La ley del 44

En una época en la que no existía el GPS, las bases de datos, los perfiles criminales o cualquier otra trampa argumental a lo CSI, los policías del cine tenían que patear las calles para hacer su trabajo. Y, sin lugar a dudas, el mejor en lo que hacía era Harry Callahan, un expeditivo inspector que, en la piel de Clint Eastwood, protagonizó cinco películas. La primera, Harry el sucio, se ha convertido en un thriller fundacional, en un largometraje copiado y homenajeado hasta el infinito, que terminó de catapultar a Eastwood al estrellato tras una breve pero exitosa carrera que comenzó de la mano de Sergio Leone.

Aunque cambie el poncho por un traje y el revolver por una Mágnum 44, Harry es una coherente progresión de 'El hombre sin nombre', un ser que ha aprendido a sobrevivir tras una coraza protectora. El mundo de Callahan es un lugar difícil —La jungla humana a la que hace referencia otra cinta del tándem Siegel-Eastwood—, donde un error puede llevarte al hospital o a la tumba y la única forma de comunicación es la violencia.

En un escenario así, metáfora de unos años en los que el sueño americano vivía las horas más bajas de su historia, los enemigos de Harry sólo podían ser criaturas tan solitarias y disfuncionales como él. En este caso, el villano de la función es Escorpión, un despiadado sociópata que traerá de cabeza al inspector de Los Ángeles y cuya única motivación es la pura maldad.

Duro y frío como el hielo, pero con un poso de héroe vengador por los cuatro costados, Callahan convierte el caso en una cruzada. No descansará hasta atrapar al asesino porque sabe que nunca dejará de matar si no lo hace. Cuando la policía y los jueces y fiscales dejan libre a Escorpión por un mero tecnicismo legal, no duda en dar la espalda a una justicia en la que cree más bien poco y administrar la suya a sangre y plomo. La de Harry Callahan es una voz crítica, que encontraría mal acomodo en estos tiempos políticamente correctos, y que, a comienzos de los años 70, representaba a un sector de la población norteamericana para el que el águila, las barras y las estrellas habían perdido su antiguo lustre.

El cineasta Don Siegel creó escuela con Harry el sucio, uno de los cinco filmes en los que trabajó junto a Eastwood, quien pronto se revelaría como el más aventajado de sus pupilos. Aunque el genio del director de El jinete pálido o Los puentes de Madison le permitió llegar más allá, es innegable que en su estilo perviven elementos clave tanto de Siegel como de Leone, a quienes dedicaría una de sus mejores cintas, Sin perdón.

Muchos de los que ensalzan ahora a Eastwood como autor tratan de dejar de lado su pasado en el cine de acción, por considerarlo demasiado comercial y hasta 'fascistoide', pero uno va unido al otro. No se puede negar lo evidente.

Por Daniel G. Rojo
cartel

EEUU, 1971. Director: Don Siegel. Productores: Robert Daley, Carl Pingitore, Don Siegel. Guión: Harry Julian Fink, Rita M. Fink, Dean Riesner, John Milius. Música: Lalo Schifrin. Fotografía: Bruce Surtees, en color. Montaje: Carl Pingitore. Dirección artística: Dale Hennesy. Duración: 102 minutos. Intérpretes: Clint Eastwood (inspector 'Dirty' Harry Callahan), Harry Guardino (teniente Al Bressler), Reni Santoni (inspector Chico González), Andrew Robinson (Scorpio Killer), Mae Mercer (Mrs. Russell), Lyn Edgington (Norma).