Podríamos ceñirnos al tópico y referirnos a Fat City como la enésima revisión de John Huston del tópico del perdedor. Y no nos equivocaríamos demasiado. No obstante, para hacer justicia a una cinta tan interesante y a su autor merece la pena valorar una serie de puntos que enriquecen considerablemente nuestra visión de la película.

En primer lugar, hay que considerar que Fat City se realiza en 1972. Tras el declive de los 60, la industria cinematográfica americana sufre un periodo de tremendos cambios que pasan por la fusión de las productoras y distribuidoras de Hollywood con lobbies japoneses (1) y la aparición de pequeñas productoras con directores asociados a las mismas. Después de la generación de la televisión (Lumet, Frankenheimer; en cierto modo, Brooks y Penn) en esta surgen un puñado de francotiradores que tratan de contemplar la sociedad americana desde la puerta de atrás y la describen sin complacencia y con cierto aire "europeo". John Huston, narrador nacido en el clasicismo, tuvo el valor de apuntarse a esta tendencia y elaboró una obra basada en la descripción de ambientes decadentes, en tiempos muertos, en personajes de mirada perdida y en una narración elíptica. Tuvo a sus 66 años la capacidad de elaborar una cinta que ha pervivido en el tiempo más allá de las modas. Fat City está emparentada, pues, con la sordidez del Scarecrow del olvidado Jerry Schatzberg, con Next stop, Greenwich Village de Paul Mazursky, con Looking for mister Goodbar de Brooks, con Five easy pieces y Stay hungry de Rafelson e, incluso, con Coppola (Rain people), Scorsese (Alicia ya no vive aquí), con la mirada europea de Louis Malle en Atlantic City y con el feísmo de French Connection de William Friedkin o Saturday night fever de Badham.

En segundo lugar, y directamente vinculado con el aspecto antes comentado, debemos valorar la categoría de sus perdedores protagonistas. Ciertamente Huston siguió durante toda su filmografía a "losers" (2). Su mirada, sin embargo, varió según la actitud moral de unos u otros. A unos les abandonó a su suerte, arrastrados por la codicia (Dobbs en El tesoro de Sierra Madre) o la ira (Achab frente a Moby Dick). A otros, les concedió cierta gloria aun en la derrota, como serían los casos, de Howard y Curtin, que se enriquecen aunque les vuele (literalmente) El tesoro de Sierra Madre, de Charlie Allnutt y Rose Sawyer a quien el azar finalmente le convierte en héroes en La reina de Africa , de Dix Handley, héroe trágico por excelencia que fallece en una bella ensoñación huyendo de La jungla de asfalto, y, por supuesto, del mítico Peachy Carnahan, el hombre que pudo reinar en la magistral obra homónima.

Hubo otros, sin embargo, que perdieron toda aura heroica. Y ahí estarían los vaqueros descabalgados encarnados por Monty, Gable y Wallach en Vidas rebeldes , personajes sin aura mítica, perdidos en un mundo en descomposición y orientados por sus egoísmos a los que sólo les llama al orden el grito de dolor de la mujer que desean. También ahí, varios escalones más abajo en cuanto a atractivo como personajes o en cuanto a lucidez, estarían el derrotado Billy Tully y el desorientado Ernie, protagonistas a la deriva de Fat City. Si en 1961, Arthur Miller y el propio Huston otorgaran aun un cierto halo de encanto a los tres "misfits", en 1972 el paro, la incultura, la estupidez y el alcoholismo borran todo atisbo de esperanza para estos boxeadores a tiempo parcial que sobreviven entre la indigencia y la estulticia.

Fat City se inicia con unas imágenes de "hobos" y alcohólicos, en calles abandonadas y zonas sucias de esta falsa ciudad dorada, antes de presentarnos a Billy Tully (Stacy Keach, quizás en su mejor interpretación), alcohólico y ex boxeador que trata de mantenerse a flote con trabajos ocasionales. Un encuentro al azar con el joven Ernie Munger lanzará a éste a una inesperada carrera de boxeador. La historia seguirá de manera intermitente la trayectoria de Tully en sus intentos por conseguir un hogar y por rehacerse un camino en el boxeo, actividad truncada por la bebida. Pese a una ocasional victoria, Billy Tully acaba como al principio, pidiendo compañía y charla a un desorientado Munger en un salón repleto de ancianos. Pese a su inicial "¡Hablemos!", Tully no puede más que lamentar el estado físico del camarero ("¿Te gustaría despertarte pro la mañana y ser él? Antes de dar tumbos por la vida, prefiero irme directo al sumidero", se jacta ante Ernie). Luego, viéndose integrado en la decrépita clientela, se vuelve en silencio y Huston cierra la película con la imagen de ambos, incapaces de compartir nada, lacónicamente sentados contemplando su café.

