El miedo a lo desconocido

No acostumbran a ser muy bien recibidas por la crítica las nuevas películas de Ridley Scott. Cabría añadir que, seguramente, con toda la razón. Sin embargo, hubo un tiempo en el que el prestigio del director (artístico, comercial y crítico) de El reino de los cielos era poco menos que incuestionable. Probablemente, las causas de este fenómeno han de situarse en las altas expectativas que se generaron después de sus extraordinarios tres primeros films —Los duelistas (The duellist, 1977), Alien y Blade runner (íd., 1982)—, y que, poco a poco, fueron diezmándose y descomponiéndose en el devenir de los títulos posteriores —Legend (íd., 1985) y La sombra del testigo (Someone to watch over me, 1987) , por poner los dos ejemplos más próximos al estreno de su última gran obra—.

Muy acertadamente, Tony Partearroyo titulaba como Ridley Scott, ¿ilustrador o creador de mundos? un estudio sobre el director publicado en "Dirigido por" en 1988. En el fondo del trabajo quedaba el planteamiento de estar pisando la delgada línea que separa, en ocasiones, al autor del artesano. Al mirar la filmografía de Scott resulta inevitable cuestionarse qué pasó o dónde quedó aquel director que con sólo tres películas consiguió una Palma de Oro en Cannes y un par de obras maestras indiscutibles e inamovibles. Con la perspectiva que nos otorga el conocer el resto de su obra, no es arriesgado señalar que el problema estriba en considerar este grupo de películas como proyectos personales y en el hecho de intentar rastrear en ellas huellas del director —ciertas preocupaciones, temas o visiones del mundo— con las que confirmar la hipótesis de la autoría.

El estilo visual que despliega Ridley Scott en sus películas es incuestionable (no en vano, se trata de un publicista nato). Sin embargo, esto no es suficiente como para considerar a un director como autor. Scott es dueño de un estilo visual preciosista, que en Alien se reforzó gracias a un presupuesto holgado. Lo que en su opera prima era un cúmulo de meditada belleza a partir de grandes exteriores e iluminados paisajes, en Alien se convertía en el terror claustrofóbico y biomecánico de una nave espacial. Existen artesanos con estilo, como Carol Reed o Michael Curtiz; y en el caso de Ridley Scott, está claro que pertenece a esa raza de directores que, aun careciendo de obras personales, han sido capaces de realizar películas con cierta impronta autoral dentro del sistema industrial. Y es que, como sucede con Blade runner , Alien es una obra colectiva que se beneficia del buen trabajo de un equipo creativo excelente. Los diseños de Giger, la participación del dibujante de cómics Moebius, la influencia en el guión de Joseph Conrad, etc. conformaron un material que Ridley Scott supo orquestar magistralmente.

Alien fue el primer trabajo en Hollywood para Ridley Scott. Seguramente Alien no habría existido, si once años antes Stanley Kubrick no hubiese estrenado 2001: una odisea del espacio . Ambas cintas conseguían ofrecer un cine de ciencia-ficción bañado de una temática que —por calificarlo de alguna manera— podríamos definir como más adulta. Alien retoma de su precedente la perfección técnica, que consigue hacer creíble y verosímil todo lo que vemos, y un guión poco dado a los desbarres de cómic más increíbles —el hecho de que el alien sea un ser mutante, capaz de tomar diferentes formas y tamaños podría ser uno de ellos; aunque a la postre se trata de uno de los mejores hallazgos del film por la dosis de suspense que proporciona al film— que, en contrapartida, se convertía en un cauce para la reflexión del ser humano en relación a su futura evolución. De hecho, una de las lecturas finales de Alien, muy evidente además, es una amarga denuncia de un sistema de explotación capitalista que desprecia la vida humana, una acusación directa a una compañía que guiada por sus intereses no vacila en arrastrar a la muerte a la tripulación del "Nostromo".

Alien es una película de ciencia-ficción pero asentada en la base del cine de terror —operación que más tarde efectuaría el propio Scott del mismo modo en Blade runner a través del cine negro—, que hace gala de un suspense continuo que busca el miedo como reacción básica del espectador. De hecho, la trama argumental es mínima y, casi, predecible. Es una combinación entre cuento de horror gótico —donde los personajes están atrapados en un ámbito aislado— y la confrontación entre hombre y tecnología tan propia de cierto cine de ciencia-ficción.

