¿Para qué sirve la crítica?

Cuando convives durante todo un año con personas que son completamente diferentes a ti, y ese es mi caso con mis alumnos de quince años de este ejercicio que ya terminó, uno tiende a plantearse muchas cosas, pero sobre todo, tiende a plantearse la importancia de aquellas cosas que a uno le parecen vitales, y que para otros seres humanos son superfluas.

No voy a aburrir hablando de lo diferentes que eran estos chicos, que desde su problemática social, familiar o de simples expectativas de la vida (eran alumnos de un grupo especial de jóvenes conflictivos) no tenían nada que ver con lo que yo fui a esa edad, ni tampoco me voy a extender en la diferencia de intereses que a ellos y a mí nos separaban... no creo que a mi edad, me vaya a interesar por el tunning, Camela o Melendi (el del chocolatillo, ring, ring...), las motos trucadas o las pelis de mamporros asiáticas, si no lo he hecho ya ... pero sí creo que es un buen momento para replantearse si lo que a uno tanto le importa tiene ese sentido vital que a veces le damos, después de ver que hay gente que vive sin ello.

No me imagino a mis alumnos disgustados un fin de semana porque en Alicante no hayan estrenado una película de autor muy esperada por uno, o porque la edición en DVD de tal peli en formato "coleccionista deluxe" que has comprado, traiga aún menos extras que la versión "Carrefour" de seis euros. Y ya ni les cuento, si uno se plantea por ejemplo, el análisis semántico y visual-sintáctico de tal o cual film.

Para mis alumnos, una peli está bien o mal... y bueno, creo que les da bastante igual las referencias cruzadas, los "deja vu", la palabra "deja-vu" y el gilipollas que decidió emplear la palabra "deja-vu" por primera vez en una crítica de cine. Y bueno, cuando empiezas a ver la vida con sencillez, (cada día más)... te das cuenta de lo absurdo que es todo este mundo paralelo de fnacs, ediciones de coleccionista, cine de "auteur" y vida cultural en general con la que tendemos a llenar nuestras vacías vidas (igual si estuvieramos ocupados follando bien, haciendo el bien o ayudando a los pobres, no necesitaríamos de esas cosas para entretenernos).

Después de un año rodeado de chicos no sin cultura, pero sí sin inquietudes culturales (tener un curro, moto y chica es la aspiración de estos chavales que no son ni peores ni mejores que ningún otro ser humano), uno se llega a plantear si la Cultura, no será el opio de la clase media. Llenar nuestras mentes de grandes ideas, grandes teorías, y rompecabezas ideológicos.... Aaaaaahhhhh, el arte....... Y bueno, vivir de ello, y para ello.

Simplificando, simplificando, llegué a la conclusión de que el cine no son más que emociones, como espejo de la sociedad y de uno mismo que es (siempre defenderé que la identificación con historia y personajes está en el fondo de que algo nos guste o no), y entonces llegué a la conclusión de que la crítica a no ser como exposición de las emociones personales vividas (que en ningún caso tienen porque interesarles a nadie) no tiene mucho sentido, y que es más, la crítica siempre o hace poco se ha convertido en un promotor de modas vacías, sin otro objeto que promover esa alienación vital que es la cultura.

No es mi intención incitar a quemar el arte ni mucho menos, sino la de que se reflexione sobre nuestras adicciones y dependencias en la sociedad moderna, y la del papel de una crítica convertida en agente de un sistema que comercia con las emociones, y las eleva a categoría de arte, para que muchas personas precisamente se crean por encima de los demás, y que para mantener ese estatus, consuman. Personas, que igual como yo en otra época, o hace unos meses, se consideraban mejor que otras como mis alumnos, que jamás han visto ni veran en su vida una película coreana (y créanme, ni falta que les hace).

