Aunque todo esté planificado de antemano por ambos cineastas la película desprende un cierto aire de improvisación, de búsqueda, es un juego en una doble vertiente, humana y cinematográfica. Ambos cineastas plantean también la película como un desafío mano a mano, utilizando las herramientas del lenguaje narrativo y las posibilidades del trabajo de cámara y del montaje.

La película, debido al tema sobre el que gira y a su estructura final, es más apropiada para visionar en cine-club y, sobre todo, en las escuelas de cine ya que los estudiantes tienen a la alcance de la mano un interesante ejercicio de análisis de la composición cinematográfica.

Cinco Condiciones, planteada como un juego de introspección, se desarrolla a través de varias conversaciones sostenidas por ambos cineastas durante tres años. En ellas Von Trier plantea a Leth un reto; establecer cinco condiciones para, a su vez, rodar The perfect human otras tantas veces. Estas limitaciones ayudarán a Leth a reflexionar sobre su "condición" de ser humano, este será el objetivo central de Von Trier. Esto es una terapia, no una competición contigo mismo le advierte a Leth.

El cineasta más joven pone así a prueba el cineasta veterano. Von Trier limita los recursos para empujar a Leth a que analice al ser humano perfecto que refleja en su propio cortometraje y así preguntarse por él mismo, por sus miedos y motivaciones. A pesar de los obstáculos que Von Trier le irá colocando, Leth los supera de forma brillante, con ideas originales e improvisaciones en las que el cineasta veterano muestra su talento y dominio del medio.

El resultado de este experimento lúdico es una perfecta simbiosis entre el documental, que se centra en las conversaciones mantenidas por ambos cineastas y rodado de forma más informal en Zentropa, la productora de Von Trier y la ficción que resulta del trabajo final sobre The perfect human, visto en base a estos cinco distintos planteamientos. Asimismo utilizan otros géneros o formas de expresión cinematográfica como la animación o el cine experimental más puro.

Y en todo ello; ¿Qué papel juega el espectador? Probablemente se encuentra en un lugar secundario. Lo que el espectador recoge de la experiencia será lo mismo que el cineasta concluya sobre la misma. El espectador se mantiene como mero observador del proceso.

Estas serán las condiciones del juego;

Condición 1ª; No se puede rodar a más de 12 fotogramas. Pero Von Trier limita el rodaje aún más; Debe ser en Cuba, país que Leth no conoce, sin utilizar decorados y por último, Leth debe contestar a las preguntas que se planteaba en su cortometraje.

Este es un primer acercamiento a The perfect human.

Condición 2ª; Von Trier tiene como objetivo suprimir la distancia con la que Leth cuenta las cosas y pretende acercarlas a él mismo, y también, de manera secundaria, al espectador, al que observa. Para ello debe rodar en el lugar más pobre del mundo. Y sin mostrar el drama humano. Debe implicarse con el ser humano o mantener las distancias con el mundo. Leth rueda en una calle de Bombay. Él interpreta ahora al hombre perfecto. Para distanciarse de la realidad coloca una pantalla transparente entre él y la gente. Para minimizar la distancia entre el ser perfecto y el humano dirá Leth.

Condición 3ª; Libertad total. Leth escoge Bruselas como lugar de rodaje. Allí el hombre perfecto será el gran actor Patrick Bauchau, que ha trabajado con Rohmer, Wenders y Fincher, entre otros. Realizará un interesante montaje en díptico, con la pantalla fragmentada en dos secuencias paralelas. Filma al hombre perfecto y a la mujer perfecta.

Enmarca Leth con precisión los paisajes y objetos, algo esencial para el cineasta. Leth y Von Trier hablan de la importancia del encuadre, de lo difícil que es el poder controlarlo todo durante el proceso de rodaje.

Condición 4ª; Utilizar la animación. Como ambos cineastas detestan la animación, Von Trier supone que el resultado no será satisfactorio. En la animación se deben tomar muchas decisiones sobre el proceso. Sin embargo, será el mejor trabajo de los cinco. El corto resultante está lleno de color y energía. La animación estará a cargo del director de animación Bob Sabiston quien realiza un magnífico trabajo animando lo que Leth ha rodado con anterioridad en Cuba, Bombay y Bruselas.

Condición 5ª; ¡no hacer nada! Leth figurará como director aunque sólo deberá leer un texto escrito por Lars Von Trier y que montarán sobre imágenes grabadas durante sus diversos encuentros. El objetivo de Von Trier será poner al descubierto al ser humano inseguro que se esconde, según sus mismas palabras, detrás del ser humano perfecto.

Leth le responderá; Querido Lars. Gracias por tus condiciones. Me han enseñado que, en verdad, soy un abyecto y humano ser humano...Intento engañar al mundo porque no quiero formar parte de él. Mis películas son un farol, un refugio...

Por Natalia Vías
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