La comedia revisitada
José Luis Garci es uno de los pocos cineastas españoles cuyas películas despiertan verdadera expectación. Independientemente del maltrato al que, incomprensiblemente, es sometido por diversas publicaciones y por personas concretas, cada uno de sus estrenos se convierte sobretodo para quienes defendemos con uñas y dientes su cine (y también, ¿por qué no?, para sus detractores) en un evento sencillamente ineludible. El motivo es bien sencillo: Garci es un cineasta especialmente dotado. Es, sin ningún género de dudas, el único director capaz de dar continuidad a la estela del clasicismo que muchos hemos dado por perdida. En todas sus obras (y Ninette no es una excepción) dicho seguimiento se hace más que patente pero no de manera superficial. El talento de Garci consiste en personalizar sus referentes, en acercar a su propio mundo un universo directamente vinculado a dioses del celuloide como John Ford o Howard Hawks, construyendo un estilo propio que sabe alejarse, sabiamente, de modas o tendencias. En la actualidad, la única manera de hacer un cine nuevo y diferetente es acercarse al clasicismo, a una dirección limpia y contenida y a una narración serena que sepa adentrarse en los personajes. Y esto es, precisamente, lo que hace Garci.
Además de ofrecer un sentido homenaje a la figura de su admirado Miguel Mihura, Ninette, en el fondo, trasciende su herencia literaria para convertirse en una comedia paradigmática que va más allá de lo planteado por el escritor madrileño. La película tiene un marcado acento teatral, apenas sin exteriores (los pocos que hay son decorados) y construída sobre la evolución de los personajes. Ahora bien dicha teatralidad queda tratada por Garci de manera prodigiosa, jugando con el espacio escénico con una libertad absoluta, aprovechando cada resquicio de la excelente decoración de Gil Parrondo e integrando a los personajes en una planificación amplia y sobria que potencia los planos de conjunto en las secuencias más jocosas (la noticia del embarazo de Ninette) y los planos cortos en los momentos íntimos (los diálogos entre Ninette y Andrés). No es, por consiguiente, un film cerrado en una estructura dramática preconcebida por Mihura, sino una obra abierta que sabe aprovecharse de su marco teatral para potenciar todos los elementos cinematográficos que tiene a su alcance.
Amén de ello, la elección de un conjunto de actores sencillamente excepcional, no hace más que ratificar el acierto de Garci. Comenzando por un Carlos Hipólito espléndido, que sabe otorgar al personaje una extraña mezcla de inocencia e indecisión; siguiendo con un descomunal Enrique Villén, quien demuestra una vez más ser uno de los mejores actores de reparto que existe en este país; y concluyendo con una brillante Elsa Pataky, a la que el cineasta sabe mostrar en todo su esplendor ya desde el mismo comienzo del film (el plano de las piernas subiendo las escaleras) y que ratifica unas dotes interpretativas ya apuntadas (y de qué manera) en Romasanta. Todo ello sin dejar de lado las perfectas composiciones de actores de la talla de Beatriz Carvajal y Fernando Delgado, magníficos ambos como matrimonio republicano.
Es, precisamente, el trabajo de los actores (sin duda, uno de los puntos fuertes de Garci) el que le otorga al film un ritmo especial, un ritmo que no está basado en los cortes de montaje ni en los movimientos ornamentales de la cámara. La fuerza de Ninette radica, al igual que las grandes comedias (de Lubitsch a Wilder, pasando por Hawks o Mitchell Leisen —todos, de hecho, pueden tener su reflejo en este film), en un texto espléndido y un grupo de buenos actores con la suficiente versatilidad para asimilarlo, conducidos por un cineasta sabedor de que, ante estos dos elementos, la planificación debe ser lo más cómoda y serena posible.
Ninette ha entrado en el desolador panorama que nos está dejando el cine español en el presente año como el propio personaje en la vida de Andrés: representando un maravilloso soplo de aire fresco y haciendo ver que aún hay cineastas que se preocupan por hacer buen cine y, sobretodo, que la comedia no es esa aglomeración compulsiva de elementos escatológicos, sino un género tan complejo como apasionante. Por mucho que existan sectores críticos empeñados en tildarlo de "rancio" u "obsoleto", las películas de José Luis Garci (y Ninette puede ser un ejemplo perfecto de ello) quedan como el único resquicio de un cine preocupado por las formas y por el fondo, que trata al espectador de inteligente y, sobretodo, que sabe transmitir emociones por la vía de un clasicismo intemporal.
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| España. 2005. TO: Ninette. Dirección: José Luis Garci. Producción: Juan Carmona, Salvador Gómez Cuenca. Guión: José Luis Garci, Horacio Valcárcel, sobre las obras de Miguel Mihura. Música: Pablo Cervantes. Fotografía: Raúl Pérez Cubero. Montaje: Miguel González Sinde. Dirección Artística: Gil Parrondo, Julián Mateos. Vestuario: Lourdes de Orduña. Duración: 101 minutos. Intérpretes: Elsa Pataky (Ninette), Carlos Hipólito (Andrés), Enrique Villén (Armando), Beatriz Carvajal (Bernarda), Fernando Delgado, Mar Regueras, Miguel Rellán. |
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