A manera de prólogo

No se me asusten. Sí, a partir de este mes la sección del cuadrado canijo encima del tema de portada viene firmada por otro. José Luis Hurtado retorna a la celda de aislamiento en el ala oeste de su frenopático preferido y yo salgo en libertad condicional: es el ciclo de la vida. Uno y otro nos iremos turnando en la insípida labor de hablar de nosotros mismos con la excusa esta del cine, de hacer de gacetilleros en un planeta de "críticos". Somos unos exhibicionistas natos, ¡qué le vamos a hacer!

¿Que qué les espera conmigo? Pues el clásico discurso del enteradillo encantado de haberse conocido: soledad, insatisfacción crónica, enumeración de filias y fobias, desamores y cintas de video. Un asco, vamos.

Lo malo de los diarios on line es que tienden a una espectacularización gratuita del día a día. Me explico: por mucho que Joyce nos demostrase en el Ulises que 24 horas podían convertirse en la aventura más épica que hombre alguno podía encarar, yo les seré sincero de partida. Me levanto desganado y apático (¿vivo instalado en un continuo Día de la Marmota?), padezco una jornada laboral alienante (el que dijo que "el trabajo dignificaba al hombre" era de la Patronal o un liberado de CCOO) y recalo en casa cuando el sol comienza su descenso. Un rostro más entre la abigarrada multitud que puebla las aceras, sin excesivas veleidades intelectuales, aunque ridículamente orgulloso de su individualidad. Un imbécil con pedigrí, para simplificar.

Pero estoy dispuesto a aprovechar mis 15 minutos de gloria. En este rincón me dedicaré a resumir mi mes cinematográfico. Descubrimientos, estrenos, excursiones proustianas a la filmoteca, gentes, gentecillas... sabrán exactamente lo que hago con mi ocio (aunque no se hagan ilusiones: me guardaré muy mucho de que lleguen a conocerme lo más mínimo: ¿seré yo o un simple alter ego?).

El objetivo está claro: fabricarme un halo de perdedor con estilo, conseguir una legión de seguidoras que sepan los lugares que frecuento, que me aborden en plena calle, que me permitan estampar mi rúbrica en su ombligo, que me inviten a subir a casa a ver una copia descatalogada de Stroheim, que se desnuden a contraluz y en plano medio mientras yo...

En esta primera entrega, ración triple: ¡de mayo a julio!

* * * * *

Crítica, pontificado y mala conciencia.- Aforismo alrededor del BAFF 2005. ¿Por qué la mayoría de los que se dedican "profesionalmente" a esto de la crítica tienen tan disminuida la imprescindible capacidad de disfrutar con el cine? (Que no es sinónimo de aplaudir todo lo que se ve, ¡ojo!) ¿Es normal que, para ellos, más de la mitad de las películas que ven durante los festivales pasen directamente a la categoría de horrores cinematográficos? ¿Y qué hay de esa enfermiza necesidad de reivindicar lo extraño, lo poco visto, a veces hasta lo infumable?

Pero repartamos las culpas: también es doloroso ver como se "engaña" al público... ¿por qué aplauden unánimemente algunos bodrios manifiestos? ¿Por qué es tan fácil determinar qué filme se llevará el premio del público? ¿Y quién coño soy yo para pontificar al respecto? ¿Público o crítico? ¿Es necesario elegir un bando?

Sobre el primer congreso de cine ¿europeo? celebrado en Barcelona.- Hace gracia ver a todos esos popes reunidos hablando de identidad y orgullo cañí a la europea. No hace tanta gracia comprobar la coherencia de algunos, que no mueven su eminente culo por menos de... bueno, mejor no desvelar a cuanto cotiza el kilo de autor "europeo". Aquí también disertamos sobre cine, tiempo, espacio y eternidad... aunque nuestro caché sea más bajo, para qué engañarnos... ¿pura envidia?

¿Algo nuevo? Pues no. Mucho llanto, incomprensión (de los demás hacia ellos, ¡claro!) y ausencia total de autocrítica. Abundan en el conocido error de confundir autoría con elitismo e intelectualidad con... ¿tardar 3 minutos en contestar una pregunta sencilla?