Fat City, que como toda buena película de boxeo no habla realmente de boxeo (Raging Bull, Million dollar baby —3—) sigue el rastro de estos personajes y de otros perdedores (el inefable entrenador, siempre confiando en ganar pese a la incompetencia de sus pupilos, la patética Oma, que vampiriza en su soledad y alcoholismo a diferentes perdedores con quien compartir cena y cama). Todos, sin embargo, del primero al último, están desprovistos de un ápice de gloria o de heroísmo. En el combate, los sucesivos luchadores deben compartir sus calzones, manchados de sangre, Tully eructa mientras contempla un anillo de bodas, en la recolección los cosechadores ocasionales confiesan su adicción a la bebida, la mujer del entrenador se duerme mientras él le comenta sus preocupaciones, Earl devuelve a Tully sus ropas en la misma caja de cartón dónde Tully guardaba las suyas mientras él estaba en la cárcel.

Los protagonistas de Fat City tratan de recuperar el tiempo perdido. Pero, en su mayor parte, tampoco tienen futuro. Posiblemente, ni Ernie tenga futuro alguno. Los personajes son como espectros de tratan de asirse a la vida pretendiendo unas ilusiones que en realidad no tienen. Hace tiempo que han perdido la energía. Los combates están filmados mayoritariamente en plano general o de modo elíptico. Se evita sensación de tensión, no se transmite fuerza física, los boxeadores están cansados y los arranques de violencia se limitan a patear una caja de cartón llena de ropa vieja.

Huston, en su sabiduría, corona esta galería de "misfits" y despojos humanos en una secuencia que dice mucho a favor de su capacidad de puesta en escena, frecuentemente discutida. Tratando de recuperar su carrera y efímera fama, Billy Tully consigue un "comeback", un retorno, en un combate con Arcadio Lucero, otro ex futura promesa (otro "has been" en el argot del espectáculo americano). Huston presenta a Lucero llegando solo a la ciudad, vestido con traje y corbata. Luego desempaqueta en su habitación y el director evidencia en un inserto del baño la pérdida de sangre de Lucero. Pese a su enfermedad, Arcadio Lucero planta cara a Billy Tully y tarda en ser derrotado. Más tarde, mientras el reducido grupo de amigos celebra en los pasadizos del estadio la (pírrica) victoria de Tully, el entrenador paga en un aparte la victoria de un combate de Edwin. A continuación el grupo sale alborozado por la derecha de cuadro mientras, solitario, por la izquierda, aparece, digno en su traje y corbata, Arcadio Lucero. A su paso, las luces se van apagando y, con su salida, todo queda en silencio. Arcadio Lucero sería el "loser" digno que reivindicaría gran parte de la filmografía clásica de Huston. Billy Tully y sus compañeros serían la expresión de unos nuevos malos tiempos que quedarían indeleblemente plasmados por el buen hacer de un autor que supo adaptarse con inteligencia a un nuevo estilo estético.

(1) Una mutación que va de la absorción por parte de una corporación nipona de la simbólica MGM, con león y todo, a la más absoluta debacle de la United Artists al acabar la década, tras el desastre comercial de las excelentes Stardust Memories de Allen y Heaven's Gate de Cimino.

(2) Temática compartida por directores USA con muy diversas orientaciones como Walsh, Ray y Peckimpah

(3) Película que se basaba, al contrario de Fat City, en la posibilidad de recuperación de la dignidad por parte de sus protagonistas. Aun así, los gimnasios comparten en ambas un aire de decadencia similar, en su entrada e interior.

Por Antoni Peris Grao
cartel

EEUU, 1972. Director: John Huston. Productores: David Dworski, John Huston, Ray Stark. Guión: Leonard Gardner. Música: Kris Kristofferson. Fotografía: Conrad L. Hall, en color. Montaje: Walter Thompson. Diseño de producción: Richard Sylbert. Duración: 100 minutos. Intérpretes: Stacy Keach (Tully), Jeff Bridges (Ernie), Susan Tyrrell (Oma), Candy Clark (Faye), Nicholas Colosanto (Ruben), Art Aragon (Babe), Curtis Cokes (Earl), Sixto rodríguez (Lucero), Billy Walker (Wes).