Todo el film está realizado sobre un ritmo in crescendo que envuelve al espectador, haciéndole cómplice de las desventuras de los personajes, de una forma apenas perceptible.

No existen personajes de cartón, fabricados de una sola pieza. Todos los personajes son creíbles. Los conflictos laborales que se establecen en la película (entre subordinados y entre el escalafón directivo) ayuda en este sentido pues consiguen que las vivencias de los protagonistas en el "Nostromo" se asemejen a las nuestras en la realidad más cotidiana. Ya lo hemos dicho, no son personajes de una pieza, arquetipos comunes en la imaginería del cine de ciencia-ficción. Pero además, es que sus miedos son nuestros miedos. El miedo a lo extraño, a lo desconocido. Casi toda la acción del film transcurre en los pasillos de la nave comercial "Nostromo" y viene a describir el encuentro de siete individuos con el terror más absoluto. Un pánico que, si bien se encarna en el alien, parece emerger de dentro de ellos mismos, como una vivencia interior que tan bien expresara Joseph Conrad en sus obras —y a quien el film homenajea con el nombre de la nave comercial—. Para Joseph Conrad, la aventura era ante todo una odisea interior, una trágica proyección del hombre perdido en el misterio de un mundo inescrutable, que lo arrebata en una búsqueda desesperada del ser y lo coloca, generalmente, ante la muerte y la frustración. Los héroes de Conrad viven casi siempre en el mar o en las islas de los archipiélagos asiáticos, pero esos escenarios no suelen ser connotaciones ambientales pintorescas, sino la última línea de un vagabundeo existencial. Todo en la película se dirige a este propósito. La mezcla de miedo metafísico, de angustia del hombre ante las coordenadas infinitas del tiempo y el espacio, se unen al más nauseabundo e instintivo provocado por el alien.

Ya se ha apuntado anteriormente, pero conviene insistir en que uno de los pilares de la película reside en los decorados. Ideados por Moebius, Giber y Cobb, rompen con la concepción aséptica de otras películas para crear un espacio recargado y barroco, poblado de cables y objetos. Un espacio que, en ocasiones, se encuentra a medio camino de la biología y la mecánica, como sucede en la nave del extraterrestre. Los protagonistas se mueven a través de una nave muy funcional en su cabina de mando pero la nave va pareciéndose cada vez más a un garaje abandonado a mediad que uno se acerca a la zona de mantenimiento y la sala de máquinas. Será precisamente a través de los conductos del aire donde se esconda y se mueva el alien.

Un aspecto magnífico de Alien es el uso que Scott hace de la banda sonora. Ésta, con una cantidad y calidad de canales excepcional, utiliza diferentes tipos de música y, sobretodo, sonidos que tienen sentido por ellos mismos y que participan y hacen participar en la acción.

Esta claro que toda gran obra, y Alien lo es, trasciende su significado más allá de los ideado por su creador —quizás en el caso que nos ocupa sea mejor hablar de "creadores"—. Una línea de análisis que ha cogido fuerza en los últimos tiempos es la de ver Alien como un mito de la iniciación femenina. En este sentido, la saga, mostraría la función procreadora femenina como un fenómeno parasitario mortal que amenaza a la humanidad, mientras que la protagonista, la teniente Ripley, es una heroína redentora que vive una aventura comparable a un mito iniciático. La lucha entre el alien y Ripley simbolizaría el combate entre la mujer y su función reproductora, exteriorizada y convertida en monstruo, y funciona como una alegoría de la iniciación femenina. Esta es al menos la teoría que sostiene la prestigiosa antropóloga y psiquiatra francesa Marika Moisseeff. Vean y juzguen.

Por J.A. Souto Pacheco
cartel

Reino Unido, 1979. Director: Ridley Scott. Productores: Gordon Carroll, David Giler, Walter Hill. Guión: Dan O'Bannon. Música: Jerry Goldsmith. Música no original: Howard Hanson, Wolfgang Amadeus Mozart. Fotografía: Derek Vanlint, en color. Montaje: Ferry Rawlings, Peter Weatherley. Diseño de producción: Michael Seymour. Dirección artística: Roger Christian. Duración: 117 minutos. Intérpretes: Tom Skerritt (Dallas), Sigourney Weaver (Ripley), Veonica Cartwright (Lambert), Harry Dean Stanton (Brett), John Hurt (Kane), Ian Holm (Ash), Yaphet Kotto (Parker).