Finales de mayo, principios de junio.- Leo una entrevista al eminente Alexander Sokurov, publicada en El cultural de El mundo. En ella reconoce que sus directores europeos predilectos son los también excesivos Greenaway y von Trier (todo cuadra). También dice unas cuantas majaderías de esta envergadura: «todas las grandes películas estarán en manos de aquellos cineastas que pongan a la literatura por encima del cine», «los norteamericanos (en relación a su cine) no tienen nada en el trasfondo. Nosotros, en Europa, condensamos el mundo entero» o «el cine como arte aún no ha nacido». Menudo fenómeno...

Para remate de feria, me acerco a la Filmoteca a ver Taurus (2001), su particular visión de los últimos días de Lenin. Concluida la dolorosa experiencia, decido inscribirlo en mi nómina de "muy odiados", junto a Oliveira, Godard o Van Sant. Directores, en suma, que le han dado un nuevo sentido a la palabra tedio...

A vueltas con el 'nouvelle cinema': ¿lo narrativo está out, viva el 'dadá'?.- La 13ª Mostra Internacional de Films de Dones nos permite ver L'intrus (2004) de Claire Denis. Otra piedra de toque de ese cine aplastantemente lento que el sector más hardcore de la crítica francesa (y seguidistas varios) trata de imponernos.

Comulgar con ruedas de molino no es lo mío: lo peor que se ha podido decir siempre de un filme es que es aburrido. Y L'intrus... lo es. Quizás también sea otras muchas cosas y atesore otros muchos valores. Quizás.

Vengo de Sundance y soy tope innovador.- Me acerco con curiosidad a husmear en ese cubo de Rubick titulado Primer (2004), complicadísima película que hará las delicias de superdotados becados por el MIT. 80 minutos jugando al despiste con el personal, en un filme que apuesto no comprendería ni tras media docena de atentos visionados, libreta en mano. ¿Es imprescindible este oscurantismo narrativo para fabricar una película de culto?

Con todo, las continuas comparaciones con Aronowski y su Pi me parecen... odiosas.

Me enamoré de Judie Dench. ¿Gerontofilia o perversión?- Cuentan los que de esto saben que Judie deslumbró al mundo de las tablas hace casi medio siglo, interpretando una Ofelia inconmensurable. Ha llovido mucho desde entonces y sin embargo, viendo la (ultra) bienintencionada La última primavera (2004), descubro unos ojillos todavía adolescentes en esta gran dama del cine. ¡Qué grande que es!

Dicho queda.

¿Puesta en escena y/o guión?- Enconado debate en la redacción a propósito de Batman Begins . ¿Qué hace realmente particular, distinto, único al cinematógrafo? ¿Es su fundamento / condimento literario tan importante como algunos presumen? ¿Acaso no se puede suscitar la emoción a través del montaje, antes que con la línea de diálogo más excelsa que imaginarse pueda?

No encontramos respuestas. A unos nos apasionan las réplicas bogartianas, otros alucinan con una cámara que, a manera de pluma, dibuja un arabesco magnífico que nos hace igualmente sentir... algo.

Sutherland, el mil hombres.- Si, Antena 3 contraprograma con su mejor serie: 24 (política de empresa, le llaman). La cuarta temporada de las desventuras familiares de Jack Bauer (para variar, vuelven a secuestrarle a la chica unos moros muy malos) promete emociones fuertes, terrorismo islámico y de Estado, armas de destrucción masiva y justificación maquiavélica de los fines. Una notable realización que logra electrizar por instantes (sobretodo, en los últimos 10 minutos de cada capítulo) al servicio de un panfleto paranoide ideal para sembrar todavía más intranquilidad entre el público americano. Frankenheimer hubiese aplaudido este híbrido entre El mensajero del miedo y sus 7 días de mayo. ¡Que lo disfruten!

Spielberg, a medio camino entre Wonderland y Halloween .- Ya están aquí. Desembarcaron un miércoles, indicativo día en el que las películas "globales" toman al asalto nuestras pantallas. La guerra de los mundos, del excelente director (sí, dije excelente) Steven Spielberg.

