El "gore" inteligente

En 1982, Sam Raimi demostró que el género de terror era mucho menos serio de lo que se creía. Con Posesión Infernal, el cineasta dio la vuelta a los tópicos y arquetipos, presentándonos un grupo de personajes de escasa (por no decir nula) entidad psicológica, envueltos en una trama descabellada y cuya única intencionalidad era el desfile de un conjunto de imágenes de impacto, lindantes al humor más visceral. La influencia de esta obra maestra se ha hecho más que evidente a lo largo de todo el cine fantástico posterior y, sobretodo en estos últimos años, la presencia de varios jóvenes obsesionados por el sexo y candidatos a ser asesinados de las formas más extremas, sangrientas y originales posible se ha convertido en moneda corriente en el flanco más comercial del género.

La casa de cera resulta, aparentemente, una revisitación a este tipo de cine. De hecho, los planteamientos iniciales del film responden a ello ya que, a lo largo de la primera media hora, la presentación de los adolescentes ocupa el núcleo argumental del film, incidiendo en sus relaciones, sus deseos, sus temores bajo un manto de obligada frivolidad. Sin embargo, hay algo en esta presentación inicial que hace de La casa de cera un producto insólito y, por momentos, muy inteligente: un distanciamiento con respecto a los personajes que incide en un tratamiento dramático muy efectivo, pero que a su vez niega la identificación directa con el espectador. Y ello queda trazado desde su mismo comienzo con el espléndido, inquietante prólogo que, gracias a la sabia utilización de la cámara subjetiva y los planos de detalle, hace que el resto del film contenga un halo de extraño fatalismo que incide directamente en sus protagonistas.

Por tanto, el valor de La casa de cera se basa en reconvertir el cúmulo de tópicos que el género ha ido manejando desde 1982, en un armatoste de apariencias en el que el espectador contempla las huecas, vacías existencias de unos adolescentes en el fondo muertos en vida, únicamente destinados a ser materia prima del arte (las figuras de cera) aprovechando, estrictamente, su físico, es decir la proyección externa de toda su superficialidad interna. Asimismo, otra de las claves importantes se basa en destruir todas las raíces lúdicas a las que el género se ha ido encaminando a lo largo de estos últimos años, sobretodo a través de la influencia de Scream (1996) y sus secuelas e imitaciones, buscando con mayor avidez el impacto de las imágenes, que la risa fácil provocada por la inverosimilitud de las situaciones.

Es por esto que el film de Collet Serra bien puede ser considerado uno de los visualmente más atractivos que se han podido ver a lo largo del año. Ya sea el acertado diseño del pueblo, el lúcido uso del maquillaje que no cae en el fácil exceso o, sobretodo, la imponente secuencia final con el derrumbe de la casa de cera que parece una proyección postmoderna de la casa Usher de Edgar Allan Poe. Todo ello hace de este film una excelente muestra de "gore" estilizado e inteligente que, si bien puede tener algún que otro pequeño defecto en el desarrollo de la historia (sobretodo en su primer tercio) o en el discutible final sorpresa (discutible por innecesario), ello se debe más a problemas de guión que a la contundente dirección del debutante Collet Serra. Cineasta que, habida cuenta del sólido resultado de este film, puede llegar a ofrecer obras mucho más que interesantes.

Por Joaquín Vallet R.
cartel
Australia, EEUU. 2005. TO: House of wax. Dirección: Jaume Collet-Serra. Producción: L. Levin, Susan Levin, Joel Silver, Robert Zemeckis. Guión: Chad Hayes, Carey W. Hayes. Música: John Ottman. Fotografía: Stephen F. Windon. Montaje: Joel Negron. Dirección Artística: Graham ´Grace` Walker, Beverley Dunn. Vestuario: Graham Purcell. Duración: 113 minutos. Intérpretes: Elish Cuthbert (Carly Jones), Chad Michael Murray (Nick Jones), Brian Van Holt (Bo / Vincent), Paris Hilton (Paige Edwards), Jared Padalecki (Wade), Jon Abrahams (Dalton Chapman)