Al hilo de esta nueva moda de cine coreano promovida en toda la crítica cinematográfica especializada (incluida esta revista, y que me perdonen mis amigos de aquí), uno, que no se siente muy identificado con lo que ha visto en cuanto a cine de ese país (ni en temas, ni en emociones suscitadas), no deja de sentirse perplejo, cuando lee una y otra vez en casi todos los medios, como los críticos se atribuyen a sí mismos el descubrimiento de esta nueva cinematografía o de sus directores estrella, con largas parrafadas sobre referentes, influencias y novedosos estilos visuales. Supongo que todos somos un poco Cristóbales Colones frustrados, pero créanme, atribuirse estas cosas da un poco de risa, sobre todo por la muy poca importancia que tienen. ¿Dónde estará el cine coreano dentro de dos años? Pues en el mismo lugar donde está ya casi el cine iraní, el ruso, el chino y otros juguetes rotos de la crítica... pasiones fraudulentas del momento que no calaron en la gente normal, la que no necesita de semejantes onanismos mentales para subsisitir.

Al igual que ya nadie se acuerda del Rojo Kieslowski, y sí del Desafío total de Verhoeven... al igual que la inmensa mayoría de Palmas de oro de Cannes son pasto de los gusanos de la desmemoria, y muchas vilipendiadas películas comerciales formarán parte de la cultura popular para siempre. ¿Crítica para qué? ¿Para sentirme yo bien soltando anatemas y teoremas como si de verdades sagradas se trataran? Creo que no.

Mis alumnos cuando salí de ver El reino de los cielos me preguntaron si estaba bien la peli o no... iba a ponerme a disertar sobre los fallos del guión, la mala planificación de Scott, la sobreactuación de... las burdas copias a las escenas de.... Y me sentí muy ridículo, ridículo y estúpido, tanto como si les hubiera llegado a decir que la ponía dos estrellas de cinco. Bastaba con un sí o un no. ¿Para qué más?... ¿Para qué vieran que me he leído muchos libros de Ridley Scott? ¿Para sentirme yo más listo que ellos? No será por ese camino.

Hace tiempo que dije, que el cine es bueno para aprender a ser mejores personas, para aprender de las experiencias de los demás, o incluso para sentir... y eso es para cada uno, y en todo caso, para compartirlo con otra persona en torno a un café y mirándole a los ojos. Pero el cine nunca podrá ser un sustitutivo de la vida, ni un arma de destrucción masiva para considerarme por encima de la masa, con esas frases que tanto oye uno como... "yo no veo cine comercial del que ve la gente"...o "eso es para la plebe". ¿Por qué nadie habla del racismo cultural? Un racismo fundamentalmente sostenido por los críticos, esa palabra que ya en sí es horrible, "CRITICO".

Un chaval de veinte años que haya rodado un corto aunque sea torpe y poco original, siempre tendrá más valor que mis sublimes palabras sobre una obra maestra cualquiera. Creemos, no hablemos de lo que crean otros, y menos juzgando su esfuerzo como si Dios mismo, nos hubiera otorgado el don del discernimiento en el nombre del arte y de la cultura. Dejemos al lado la frustración por no poder crear, y lanzémonos a crear, sin pretensiones, por que está en nuestra naturaleza, por sentirnos bien con algo hecho por nosotros, sin que sea necesario ganar un Goya para sentirse satisfechos.

Nuestra otrora profesión ya a nadie le interesa, solo a los que como nosotros permanecen asidos a esta pseudorealidad que no se sostiene y que es reflejo en sombras de una verdad que sigue ahí fuera. A los vampiros que saben que en cine de "auteur" hay tambien un mercado que explotar, una clase media a la que vampirizar y adormecer.

Queremos sentirnos superiores y distintos a los demás, y la cultura ha sido una gran aliada para ello. "Nosotros la clase intelectual...", que gran engaño y que ilusos hemos sido, y yo, contándoles desde esta tribuna cual párroco enardecido todas mis ideas como si de una verdad universal se tratara, igual, yo, que ni siquiera sé quien soy.

Ni una línea más. Esta vez no, créanme...

Hasta siempre.

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Jose L. Hurtado, cofundador de Miradas de Cine, es profesor de AA.Plásticas del IES Luis G. Berlanga (Alacant) y responsable del programa "Educar a través del cine"