No pienso contarles nada nuevo respecto a lo que ya habrán leído por ahí. Personalmente, no me acostumbran a gustar las reinterpretaciones en clave actual de los clásicos (más que en clave actual, cabría decir "coyuntural"). La amenaza terrorista sublimada, convertida en un némesis interplanetario repleto de imágenes que nos remiten a la hecatombe de las Torres Gemelas: cenizas, ciudadanos traumatizados, desplomes, búsqueda de familiares desaparecidos, impotencia del ejército...

Obviando estos aspectos (y un final casi risible por lo edulcorado, y no me refiero a los virus terrícolas presentes también en la novela de H. G. Wells), Steven demuestra que se pueden hacer superproducciones que no insultan directamente la inteligencia del espectador; incluso capaces de transmitirle cierta angustia existencial en algunos tramos.

Pero en su indefinición frente al holocausto armaghedónico, me recuerda a ese Haneke insatisfactorio de La hora del lobo. Y es que el fin de los días todavía necesita de su película definitiva... ¿el director ideal? Ummm, ya están muertos: ¿qué hubiesen opinado de un mano a mano Peckinpah-Tarkovski?

Letras de cine.- ¿Que qué es Letras de cine ? Pues una revista de cine de periodicidad incierta, nacida de un núcleo duro de cinéfilos vallisoletanos. El otro día hicieron la presentación de su ya veterano proyecto en Barcelona, en la sala de actos del MACBA. Y allí acudimos.

Este último número se lo dedican al incomprensiblemente idolatrado Apichatpong Weerasethakul (¿lo habré escrito bien?), un director del que hasta la fecha sólo había sufrido Tropical Malady . Me descubrieron una curiosísima pieza suya: Mysterious Object at Noon , una película auténticamente interactiva en la que el director va tejiendo el argumento a partir de las fugas mentales propuestas por las personas con las que traba un contacto más o menos casual... francamente estimulante.

Como en todo sarao a la barcelonesa, el evento terminó con chill out y pseudo-canapés. Esta vez un poco más sofisticados, pues el yantar traía la denominación de origen tailandesa, en deferencia hacia el director homenajeado. Caras conocidas (nuestro ubicuo Manu Yañez, jóvenes colegas de otra revista digital siempre cargados de proyectos –¿para cuándo el estudio Murnau, eh?-), chicas con gafas de pasta, sabor a bohemia en prácticas, pareos, tres sonrisas, dos cervezas y una rubia que tenía vista de no se dónde...

Pues nada, que se repita, aunque sólo sea por la oportunidad que brindan de ver filmes raros en nuestra cartelera. Ah, un consejo: ¡aumentad el tamaño de letra, por favor! ¿Y qué ha sido de aquella Letras de Cine cargada de material, digno resumen de un año de cine? Echamos de menos Valladolid y nos sobra el estilo-BCN...

Monte Hellman, el oscuro.- Vuelve a dejarme de una pieza con su Carretera asfaltada en dos direcciones. De este hombre sólo había visto hasta la fecha The shooting, un western psico-existencialista con un inconfundible Warren Oates "desdoblado". Aquí nos vuelve a sumir en el desconcierto, contándonos el enfrentamiento entre dos concepciones del mundo (quizás de una forma no muy sutil: dos coches fabricados en décadas diferentes, pertenecientes a dos generaciones distintas, ¿antagónicas?).

Adiós a Mrs. Robinson.- Ays, en el fondo soy un sentimental... revisito El graduado de Mike Nichols por pura mitomanía, con delectación de necrófilo ante el reciente fallecimiento de Anne Bancroft, un cadáver que se me antoja exquisito.

Y es que la señora Robinson se conserva igual de magnífica que siempre. La interpretación de Hoffman –estereotípica de los excesos que vendrían después- no convence tanto, aunque la música de Simon & Garfunkel salva más de una escena comprometedora.

Siempre me pregunté que veía el indeciso y pijo recién graduado en la hija, la algo insulsa Catherine Ross (y sin embargo... ¡qué deseable estaba en Dos hombres y un destino !). Para mí sigue sin haber color: la cuarentona le da unas cuantas vueltas a la mojigata de su niña...

