La prodigalidad de Steven Spielberg en los últimos años ha brindado a su inseparable amigo y compositor John Williams la oportunidad de visitar uno de los géneros que mejor conoce: la ciencia-ficción. Así, las recientes Inteligencia Artificial, Minority Report y esta Guerra de los mundos se unen a E.T., Encuentros en la tercera fase, SOS: Equipo Azul y la saga Star Wars en un apasionante recorrido sonoro por todas las facetas del género, desde la espectacularidad y el tono épico de las historias de George Lucas al intimismo de E.T o Inteligencia Artificial, pasando por el aire dramático y por momentos terrorífico de Minority Report, Encuentros en la tercera fase y, sobre todo, esta nueva adaptación de la famosa novela de H.G. Wells; porque La guerra de los mundos es, ante todo, una obra de terror.

Primero la novela y ahora la cinta de Spielberg y su banda sonora son complejos estudios de la paranoia colectiva, el instinto de supervivencia y el miedo a lo desconocido. Un mural de sensaciones desazonador, y desde luego nada alentador con el espíritu de la raza humana en tiempos difíciles, que en el plano musical ha dado como resultado una de las composiciones más complejas desde el punto de vista estructural y orquestal del músico neoyorquino, que este año lleva una agenda de vértigo (tras La venganza de los Sith y La guerra de los mundos llegarán Memorias de una geisha y el nuevo proyecto de Spielberg sobre las Olimpiadas de Munich 72). Junto a las referencias citadas, ese cariz terrorífico emparanta la partitura de La guerra de los mundos con otro de los hitos de Williams, Tiburón, que junto a Psicosis siguen siendo las obras más imitadas del género.

Desde el tema inicial (Prologue, que incluye la narración de Morgan Freeman), la composición esquiva en todo momento los paisajes melódicos y, por el contrario, deviene en una sucesión de temas inarmónicos que plasman con gran eficacia el ambiente de continua amenaza y caos que planea en el film, así como la desorientación emocional de los personajes. Para recrear la sensación de amenaza, Williams opta por el crescendo, a base de cuerda y viento sobre una fuerte base de percusión, en temas como Reaching the country, The intersection scene o Probing the basement. Los tres transmiten una poderosa sensación de tensión y agobio que raya con el pánico absoluto, efecto que el maestro vuelve a lograr en las geniales The confrontation with Ogilvy y Escape from the basket. Con un estilo atonal muy similar al de Encuentros en la tercera fase, y de nuevo sin recurrir a melodías reconocibles, Williams ilustra dos de las secuencias cumbre del film con sendas piezas que, nota a nota, mellan el inconsciente hasta dejarlo atado a la máxima expresión del pavor.

A éste le sigue el caos, traducido por Spielberg en la respuesta salvaje de los seres humanos hacia sus semejantes durante la invasión, y por Williams en temas de acción "marca de la casa", esto es, sostenidos por explosivos motivos de cuerda y viento, como The ferry scene, The attack on the car y Escape from the city. Quizá sea ésta la parte más convencional de la partitura, con más de un eco a otras piezas de acción recientes como las incluidas en Minority Report, El ataque de los clones o La venganza de los Sith. Por último, ya desarmados por la extenuante huida, los personajes se enfrentan a sus emociones más íntimas, especialmente la falta de entendimiento entre Cruise y sus hijos y la soledad de aquél, atrapado entre un trabajo alienante y su nulidad como padre y marido. Williams acompaña estos momentos con una serie de espléndidos temas en forma de adagio (Ray and Rachel, Refugee status, Epilogue) y breves piezas para piano como The separation of the family y The reunion que recuerdan el estilo de Inteligencia Artificial. Aunque antagónicos por el contenido de las secuencias que asisten, ambos temas tienen en común el piano como vehículo emocional: en el primero rompiendo lazos, y en el segundo actuando como nexo de unión. Una muestra más del enorme dominio instrumental (y sus escalas) del músico norteamericano.

The reunion, además, retoma el tema inicial y la narración de Morgan Freeman, pero lejos de cerrar el círculo dramático de la historia (los invasores han sucumbido y todo volverá a ser igual), este recurso es un falso final que nos conduce el mencionado Epilogue, éste sí un final desazonador y nada conciliador con el alma humana. Una conclusión más habitual de lo que parece en la filmografía de Spielberg que incomprensiblemente no cazan (o no quieren) los filósofos del séptimo arte.

Por Raúl Álvarez
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Música de John Willimas.. Edita: Decca Records (EE.UU., 2005). Duración: 1:01:01. Director: Steven Spielberg.

1. Prologue (2:52) • 2. The Ferry Scene (5:49) • 3. Reaching the Country (3:24) • 4. The Intersection Scene (4:13) • 5. Ray and Rachel (2:41) • 6. Escape from the City (3:49) • 7. Probing the Basement (4:12) • 8. Refugee Status (3:50) • 9. The Attack on the Car (2:44) • 10. The Separation of the Family (2:36) • 11. The Confrontation with Ogilvy (4:34) • 12. The Return to Boston (4:29) • 13. Escape from the Basket (9:21) • 14. The Reunion (3:16) • 15. Epilogue (3:11) •