Mabuse lives!.- Si, me refiero al más malvado (y profético) de los iconos germanos. Cuatro horas y media dura la versión editada por Divisa, un regalo para los sentidos escindido en dos partes: El gran jugador y El infierno. Se agotan los adjetivos al hablar de una maravilla así, con el genuino sabor de los seriales franceses (ese Fantomas , ese Les Vampires de Feuillade), sumado a ese toque moralmente ambiguo a lo Thea von Harbou... y es que de una manera u otra, el mal siempre ha sido el verdadero protagonista de las mejores historias.

Los 20 centímetros del cine español.- Coincido en los Renoir Floridablanca, un sábado noche encapotado del mes de julio, con la mismísima Rossy de Palma, más pelada que el ‘Neng' de Buenafuente, dispuesta a verse a sí misma en esta –por momentos- bochornosa película patria, titulada 20 cm. en honor a los atributos de su prota femenina (Mónica Cervera).

No soy especialmente sensible a estas cosas, pero es alucinante el nivel de vulgaridad en el que se mueve este filme. Supongo que habrá quien también aplauda a rabiar esta odisea rabil, mezcla de Bailar en la oscuridad con la fauna almodovariana. Yo no sé si me estaré volviendo de derechas o qué, pero ver a la Nawja Nimri "salpicada" por esperma ajeno, a la protagonista practicando griegos y mamadas sin solución de continuidad o utilizar / explotar a transexuales entrados en años como freaks de zoológico... vamos, que no.

Con todo –y por los comentarios que le escuché al terminar la proyección- el que Rossy participe en películas con mal gusto no significa ni mucho menos que ella carezca de él. Y es que al cine español le sobran tantas cosas... empezando por estos 20 cm. de más.

Recortes de prensa.- Comienzan los cursos de El Escorial, maravilloso foro donde el personal puede soltar paridas más o menos elaboradas a 2.000 € la hora. En esta ocasión, reunieron a los pesos pesados de la crítica (la vendida, quiero decir) para "diseccionar el panorama del séptimo arte" . ¡Casi ná!

Entre todas las cosas dichas, llama mi atención una confesión terrible. «Todos los críticos coincidieron en que en algún momento de su carrera habían recibido presiones para dejar en buen lugar una película por el mero hecho de que la productora metía publicidad en el medio para el que se escribía». Dirán que me escandalizo con facilidad o que he visto poco mundo, pero a mí esta afirmación me acojona. Y no sé qué me causa más desasosiego, si que les haya ocurrido de verdad o que lo confiesen con tanta naturalidad...

En el posterior debate con los alumnos, uno de ellos hizo un excelente resumen de lo escuchado: «Entonces, si no he entendido mal, sólo puedes escribir de cine si tienes amiguetes y muestras una actitud sumisa». Touché!

De dos en dos.- Un fin de semana con el ventilador a escasos centímetros del jeto y los pies en remojo en el orinal del abuelo. Aprovecho las madrugadas (único momento en que se puede respirar) para zamparme El hombre del carrito (1958. Hiroshi Inagaki) y El desierto rojo (1964. Michelangelo Antonioni).

Con la primera me estreno con Inagaki, del cuál llevan lustros recomendándome su saga Samurai Toshiro Mifune —con su clásico papel "físico"— comparte desgracias con Hideko Takamine, musa de Naruse en 17 films a medias. Un clásico de la Toho que me sabe a Douglas Sirk y todavía no se muy bien por qué...

Antonioni —vaya por delante— no es un tipo que me emocione especialmente (a excepción de esa notte que les hizo pasar a Mastroianni y la Moreau). En El desierto rojo, nos volvemos a encontrar con más de lo mismo: personajes angustiados y burgueses aburridos (que quizás vengan a ser lo mismo).

Leído por ahí.- «Rogelio Blanco, director general del Libro, denuncia que el sector al que representa recibe siete millones en ayudas y el del cine... 200». ¡200 millones de euros en "ayudas" al cine español! ¡Jodeeeer! ¿Alguien ha contrastando este dato? ¿Dónde lo meten, quién se lo lleva? Desde luego la relación calidad / precio...

Permítanme la crueldad de terminar así este primer vistazo a mi trimestre cinematográfico. El próximo mes más... y más breve, no se apuren. El gusto es mío.

 

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Jorge-Mauro de Pedro es redactor jefe de Miradas de Cine, escritor en potencia, amante de la pintura e ingeniero por obligación.